Detalles del post: Urbanismo de género en Brazzaville

24.02.08


Urbanismo de género en Brazzaville
Permalink por Saravia @ 23:48:54 en África -> Bitácora: Plaza

Una oportunidad para una ciudad singular

Brazzaville, República del Congo: “Camino del mercado, en el borde de la carretera: descubra la diferencia de género” (Imagen incluida en el thiswayplease.com).

Veamos la foto: las que van cargadas son chicas, y los que llevan el paraguas o las manos en los bolsillos, chicos. No es fácil modificar los patrones de comportamiento. La República del Congo (el denominado Congo-Brazzaville, antiguo Congo francés) no ha dejado de "proclamar oficialmente, sobre todo desde la revolución de 1963, que la liberación de la mujer formaba parte de las prioridades nacionales” (Scholastique Dianzinga, “Les élites féminines, moteurs de la culture... et de la politique”, en R. E. Ziavoula, ed., Brazzaville, une ville à reconstruire, París, Karthala, 2006). Pero lo cierto es que en el Reglamento de la nueva Asamblea Nacional legislativa, constituida el 9 de enero de 2007, se regula explícitamente que si una diputada viste con pantalones, y no “con falda y blusa, o con paño a la congolesa”, no tendrá derecho a hablar en el Parlamento. Los cambios culturales son muy difíciles, es cierto, pero ¿podrán encontrarse atajos? Como quiera que en el urbanismo de Brazzaville está casi todo por hacer, ¿podrá plantearse un “urbanismo de género” desde el primer momento?

[Mas:]

Todos hablan de desorden y de segregación

En el África tropical hay más de dos centenares de grandes ciudades que pueden analizarse conjuntamente y que presentan algunas características comunes. El análisis que hizo en 1976, y actualizó en 1991 Pierre Vennetier, titulado Les villes d´Afrique tropicale (París, Masson), mantiene gran parte de su vigencia. La organización del espacio y los paisajes urbanos reflejan el origen colonial de la mayor parte de estas ciudades (con pocas excepciones, como las ciudades Yoruba y otras), con una acentuada dualidad entre los ámbitos europeos y los espacios destinados a la población africana. El sistema de ciudades creado en el XIX y la disposición de vías férreas es muy ilustrativo. Siempre hacia la costa. Unos barrios periféricos marcados por la pobreza y profundamente subequipados. o, como elemento de cierta originalidad, el mantenimiento de actividades de tipo rural intercaladas en el tejido urbano. Estos elementos constantes, ¿no indican ya un orden?

Pero un orden injusto. Fundado en la explotación colonial. Porque el pasado colonial de esta ciudad es, como el de tantos otros lugares africanos, durísimo. Brazzaville fue fundada en 1880 por el conde italiano Pierre Savorgnan de Brazza, que trabajaba al servicio de Francia y ocupó las tierras de algunos pueblos bantúes, especialmente los kongo. (Un buen resumen de la historia de la ciudad, en el libro cit. Brazzaville, une ville à reconstruire). Como anécdota, aparte de que la Sociedad francesa de Geógrafos la bautizase con el nombre del explorador italiano, aún en vida de él (y no sólo en vida, sino activo, como Delibes; Brazza había nombrado el lugar Ncouna), fue el hecho de que durante algunos años la ciudad era prácticamente sólo un nombre: tal era el nivel de engaño jurídico con que se aplicaban los colonizadores europeos.

Posteriormente la ciudad conoció el desarrollo del ferrocarril hasta el Atlántico (a Pointe Noire). Se construyó entre 1924 y 1934, y tuvo un enorme costo humano (se habla de varias decenas de miles de trabajadores muertos en la empresa). (Ver plano de África en 1922). En 1960 el país se independizó, y el golpe militar de 1968 llevó al país a constituirse como una “república popular”, vinculada a la Unión Soviética. Con la perestroika rusa se inició también aquí la transición a la democracia, que fue muy sangrienta y devastadora. Las diversas guerras civiles de los años 90 fueron también muy destructivas para la ciudad.

