Detalles del post: Gusto por las construcciones modestas

28.05.08


Gusto por las construcciones modestas
Permalink por Saravia @ 23:03:21 en Pequeñas cosas -> Bitácora: Mundos

Un urbanismo más pacifista

Fotografía antigua de la catedral y una de las casas de la plaza de Portugalete de Valladolid (imagen procedente de fotosvalladolidantiguo.iespana.es)

¿Por qué se eliminaron las casas de la catedral? ¿A quién molestaban? Y si eran inconvenientes, ¿por qué no lo es ésta, propiedad del Arzobispado? Desde luego, con la absurda demolición de las casas de la plaza de Portugalete situadas junto a la catedral (a la izquierda de la vieja foto del encabezamiento), el espacio ha quedado indudablemente peor. Más tosco. El derroche de dinero público empleado en la expropiación no hay quien lo justifique, y el misticismo subyacente que alimenta la idea de que junto a la catedral no debe haber edificios civiles (sólo arte noble, calma cósmica y ruinas metafísicas) es fundamentalista.

[Mas:]

Fundamentalismo. El fundamentalismo, nos lo recordaba Castoriadis, consiste en presentar las leyes, normas, valores y significados “como si trascendiesen a la sociedad”. Trascendentes en lo absoluto, como ocurre en las sociedades monoteístas, pero también “trascendentes en cualquier caso en relación con la actualidad efectiva de la sociedad viva”. Se admite alegremente que deben “liberarse” los edificios religiosos de edificaciones anexas civiles, pero no se explica el por qué. Algo trascendente nos dice, al parecer, que así debe ser, más allá de los argumentos racionales. Pero pensemos un poco más las cosas. Y acostumbrémonos a esta pregunta: ¿es realmente tan necesario?

Aceptación. Porque la convivencia con las cosas da color a la vida urbana. Y aceptarlas, cuando no implican problemas directos, sino únicamente contradicciones estéticas, del gusto, es con frecuencia más saludable que muchas de las propuestas de sustituirlas. Aunque sea de un contexto muy diferente, oigamos a dos expertas (Luciano y Valdivia) sobre la terapia de aceptación. “La experiencia muestra que el sufrimiento y el placer están en la misma dimensión; son los dos lados de una misma moneda. Uno no puede ir sin el otro”. Las reglas del tipo "no la angustia, no a los recuerdos penosos, no la tristeza, no al dolor, etc.”, son finalmente “barreras para vivir". Cuando se nos aconseja "buscar el placer inmediato y eliminar rápidamente el menor signo de malestar", las soluciones ofrecidas “pueden acabar convirtiéndose en un mal remedio para vivir de un modo equilibrado y satisfactorio”.

Constable. Es conveniente gustar del mundo, de las cosas de la ciudad. Y seguimos ahora al paisajista inglés John Constable. Según contaba Kenneth Clark, "la pintura de Constable es la más completa aceptación de todos los hechos de la visión que jamás se ha hecho en el arte". Pocos pintores reunían como él tanto detalle. Disfrutaba de espectáculos tan banales como las margaritas o las luciérnagas y prestaba el encanto de la novedad a las cosas de todos los días. Todo lo unificaba y daba a sus cuadros un sentido dramático del que carecían sus contemporáneos. Sus paisajes, plenos de cielo (suyo es el verbo "cielear"), aceptan de buen grado también lo sucio que pudiera haber.

Pacifismo. En efecto, puede pensarse en un urbanismo no violento, incluso pacifista, que asuma lo que existe sin avasallarlo para sus fines. Un urbanismo que tenga presente que lo que se construyó fue hecho generalmente con cuidado, interés, e incluso (seguramente) con intención estética para embellecer la parte de ciudad que le correspondía. Un urbanismo en cierta forma conmovido con lo que queda de las vidas que por allí pasaron. ¿Tan necesario es siempre demoler? ¿No hay fórmulas que puedan integrar lo que se nos aparece con lo que pretendemos conseguir? ¿Es necesario dejarse llevar por lo grande, lo enorme, las grandes plataformas? ¿Tanto nos gusta Napoleón? “Nos afirmamos y sentimos importantes cuando reconocemos que tenemos un impacto” (J. P. Lederach). Pero el problema más grave es el de acostumbrarnos al modo violento de resolver y actuar. Jacques Ellul enunció sus “leyes de la violencia”. Entre ellas: “La continuidad: una vez que se emplea la violencia, la única opción abierta es la de seguir empleándola, es decir, que la violencia es auto-perpetuante. La reciprocidad: la violencia crea y engendra violencia”, etc.

Cuidados. La amalgama de ruinas, de proyectos acabados, ya muertos (como el la Colegiata) y de proyectos fallidos (la Catedral), con las piedras amontonadas de otras construcciones, ¿no brillaban más en compañía de aquellos edificios menores? Demoler, como última solución. Porque ya lo hemos dicho: podemos acabar acostumbrándonos a la violencia. Se limpia de casas la manzana de la catedral (¿se corrompen los edificios religiosos con el contacto de las casas de la gente?), y luego sólo se es capaz de solucionar la comunicación entre los dos lados del ferrocarril hundiendo el tren y la estación completa, sin caber ya matices, compromisos, encuentros. Se tira el atrio de la catedral (insistimos: ¿qué daño hace?), por pura vagancia intelectual, eludiendo estudiar otras soluciones más matizadas, y acabamos una vez más entusiasmados con las líneas rectas, las grandes avenidas y los grandes estadios.

Mejor hubiera sido mantener las casas, esos restos que unen lo que la vida o la muerte han separado, y desgarrado la violencia.

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