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31.12.07


Nessun dorma
Permalink por Saravia @ 16:56:21 en Ordinary World (2007-2008) -> Bitácora: Mundos

Apuntes para una metodología urbanística del plan parcial

Fotograma de la película Dead End (Callejón sin salida, de William Wyler, 1937), con Sylvia Sidney en la ventana

Este post va dirigido a los alumnos de 5º, y es un guión de la primera clase práctica del curso 2007-2008. Tiene dos partes. Una se refiere a la metodología de trabajo, en lo que las metodologías (meros "encaminamientos") pueden definir desde fuera de él. La segunda trata del contenido y significado del plan parcial (es decir: del proyecto de nuevas áreas residenciales). Hemos encabezado este boceto con un título inquietante (y más aún en italiano): Nadie duerma. Por supuesto, es una broma, una excusa para traer la canción (el aria) de Puccini y Pavarotti, y la foto de la película de William Wyler, robada de una estupenda página de cine y urbanismo. En la primera el príncipe desconocido nos dice: Nadie duerma; hay que permanecer alerta, y "sólo cuando la luz brille" se sabrá lo que se quiere saber. En el fotograma de Wyler vemos a Drina (Sylvia Sidney) preocupada, mirando al escaso patio de manzana, dando vueltas al problema que no la deja dormir. Tanto en un caso como en otro parece que de lo que se trata es de no dormir demasiado. Que la condición para alcanzar los resultados apetecibles es la falta de sueño. Y desde luego, no es exactamente así. No es así del todo. Pero no obstante, intentaré justificarlo y (más difícil todavía) relacionarlo con la metodología urbanística.

[Mas:]

1ª parte

Comenzaremos definiendo el objeto de trabajo: el plan parcial. Y tomaremos como referencia uno reciente de Valladolid: el Villa del Prado. Como sabemos, hay que distinguir entre el plan general y el plan parcial. Éste último es el que se dedica al diseño pormenorizado de los barrios residenciales e industriales de nueva planta. Se trata de una tarea muy antigua del urbanismo de la que en el libro Planes parciales residenciales. Manual profesional (que se facilitará a los alumnos) se reseñan diversos ejemplos de todas las épocas.

En resumidas cuentas, un plan parcial es un conjunto de planos y textos (de carácter normativo), que sirven para organizar el crecimiento de una nueva área de la ciudad, estableciendo el trazado de las calles, la localización de los parques y los equipamientos, caracterizando la edificación y condicionando los usos del suelo, conforme a las determinaciones que se hayan establecido para esa zona en el plan general de ordenación urbana de toda la ciudad, al que se subordina.

Nos dedicaremos, por tanto, a este espacio intermedio entre el diseño global de la ciudad y el proyecto concreto de un edificio, tan determinante en la definición de la forma de nuestras ciudades. Paradójicamente, no es un espacio excesivamente valorado por los profesionales de la arquitectura. No es infrecuente un cierto desdén hacia un trabajo considerado burocrático, más propio de encaje de cifras que de diseño. Cuando nadie puede dudar, sin embargo, que su incidencia en el desarrollo de nuestras ciudades es clave; y que lo es precisamente como forma de creación. Como proyecto capaz de determinar la calidad urbana de la ciudad que estamos construyendo. Es su dimensión proyectual la que nos atrae de este instrumento urbanístico. Y una de las principales tareas del curso que comienza es precisamente reivindicar esa dimensión.

La "definición legal", junto con las tres variedades posibles de plan parcial en Castilla y León, viene recogida en el artículo 137 del Reglamento de Urbanismo de esta comunidad. Las determinaciones que debe contener están definidas en los artículos 139 a 141 del mismo reglamento. Y en cualquier caso deben ser coherentes, como se ha dicho, con lo especificado en el planeamiento general de la ciudad, al que siempre han de referirse.

2ª parte

Para comprender mejor su naturaleza, se ha comparado el urbanismo con otros oficios. Se ha dicho que es como la navegación o la jardinería, un oficio del lugar, porque depende decisivamente del emplazamiento concreto en que actúa, de la topografía, orientación, ambiente, etc., además de estar también condicionado por el "ambiente cultural" y otras variables específicas. Pero igualmente se puede comparar, si se me permite la broma, con los agricultores en época de cosecha, los traperos en momentos de necesidad o los porteros de discoteca, en cualquier mes del año: el grueso de su actividad se hace de noche. Porque es fundamental darle vueltas y vueltas al proyecto; y en las horas diurnas las infinitas urgencias siempre se ponen por delante de todo lo demás.