Actualmente cuenta con más de 1.300.000 habitantes (cifras de 2006), es decir, la tercera parte de la población del país (el más urbanizado del subcontinente). La afluencia de población ha sido, y sigue siendo, constante. No sólo desde el territorio rural del Congo, sino también por inmigración de otros países vecinos. Una inmigración que se asienta especialmente en los barrios periféricos. Las fuertes tasas de crecimiento se dirigen sobre todo a las zonas extremas de Makélékélé y Talangaï. “La historia de Brazzaville es la de la permanencia de su desorden urbano” (Brazzaville, une ville... cit.). Es una ciudad con dos caras. Por un lado, la ciudad europea, espacio privilegiado, aún hoy, con las mejores casas y casi todos los equipamientos. Por otro, los barrios africanos, “abandonados a su suerte”. A partir de la estructura colonial segregadora, se ha venido asistiendo a una ocupación de terrenos exteriores prácticamente sin control alguno por parte del estado. La llegada de inmigrantes ha ido creando los “brazzavilles negros”, formados en muchos casos con población de determinado origen nacional o étnico.

Una ciudad extraordinariamente verde, abierta, natural

Brazzaville está situada al borde del río Congo, en su orilla derecha, frente a Kinshasa (la capital de la República Democrática del Congo, antiguo Zaire y más antiguo Congo belga), que está en la margen izquierda. En ese lugar el río forma un inmenso lago (el Stanley Pool, actualmente denominado Malebo Pool). La ciudad cubre una superficie de 110 km2, y está embebida en un paisaje impresionante. Todas las publicaciones hacen referencia al papel determinante de los árboles. En el libro de Elisabeth Dorier-Apprill y otros, titulado Vivre à Brazzaville (París, Khartala, 2000), se habla de “Brazza-la-verte”, y se dedica un capítulo a la vegetación urbana muy expresivo. A lo largo de las avenidas y los caminos, el arbolado impone su presencia. Incluso las vías pavimentadas (una minoría, sólo 100 km. de los 750 km. viarios totales existentes: el resto son de tierra), no son obstáculo para el crecimiento de los árboles. Hay una media de 5 a 7 árboles por parcela. Y de hecho, prácticamente todas las casas cuentan con sus árboles y flores. Si son casas mínimas, siempre se reserva un espacio verde. Y si son grandes, los jardines son igualmente imprescindibles.

“En la oscuridad de la noche, el centro de la ciudad está perfumado como un gran jardín”. Y los barrios están invadidos por la vegetación de arbustos, altas hierbas y grandes árboles. “Son un factor esencial de la calidad de vida” de la parcela. Que además no se cierra. Sólo las parcelas “europeas” se cierran con muros. Las demás están abiertas, y crean una mezcla público-privado que es altamente valorada. La vida de la casa se centra precisamente en el patio (donde está la cocina, y que generalmente se deja en tierra). Un patio que se ve desde la calle. La sensación de “convivencialidad” que ofrece esta mixtura es, al parecer, alta. Ya dijimos que también es significativa la importancia de la agricultura urbana. De manera que nos encontramos con un amplísimo espacio urbano muy vegetal, abierto, naturalizado (tierra, construcciones con ladrillos de barro, frecuentemente, y mucha vegetación).

