Detalles del post: Vivir del cuento

08.08.08


Vivir del cuento
Permalink por Saravia @ 12:10:44 en Urbanismo con nombres -> Bitácora: Plaza

Ry y la historia de Madame Bovary

Vista de la calle principal (y casi única) de Ry (una población cercana a Ruán. Imagen procedente de la web municipal)

Ana Frank veía un castaño desde su ventana, según contaba en su diario. Cuando, ya muy viejo y enfermo, y para evitar el peligro de su caída incontrolada, el Ayuntamiento de Amsterdam pretendió talarlo, se organizó una monumental campaña para conservarlo, haciendo todos los esfuerzos técnicos y económicos que fuesen necesarios. Y ganaron, tanto en la opinión pública como en los tribunales. No es algo aislado. Una ola sentimental, vinculada al movimiento turístico, recorre el mundo; y un aluvión de acontecimientos, historias, leyendas o novelas renacen entre las casas y las calles de nuestras ciudades. De los patitos de Boston a los mercados medievales de tantos lugares; de las imágenes de Gardel, Evita y Maradona en los balcones del Boca de Buenos Aires a las monumentales exposiciones sobre el desembarco en Normandía del Memorial de Caen. De la ruta del hereje de Valladolid a la identidad urbana vinculada a los muros de Lucca. Pocos lugares quedan, si es que alguno hay, al margen de esta avalancha de nuevos recuerdos. Comentaremos un caso más. Pero singular: porque casi no hay ciudad, y el acontecimiento es mayúsculo. Llena todo el espacio urbano y él solo reclama la visita. Se trata de una población encantadora, activa, viva, muy atractiva por sí sola. Pero Madame Bovary lo inunda y de algún modo arruina. El espacio pasa de ser ámbito residencial a sala temática de un gran museo o parque de atracciones. ¿Cuál es el límite?

[Mas:]

La población: Ry

Sólo cuenta con 620 habitantes, pero desarrolla una notable actividad. Situada cerca de Ruán, a unos 15 km. al este, la población, de origen medieval, se sitúa en la encrucijada de tres valles (Crevon, Héronchelles y Andelle), en medio de un enclave ondulado, muy tranquilo y muy pintoresco. Está estructurada en una gran calle, central, recta y casi única, a la que llegan algunos caminos rurales que, al acceder a la vía principal adquieren un aspecto más urbano. Los comercios son numerosos, y hay cierta dinámica de crecimiento. Hacia Sant Denis-le-Thibout se han levantado últimamente una veintena de nuevas casas. Y como dato curioso que muestra el tono cultural y político de la localidad, está la aprobación municipal de una propuesta por la que “el Consejo decide la compra de una bandera tibetana y olímpica que estará instalada sobre el frontón del Ayuntamiento entre el 1 de agosto hasta el final de los Juegos Olímpicos de Pekín. Un gesto excepcional –dice el acta de la sesión aprobatoria- que tiene como fundamento y justificación sólo la preservación de los Derechos humanos y en ningún caso un significado político”.

Pero pronto se advierte la singularidad de la villa. Un café se llama Flaubert, un supermercado el "Mercado de Emma", un restaurante "Le Bovary", otro La Golondrina. Casi en las afueras, un museo de cerca de 300 autómatas. En la Oficina de Turismo nos facilitan un plano con la interpretación del lugar en clave Bovary, y nos ofrecen un “Circuito Bovary” de 60 km y 14 etapas, para recorrer los alrededores, llega hasta Martainville-Epreville. Según el plano, el castillo que hay a 2 km de Ry, el castillo de Gratianville, es el Huchette de la novela. Todo aquí habla de Flaubert y su Madame Bovary.

La inundación: Madame Bovary

Y sin embargo, no hay certeza de que éste fuese el pueblo inspirador de la novela. Es más: el propio Flaubert no lo reconocía así, e incluso llegó a decir a Luisa Colet (carta del 14 de agosto de 1853) que “todo lo que se inventa es verdad. La inducción vale la deducción, y luego, llegado a un cierto punto, no nos equivocamos más en cuanto a todo lo que es del alma. Mi pobre Bovary, sin duda, sufre y llora en veinte pueblos de Francia a la vez." (En la Biblioteca Municipal de Ruán se conservan los manuscritos de la novela y otros documentos de Flaubert). Pero se dan bastantes coincidencias, es cierto, con el Yonville-l'Abbaye de la novela: "La única calle, tan larga como un tiro de escopeta, en la que no hay más que unas cuantas tiendas, se termina en seco donde tuerce la carretera. Si se deja a la derecha y se baja la cuesta de Saint-Jean, se llega enseguida al cementerio”. Y se cuenta que Maxime du Camp le propuso a Flaubert escribir sobre una historia verdadera que sucedió en Ry algunos años antes, en la que los personajes eran Delphine y Eugenio Delamare, que en la novela se transformarían en Emma y Charles Bovary. En la realidad, Delphine, decepcionada por su marido, sus amantes y la vida, se envenena y muere el 6 de marzo de 1848. Eugenio le sobrevive sólo hasta el 17 de septiembre de 1849.

