Detalles del post: Vagamente metafórico

13.06.09


Vagamente metafórico
Permalink por Saravia @ 20:00:33 en Lugares imaginarios -> Bitácora: Mundos

Lugares que se parecen a cosas, como Ham Rock

Vista del centro de Brasília (imagen procedente de bandaoriental.net)

Localización: Ham Rock es una pequeña isla situada en el Atlántico, 18º 5´ latitud norte y 45º 53´ longitud oeste (a la altura de Puebla y en el meridiano de Sao Paulo, más o menos). Descripción: La isla se llama así por su parecido con un jamón de york. No hay en ella ni aves ni otros animales. Es de origen basáltico, y probablemente joven. Hay quien dice que se ha hundido de nuevo en el mar. Informador: Julio Verne, en El Chancellor (Anaya, 1986; original francés de 1875). Tema: Metáforas formales elementales.

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Argumento: Fue descubierta el 30 de octubre de 1869 por el desgraciado Chancellor, un barco inglés de tres palos a vela, en una de sus travesías entre Charleston y Liverpool. Habiéndose incendiado fortuitamente la carga de algodón que llevaba el barco, la aparición de este islote volcánico, que no constaba en las cartas marinas, permite a la tripulación controlar el fuego. Pero era sólo el principio de sus desgracias.

Derivaciones: Como sabemos, hay cuatro juegos de formas especialmente interesantes. El primero, las 10 láminas del test de Rorschach, con sus inquietantes manchas de tinta que sirven para demostrar que estás obsesionado con el sexo. El segundo, la forma de las nubes, que suelen encerrar ovejas, ratones, tiburones y algunos perros. El tercero, las formas que hace el agua de lluvia sobre el cristal (no confundir con las carreras de gotas: no es lo mismo). Y el cuarto, las formas de las ciudades, vistas desde el avión (o en la mesa del planificador de turno: todos somos pilotos frustrados). Quedémonos con este último grupo.

Ejemplos: La mejor, sin duda, es el jamón de york. Una forma, por cierto, que también supo ver Carmen Martín Gaite… en Nueva York (¿dónde, si no?: “Se trata de una isla en forma de jamón con un pastel de espinacas en el centro que se llama Central Park”). Pero se han trabajado otros casos, con similar ahínco. Muchas ciudades parecen animales. Brasilia se proyectó por Lucio Costa como un pájaro (y su centro lo sigue pareciendo desde el cielo): se ha dicho que su trazado coincide con el de la ciudad egipcia de Al-Amarna, que igualmente presentaba la forma de ibis. Bofill, al explicar el proyecto de la nueva terminal del aeropuerto de Barcelona, nos comenta: "La forma es vagamente metáforica, entre un avión y un pájaro”. El águila también ha tenido buena prensa como motivo de edificios y ciudades. Margarita de Austria mandó construir la Real Clerecía de San Marcos en el punto más alto de Salamanca, en forma de águila con las alas extendidas (se quedó a medias). De Machu Pichu se dice que tiene forma de cóndor. Y hay un proyecto en Dubái denominado Falcon City, dirigido al turismo y verdaderamente tremendo (un detalle: está previsto construir una réplica de la pirámide de Giza, aunque con apartamentos, oficinas y restaurantes).

Es muy conocida la asociación de la ciudad inca de Cuzco con la forma de un puma dormido. Y de la maya de Ek-balam con un jaguar negro. A Tombuctú la denominaban “el viejo elefante cansado”. Algunos han creído ver en Venecia la forma de un pez, aunque otros (como González Huesa) han creído ver allí “una ciudad con forma de cerebro”. También se ha escrito que Gran Canaria “parece una enorme ballena extendida sobre el océano” (Luis Roca), y que Ciudad del Cabo tiene forma de pulpo (Javier Mazorra). Del plano que hizo Aalto para Rovaniemi, la capital lapona, hay quien sabe ver la cabeza, con toda su cornamenta, de un reno. Pero dejemos a los animales y vayamos con los animales (más o menos racionales). J. Darke escribió un libro titulado “La ciudad con forma de hombre”, aunque se trataba, obviamente, de una metáfora: quería denunciar la desigualdad en el trato urbanístico a la mujer. Algo parecido a esa “ciudad con forma de mujer” que reclama Gabriel Rodríguez. Que no es, desde luego, la idea que recorre el poema de Gómez Correa al describir “una ciudad con forma de cuerpo humano”, y que señala, entre otras muchas asociaciones directas: “cuya avenida más céntrica se parecía a la columna vertebral”. No hemos leído aún el artículo de Giacomo Costa titulado “La ciudad como un cuerpo” (Catálogos de Arquitectura nº 20, 2007), pero ciertamente promete.

Ciudades como estrellas las hay a centenares. También redondas. Incluso como esferas (ahí tenemos el proyecto búlgaro de Underwater City). Algunos filósofos medievales sugerían la forma de la cruz, como si la ciudad se hiciese una inmensa iglesia. Y tampoco son raras las que se parecen a una media luna (o un cruasán, según gustos): Ámsterdam, Zanzíbar, Nueva Orleans. Con forma de herradura están los parques de Zagreb. Y como un abanico es la ciudad china de Zhu Jia Jiao. Algunas quieren ser una versión enorme de ciertos tipos de edificios, o de determinados elementos arquitectónicos. Ya hablamos de las iglesias. Pero también las hay, como Urbino, que han pretendido parecer un inmenso palacio. O una gran cúpula, como la ciudad de Romdou (un invento del cine manga). Una ciudad con forma de anfiteatro es Poligiros. La Paz tiene forma de olla y Cali forma de T. También se han trabajado los parecidos con especies vegetales. Palm Island, en Dubái, parece una palmera que ha caído al mar. Pero ninguno tan imaginativo como Adrián Geuze, que propone para la nueva estación de Logroño un conjunto formado por cúpulas acristaladas de colores “que en su aspecto exterior representan un gran racimo de uvas”. El colmo, desde luego.

Queda por rememorar un “divertimento” que se planteó en España, en 1952, por el entonces director general de Urbanismo, Pedro Bidagor, y que recoge Fernando Terán en su libro sobre el Planeamiento urbano en la España contemporánea (1900/1980), Madrid, Alianza, 1982. Según Bidagor, “resulta casi siempre posible establecer un cierto paralelismo entre la ordenación de una ciudad y el aspecto externo de un animal”, y con esa disculpa se presentaban los planos de varias ciudades con la “figura simbólica” que a cada una de ellas le correspondiese. Bilbao se asemejaba a un gallo, Valencia a un pez y San Sebastián a un pájaro (otra vez el pájaro), por ejemplo. Madrid a una madre (que Bidagor nos perdone, pero parece un poco fuerte decir que es un animal), y Barcelona a un arcángel (ahí ya no lo tenemos tan claro).

Opinión: Se dice que el marino sueña la ciudad en forma de camello y el camellero la anhela en forma de navío. Si no puedes conseguir camello ni navío, más vale que lo dejes.

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Comentario de: Saravia [Member] · http://urblog.org
Otro ejemplo: el Hotel W de Barcelona, con proyecto de Ricardo Bofill y actualmente en construcción, conocido popularmente como Hotel Vela... porque parece una vela de barco hinchada por el viento. (Un vídeo explicativo). Con la misma idea, otro hotel de lujo en Dubái, el Burj Al Arab, la "torre de los árabes".
URL 01.08.09 @ 10:09
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