De noche, pero ¿cómo? Sabemos que no pueden mecanizarse los procesos de trabajo de naturaleza creativa. Y si el planeamiento urbano se quiere con ese carácter habrá que desconfiar de las metodologías urbanísticas rígidas o cerradas. Pero cuando crecen tanto la complejidad como la cantidad de información que ha de manejarse no cabe dejar de preguntarse por las condiciones de optimización y garantía de los resultados del propio trabajo. Y no conviene confiar alegremente en la intuición sin más. Por tanto, se plantea una metodología que pretende ser simplemente operativa, que permita plantear las cuestiones que se dan en torno a la creación de nuevas áreas residenciales con cierto orden.

Por de pronto, no parece conveniente plantear una metodología única y completa para el planeamiento urbanístico; y es mejor, como recomienda Bürdek, “una cierta distancia crítica” con los métodos de diseño al uso. Que por otra parte son numerosos; cada uno con sus propios valores e indicaciones. Por un lado están los métodos clásicos, de acción física (heurísticos -decidir para avanzar, aunque sólo se sabrá si se ha acertado al completar la línea de razonamiento-, de concepción de ideas -métodos de la creación, como el Brainstorming-, de reducción de la complejidad -la metodología clásica por excelencia del diseño-, de búsqueda de analogías -basado en el tratamiento de la información-, de patrones -trabajando con subsistemas); pero también hay quien propone métodos de acción intelectual (deductivos -las matemáticas como método universal-, dialécticos -el entendimiento de los procesos-, fenomenológicos -basados en la intuición directa-, hermenéuticos -que persiguen el “espíritu de la época”). Por lo general se acepta la idea de que encargos diferentes requieren métodos diversos: unos u otros, o la combinación de varios, según el caso, de los antes enunciados.

Aparte de evitar los dos prejuicios que suelen resultar inconvenientes para lograr un buen trabajo (el primero: suponer que las buenas soluciones de planeamiento derivan, sin más, de un buen análisis; el segundo: defender que las decisiones de la gran escala, de las grandes dimensiones, son las fundamentales, y que a ellas debe subordinarse todo lo demás), insisto: ¿qué hacer? Defendemos orientar el trabajo hacia un pensamiento multidimensional, complejo, que afronte lo claro pero también lo denso, lo brumoso; tanto lo lineal como lo entramado; y admita igualmente la incertidumbre (e incluso, por qué no, determinadas contradicciones). Creemos (con Feyerabend) que el progreso intelectual sólo se alcanza poniendo el acento en la creatividad y en los deseos del autor más que en el método y autoridad de la ciencia.

Como pauta de referencia invitamos a utilizar el orden y las categorías que se exponen en el libro citado, a partir de los grandes capítulos en que se suele organizar la práctica del diseño: análisis (preparación), proyecto (creación) y supervisión (verificación); a los que se añade otro más: construcción (desarrollo). Para la subdivisión de cada una de estas partes en capítulos debe seguirse, una vez más, el texto de referencia.

Pero ¿cómo ha de ser el fragmento de ciudad que se pretende proyectar? Digamos tres cosas. Una, que es preciso captar de alguna forma el sentido que funda la ciudad, comprender e interpretar lo que la ciudad misma significa. Para lo cual es necesario que quien interpreta (el urbanista, en este caso), y lo que se interpreta (la ciudad, ahora) se encuentren en una especie de intercambio. Dos, que perseguir el “espíritu de la época” (de la ciudad, en este caso) es ponerse a uno mismo en cuestión, un casi imposible adentrarse en el pasado o en el discurso del otro, poniendo en tensión el discurso y el contexto propios. Tres, que como recordaba Kant, no existen reglas que enseñen a aplicar correctamente las reglas. Hay que trabajarlas cada día. Darle vueltas.

¿Se comprende ahora por qué decíamos "nessun dorma"?

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