Según esta interpretación, la primera casa de Delamare, ya desaparecida, se encontraba en la esquina entre la calle principal y el camino de Blainville (puede verse esta interpretación aquí). La segunda, ya en el centro de la calle, frente al actual Crédito Agrícola (el hotel de Ruán, El León de Oro en la novela). La farmacia, el estudio del dueño Guillaumin de la novela, era en realidad el estudio de dueño Leclerc, hoy la tienda Rêve Ry, donde se para La Golondrina, la diligencia que le transporta a Emma de Ruán a Ry, la farmacia Homais de la novela era la farmacia Jouanne, el farmacéutico al que conocía Flaubert. Pasado el edificio del Ayuntamiento, en el camino de la iglesia vemos la lápida sepulcral de la verdadera Delphine Delamare.

Reconocimiento oficial, aproximadamente

Lo cierto es que el tema da juego. El propio Ayuntamiento presenta en su web la ciudad así: “El nombre de la ciudad vendría del término galo `ritum´, que quiere decir vado. Efectivamente Ry se encuentra en un fondo de valle atravesado por el río Crevon. Burgo turístico, conocido por los amantes de la literatura del mundo entero gracias a la obra de Flaubert `Madame Bovary”. Como vemos, no dice que sea el lugar de Flaubert, pero lo sugiere. Y lo nombra en primer lugar. Cuando habla de la iglesia (con una torre del siglo XII, y declarada como monumento histórico) dice que “contribuye también” a la reputación de Ry. Y concluye recordando que hay otro monumento menos conocido, como es un falansterio creado por el farmacéutico Jouen, discípulo de Fourier.

No hemos podido consultar el plan de ordenación urbana, que en la web municipal sólo es accesible para los registrados. Y por tanto no sabemos qué clase de protección tienen los edificios implicados en la lectura flaubertiana de la villa. Pero en los sucesivos documentos de “Rendición de cuentas” municipales (estos sí están en abierto), leemos que el Alcalde propone al Consejo en diciembre de 2005 el inicio del proceso para modificar el POS (Plan de Ocupación de Suelos) vigente. En junio de 2007 se dice que “la modificación del POS parece más complicada de los previsto, y en consecuencia el Consejo decide establecer un PLU (Plan Local de Urbanismo). Pero en noviembre de ese mismo año se da cuenta al Consejo de que “parece que es más interesante llevar a cabo la modificación del POS que el establecimiento de un PLU”. En definitiva: parecen españoles.

En medio de la controversia

La polémica sigue viva. En octubre de 2006 Mazza Willers escribe, “entre divertida e indignada”, y a la vista de los textos que se incluyen en la web municipal citada, que si en algunos textos, “bien como consecuencia del error de grandes autores como Dumesnil, o redactados por miserables impostores como Ducamp”, se afirma que Delphine Delamare está en el origen de la novela, se trata de una suposición que está ampliamente invalidada por numerosos estudios. Y sigue Willers: ¡Hacer creer que este pueblo y Delphine están en el origen de la novela es una forma muy burda de atraer a los turistas! (...). Aconsejo a los dubitativos que no quieran participar en esta mascarada, consultar el cuidadoso estudio de René Herval sobre los orígenes verdaderos de Madame Bovary”. Pero no importa. A pesar de los esfuerzos de Willers, las posibilidades de que se desvincule Ry de Bobary son mínimas.

Y seguramente no hace falta. La duda, por frágil que sean sus bases, puede ser suficiente. Porque las ciudades necesitan historias. Como efecto del turismo generalizado y la globalización de la información, los espacios se “desterritorializan bajo el efecto irónico de procedimientos que borran con goma las diferencias: los paisajes lejanos pierden su exotismo y se hacen lugares comunes” (Christian Milat, en un artículo sobre Jean Échenoz). Pues bien, agarrándose a un clavo ardiendo de cualquier historia, real o ficticia, de grandes autores o de desconocidos, importa “encarnar” de alguna forma los lugares. No sólo, aunque también, por motivos turísticos. Sino sobre todo, por recordar (o recordarnos) que son espacios de residencia.

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