Detalles del post: Perspectiva de una calle con pancartas en las ventanas

22.03.08


Perspectiva de una calle con pancartas en las ventanas
Permalink por Router @ 23:57:46 en Alegaciones -> Bitácora: Urblog

Una ciudad ordenada / una ciudad viva

Vista de un balcón de la Glorieta de Bilbao en Madrid, adornado con una pancarta (procedente de bloj.net)

"El dicho inglés es not in my backyard, que se puede traducir por `no en el jardín o en el patio de mi casa´. Es una actitud muy frecuente. Claro que tiene que haber prisiones, pero no mi pueblo. Claro que tiene que haber vertederos, o centrales nucleares, pero no en mi término municipal. También de acuerdo en las narcosalas o en las antenas de móviles, pero no en mi barrio. Muy bien que se trasvase el agua, pero que no la tomen de mi río.

[Mas:]

Tiene lógica, claro. Con la cárcel, el pueblo se llenará de familias de presos que, bueno, es verdad, tienen derecho a visitar a los suyos, pero... mejor que no ocupen los bares de la plaza. El vertedero supondrá más riesgo de contaminación y seguramente depreciará nuestros terrenos. Los expertos dicen que las antenas no suponen un riesgo, pero... ¿estamos seguros? ¿No? Pues que las pongan en otro lugar. `¿Y qué quiere usted que haga con el contenedor de basura? Porque en algún sitio tendré que ponerlo, ¿no?´. `Sí, claro, pero no delante de mi casa, porque se llena de moscas y malos olores´.

(...) La solidaridad debe ser gratuita; si no, es una transacción comercial. Y los ejemplos que hemos puesto antes sugieren que hay cosas que no se pueden comprar con dinero. ¿Un vertedero al lado del pueblo? Diremos que no, porque los costes -no económicos, sino de salud, de medio ambiente, de tranquilidad, incluso de prestigio ante otros pueblos- serán realmente grandes. Y va a ser muy difícil colar los argumentos de solidaridad. Porque nos han convencido de que es una cuestión de dinero, no de bien común. Si no, que se lo pregunten al pueblo de al lado, ¡y cómo se resistió a la cárcel! O a la variante de la carretera, que quita al pueblo el negocio de los que paraban a tomar un café. O la línea del tren, que divide los barrios como si estuviesen a kilómetros de distancia."

Veamos ahora otra cita: "Las tendencias hacia la descentralización y hacia el empoderamiento de los territorios, entendidas como políticas de proximidad, llevadas hacia su lógica extrema, han generado evidentes tendencias (e ideologías) localistas. El localismo lleva, a su vez, y rápidamente, al egoísmo territorial. Los estados-nación, aun los muy descentralizados, como es el caso de España, se sustentan en el pilar de la solidaridad territorial. Pero este riesgo, no solo se vive entre el estado y las ciudades o los municipios, sino también entre éstos y los gobiernos regionales.

Este conflicto, potencial y real, se expresa en situaciones muy concretas y muy cercanas a los ciudadanos. Cuando, desde una instancia gubernamental superior a la municipal, se decide instalar en un territorio singular, un equipamiento o una infraestructura de interés para el conjunto del estado (...) considerada como `negativa´ para una localidad (tanto para sus autoridades como para sus ciudadanos), se producen fuertes conflictos y tensiones. Estos conflictos territoriales tienden a extenderse y a agravarse en nuestras sociedades. Demuestran, en ultima instancia, que vivimos un grave problema para el gobierno de nuestros territorios.”

Alegación: La participación es una forma de acción política. Y concebir la política como un proceso de negociación racional entre individuos es destruir toda la dimensión del poder y del antagonismo en ella y confundir su naturaleza. La pretensión liberal de que un consenso racional sobre cualquier cuestión podría ser alcanzado a través de un diálogo exento de distorsiones (y de toda pasión) sólo es posible “al precio de negar el irreductible elemento de antagonismo presente en las relaciones sociales” (Chantal Mouffe). Como suele ocurrir, en aras del consenso, se supone implícitamente que los intereses de los individuos y los grupos son en definitiva los mismos; que finalmente se armonizarán espontáneamente.

Mas sin conflicto podrá quizá haber orden; pero no justicia. Precisamente la gran aportación de la política democrática es que no escamotea el conflicto, sino que lo canaliza para evitar la arbitrariedad; que no pretende erradicar el poder (lo que sería sospechoso), sino proporcionar espacios adecuados para un ejercicio efectivo de la discusión pública, para favorecer un pluralismo posible. Y semejantes consideraciones pueden hacerse a propósito del urbanismo. También aquí urge recuperar la política; una política que vuelva a confiar en la capacidad de la gente para intervenir en lo que la concierne; que reconozca el conflicto personal o colectivo; que plantee la discusión especialmente allí donde la vida es dura y la ciudad no hace concesiones.

Fuentes: El primer texto corresponde al artículo que Antonio Argandoña publicó en El País (ed. Cataluña) del 18-09-07 con el título "No en mi patio". El segundo es de Fernando Barreiro, y fue publicado en Gobernanza. Revista internacional para el desarrollo humano (iigov.org), el 01-11-05 con el título "Sí, pero no en mi patio trasero". La cita de Mouffe es de su libro El retorno de lo político (Barcelona, Paidós, 1999).

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