Detalles del post: Belsunce, Marsella, Mundo

28.08.08


Belsunce, Marsella, Mundo
Permalink por Saravia @ 23:09:49 en Economía urbana -> Bitácora: Plaza

El capitalismo nómada y la mundialización por abajo

Una calle de Belsunce. Foto de Yves Traynard (procedente de ytraynard.online.fr)

Hay una globalización por arriba (finanzas, acuerdos comerciales, nueva economía, nuevas tecnologías). Pero también por abajo. Alain Tarrius (La mundialización por abajo. El capitalismo nómada en el arco mediterráneo, Barcelona, Hacer, 2007) nos muestra algunas características del nuevo espacio global constituido en el arco mediterráneo, que integra la mayor parte del comercio informal de Francia, España, Italia, Marruecos, Argelia y Túnez, y que se extiende hasta otros países muchos más alejados, en Europa y África. El centro de este enorme tinglado se localiza en el histórico barrio de Belsunce, en Marsella.

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Interesa conocer cómo funciona ese “capitalismo nómada” para saber también cómo funciona la ciudad. Se trata de verdaderas redes de “empresarios nómadas” que dan vida a un enorme tinglado comercial sumergido, y que han llevado a un desarrollo sin precedentes la economía clandestina de Marsella. Especialmente en el barrio central de Belsunce, desde los primeros años 90, que ha sufrido una metamorfosis económica y social espectacular. Se comercian con toda clase de productos, pero con unos mecanismos propios. Lo primero que vemos es que una serie de pequeñas tiendas de este barrio, con los escaparates llenos de claveles de plástico y alcuzcureros de aluminio, atraen a varios centenares de miles de personas que han llegado a la ciudad por tierra, mar o aire. Pero vienen a comprar otras mercancías no expuestas en los escaparates: sobre todo electrónica, ropa, alfombras. El volumen de negocio es impresionante. “Belsunce, el barrio de la segregación, considerado por los poderes políticos y económicos locales un pozo negro de la miseria, ¡se presenta como el primer dispositivo comercial de la fachada mediterránea francesa!”.

Sea cual sea el producto de que se trate, las diferencias de riqueza entre Europa y África garantizan interesantes beneficios a quien sabe pasar las fronteras sin someterse al pago de tasas: esta es la clave del negocio. “Y esto tanto en un sentido como en otro: cuanto más arrecia la crisis, ¡más se ahonda la fosa entre países ricos y países pobres, y más prosperan las economías clandestinas!”. Se satisfacen de igual manera pequeños encargos como suministros masivos para las redes internacionales. Marsella es el centro, pero también cuentan, obviamente, con dispositivos comerciales secundarios (como Alicante o Crevillente, y otros más). La centralidad marsellesa es evidente para las poblaciones de los países pobres, pero “sumergida” para la de los países ricos. Andalucía es otra cosa, una tierra de nadie entre Europa y África, no completamente integrada en este espacio: un lugar de “confines europeos confusos”.

Como decimos, se trata de concentrar y distribuir los productos que, tras haber circulado, son susceptibles de producir mayores diferencias de valor, y ponerlos luego a disposición de las sociedades más dependientes y más pobres. “En eso reside la consagración del `saber circular´ de los nómadas, a partir de ventas masivas con un escaso margen (alfombras y ropa) o de ventas más selectivas con un margen importante (coches o electrónica)”. Necesariamente emergen nuevos cosmopolitismos. El criterio fundamental, el principal saber hacer de este negocio es el de atravesar mundos donde imperan normas opuestas. “El lugar de origen sigue siendo único, pero el antiguo recorrido que lleva de la alteridad a la integración (...) se vuelve obsoleto: más bien aparecen capacidades mestizas”. La capacidad para “ser de aquí, de allá, y de aquí y de allá a la vez”, sustituye a la antigua oposición entre ser de aquí o de allá. Aparecen nuevas identidades nómadas en decenas de miles de emigrantes.

No deben confundirse estos grupos sociales, estas sociedades de nuevos inmigrantes, con los antiguos “de la diáspora”, los inmigrantes tradicionales. Ni tampoco con las redes mafiosas que trabajan con productos prohibidos. En los nuevos grupos el orden religioso no funciona como principio de jerarquía, y de hecho los grupos islamistas fundamentalistas tienen sus propias esferas de influencia. Los tradicionales “empresarios de la diáspora” están menos apegados a su región de origen; mientras que los “empresarios nómadas” sólo persiguen el éxito en su ciudad o pueblo natal. Actúan en Europa, pero su referencia es África. Porque este nomadismo se caracteriza sobre todo por la fidelidad a un lugar de origen, y la consecuente postura de distanciamiento respecto de las perspectivas de integración. A veces, eso sí, acceden a una instrumentalización pasajera de la ciudadanía. Pero, insistimos, como medida funcional, no como destino. Respecto a la ciudad, son discretos. Una de las características de estas redes consiste en no modificar el orden local de las jerarquías de valores simbólicos, éticos o territoriales. “Es una de las dimensiones del buen hacer nómada: trazar y descubrir caminos. establecer circulaciones, pero dejar la ciudad y su civilización a lo sedentarios”.

Se forman y consolidan unos vínculos sociales enormemente intensos, normalizados y jerarquizados. Unos vínculos sociales (y morales) que generan energías formidables, y que "trascienden la dimensión económica y política de las estrategias oficiales". El principal valor es el respeto a la palabra dada. Los acuerdos de palabra reducen las diferencias étnicas y culturales, y abren perspectivas de desarrollo inéditas. Juegan un papel esencial los denominados “notarios informales”, quienes son de hecho los garantes del buen orden. Son pocos (en Belsunce, menos de diez; y menos de cinco en Valencia, por ejemplo). Estos “notarios”, reputados como “hombres de palabra y de honor”, aseguran el cumplimiento de la palabra dada, orientan las actividades y establecen vínculos y ayudas. Conocen de cerca a las autoridades políticas y policiales del espacio que controlan. Y encauzan la protección social. Belsunce actúa como un dispositivo social complejo: “Se trata de un sistema social sin Estado, sin regulaciones administrativas ni policiales, que exige, como contrapartida, una ética fuerte, susceptible de preservar el vínculo social”.

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