Detalles del post: Dulces caminos de tierra

25.05.08


Dulces caminos de tierra
Permalink por Saravia @ 00:39:47 en Pequeñas cosas -> Bitácora: Mundos

Frente al exceso de hormigón y asfalto

Paseo de tierra junto a un canal de Hannover, Alemania (imagen de López Candeira)

Tantos siglos pisando el barro han hecho estragos. Aunque andar sobre la tierra sea más agradable y permeabilizar el suelo más ecológico, muchos piensan que una calle sólo está en condiciones cuando se ha cubierto por completo de superficies impermeables (baldosas, adoquines, hormigón, aglomerados). Pero los (tiernos, como diría Bachelard) caminos de tierra, o las bandas de terriza junto a otras vías de pavimento rígido, interesan. Por varias razones.

[Mas:]

Por ecología. Esta solución de senderos y caminos, aceras y recorridos peatonales de tierra favorece el drenaje natural, permite la penetración del agua superficial en el terreno y su aireación, y en consecuencia es más adecuada desde el punto de vista ecológico que la de pavimentos impermeables a que estamos acostumbrados. La defensa de los caminos de tierra es una cuestión ya antigua (se ha recogido incluso en algunas legislaciones), aunque dista mucho de estar suficientemente aceptada. Salvador Rueda incluye como uno de los indicadores básicos para la sostenibilidad (el 5.3) un índice de permeabilidad que permita evaluar este asunto (y que José Fariña comentaba ayer mismo en su blog).

Por economía. Si la urbanización está bien hecha, rematar en tierra los caminos no resulta mucho más barato que hacerlo con pavimentaciones estándar impermeables, pero se producen algunas economías. Hemos calculado, a partir de los numerosos “costes de referencia de la construcción” que circulan, un ahorro del orden del 10-20%.

Por utilidad. Hay que insistir, no lo olvidemos, que estamos hablando de terrizas permeables, “que no forman polvo en verano ni barro en invierno”, como explicaban Sarandeses, Medina y Herrero en el ya clásico Árboles en la ciudad (Madrid, MOPT, 1992, páginas 163 y siguientes, donde se dan algunas recomendaciones valiosas para su construcción). Estos mismos autores subrayaban cómo este “pavimento” facilita “el desarrollo de algunos juegos que han sido excluidos de la ciudad por los pavimentos rígidos”.

Por confort. A poco bien que esté resuelto, controlando correctamente la mezcla de tierras, construyendo caceras que impidan la invasión de aguas superficiales y evitando las tierras sueltas en los bordes, se pueden formar unos senderos extraordinariamente cómodos. Andar sobre tierra es, en general, más agradable que hacerlo sobre el suelo duro. Y hay que valorar, además, las consecuencias “que tienen que ver con el microclima y el confort urbano, la isla de calor, el ciclo hídrico, la contaminación atmosférica, etc.” (nuevamente Rueda).

Por aspecto. Desde luego, si debajo de los adoquines estaba la playa, debajo de la tierra sigue estando la tierra, la adhesión total al universo. Las superficies terrizas parecen, efectivamente, largos y rectos arenales, bandas de sedimentos marinos en reposo. Y de hecho se humedecen como lo hace la playa: “La tierra (dice Virginia Wolf en Las olas) bebe lentamente el color como una esponja absorbe el agua. Se redondea, se espesa, alcanza su equilibrio y oscila bajo nuestros pies en el espacio”. ¿No huele ya a tierra mojada?

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