Incluso es singular la construcción. Domina la construcción de una planta, y sólo hay una torre en la ciudad. Hay una presencia enorme de casas provisionales, en todas las zonas de la ciudad. Son los llamados “hangares”. Para tomar el territorio, la parcela, primero se plantan árboles, luego se inicia la construcción de un hangar, y poco a poco la casa va adoptando una forma más definitiva. De hecho, es habitual, en muchas parcelas, que haya acopio de materiales de construcción. André Gide viajó al Congo en 1925, y escribió un libro con el relato del viaje (Voyage au Congo, Gallimard, 1927; hay edición reciente). En él, aparte de narrar los pormenores y arremeter contra “los excesos” (por llamarlos de alguna forma) de la colonización francesa, describe el paisaje arbolado, la intimidad del espacio fluvial o la belleza de la casa vernácula (insiste: “la casa es bella”, y lo subraya y explica). Y también se extiende en la comparación entre Brazzaville y Kinshasa: un tema recurrente.

Para Gide “Kinshasa vive una vida intensa, y Brazzaville parece dormir”. Esta útlima, “enormemente distendida, no tiene más encanto que el de estar a lo largo del río”. Pero esa tranquilidad es su fuerza. “Frente a ella Kinshasa parece horrorosa”. Era 1925, y las dos ciudades casi acababan de nacer. Pero hoy sigue la comparación. Dorier-Apprill nos dice: “El contraste es tan grande con Kinshasa, su inmensa vecina (4 millones de habitantes) que se tiene verdaderamente la impresión, al atravesar el río, de pasar del gran pueblo sonriente a la ciudad tentacular”. En efecto, en Brazzaville “las carreteras parecen avenidas de un parque” (Gide).

Planeamiento y género

Dijimos que, en ese gran parque domina el desorden. De hecho, el viejo plan de ordenación urbana de 1954, redactado por J. M. Legrand, prácticamente se olvidó de ordenar las extensiones periféricas. Y sin embargo, los principales problemas urbanísticos actuales de Brazzaville derivan, en buen parte, de la falta de planeamiento. Hay problemas de infraestructuras: la zona en pendiente desagua bien, pero hay una gran zona llana que se inunda, año tras año, con las lluvias. Y con las inundaciones, las enfermedades. También hay problemas con el saneamiento. Y siendo un país con petróleo, se encuentra la ciudad en una crisis energética sin precedentes. Según el magnífico informe Brazzaville, pauvreté et problemes environmentaux (del Programme international de recherche sur les interactions entre la population, le développement et l’environnement, PRIPODE, 2003-2006), los problemas urbanísticos fundamentales de la ciudad son: alojamiento y habitat precario, insalubridad, degradación del medio ambiente urbano por erosión hídrica, evacuación, gestión de los residuos, deforestación (para energía), y en general problemas de salud pública y riesgos naturales.

Y se propone, en ese mismo informe, y entre otras soluciones de infraestructuras, el desarrollo de la planificación urbana. Ahí coinciden de lleno con Ph. Engelhard y equipo Enda, en África, ¿espejo del mundo? (Akal, 2003), donde se dedica un capítulo con este título expresivo: “Reinventar la planificación”. Pues bien, el segmento de la población más afectado por la pobreza es el de la mujer. Una mujer que sólo tuvo derecho al voto en 1951, y siempre que fuese “madre de dos hijos vivos o muertos por la patria” (impresionante). Una mujer que en la actualidad está vivamente implicada “en los procesos de restauración de la paz y la reconstrucción del país y de la ciudad” (Dianzinga). Y que, por si fuera poco, está interesada en participar en el urbanismo: “Las mujeres congoleñas, sensibilizadas en la gestión del espacio urbano”, según rezaba un titular de prensa de este mismo año (2 de enero). Están en marcha algunas grandes operaciones de infraestructuras, como la implantación de un sistema de ferrocarril urbano para transporte público (hasta Pointe-Noire), complementado por un transporte fluvial, por ejemplo (también anunciado recientemente por el gobierno del país). Pero si participasen más activamente las mujeres, quizá tuviesen más presente la conveniencia de cuidar, además (o incluso prioritariamente) la red de andar. Al menos la que nos lleva al mercado.

Nota: No sólo hemos tomado la imagen de la gente yendo al mercado de www.thiswayplease.com: también el comentario es suyo.

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