Detalles del post: Robar esquinas

03.08.09


Robar esquinas
Permalink por Saravia @ 21:54:28 en Pequeñas cosas -> Bitácora: Mundos

Imagen del Flatiron Building, Nueva York, octubre de 1903. DN-0001198B, Chicago Daily News negatives collection, Chicago Historical Society (procedente de commons.wikimedia.org).

No es infrecuente encontrarnos con edificios de esquinas tan agudas y cortantes, tan afiladas que se clavan en el alma. Ignoramos la regla práctica, si es que la hay, que define cuándo una forma de proa que proyectamos, la avanzadilla del barco que creemos construir, se convierte para los demás en fastidiosa esquirla. Bajo qué presupuestos geométricos deja de cortar las aguas para inquietar la vista.

[Mas:]

La historia del urbanismo está llena de conjuros frente a tales agudezas. Considerando que a veces las esquinas agreden (especialmente los ángulos más cerrados), se han ideado fórmulas para atenuar su tensión o violencia. Por de pronto, los guardacantones, en todas sus formas. En positivo (Madrid), para proteger a quienes circulan, a los carruajes que al pasar junto a las esquinas pueden llegar a “frotarlas” (a traficar). Pero también en negativo (Cádiz), como guardavivos, pensados para proteger la integridad de la misma esquina. En ocasiones, formando la esquina con la ayuda de una columna vista (Córdoba). Y otras veces encadenando toda suerte de elementos de arriba abajo (cornisas voladas, balcones redondos, escudos doblados o vistosos chaflanes) que consiguen hacer olvidar el ángulo inicial.

También se han empleado con profusión, ya que los hemos citado, los chaflanes. Grandes, como en Barcelona (de más de 21 m en el Eixample); o pequeños, como en Madrid (un solo hueco en el chaflán, en este ejemplo). Aprovechados para situar en ellos los accesos al edificio, o disponer fuentes ornamentales. O dejarlos desnudos, como en Salamanca. En cualquier caso, y aunque siempre se agradece la intención que se les adivina, los chaflanes tienen un enorme riesgo compositivo. No tanto para el edificio como para la calle. Salvo cuando se trata de una retícula clara y regular, muy homogénea, que permite decidir una regla de chaflán y repetirla en su desarrollo, en los casos (muy habituales) en que la malla es irregular, puede llegarse a soluciones demasiado banales, mal compuestas, finalmente desafortunadas, que dan al traste con las buenas intenciones iniciales. O dicho de otra forma: no puede dejarse a criterio del proyectista de cada edificio, sino que deben ser objeto estudiado y preciso del plano de alineaciones.

Y algo parecido podría decirse de la otra solución habitual: el curvado. Que, por cierto, muchas veces se denominan también, impropiamente, chaflanes. Hay esquinas que son sustituidas por grandes curvas, como en Valladolid. Pero otras veces por un leve redondeo, como en Buenos Aires, Edificio Estrugamou o Nueva York. Incluso minúsculo. En ciertos lugares se aprovecha la ocasión para construir en la esquina todo un cuerpo llamativo, torreones cilíndricos que determinan la composición general del edificio (como en París o Madrid). Insistimos, no obstante, en que sólo en determinadas situaciones convendrá sustituir esquinas agudas por chaflanes o curvados. Con un problema añadido: hay que evitar, a toda costa, formar alineaciones que sigan la lógica de los trazados rodados, la lógica del movimiento de los coches, sus curvaturas y redondeos en los cambios de dirección. Hay que evitar que pueda leerse el espacio urbano como un derivado de la movilidad rodada.

Pero dicho todo lo anterior, queremos fijarnos en dos términos, delincuentes pero precisos, que pueden asociarse a la operación que comentamos. El primero: matar la esquina. Un poco salvaje, ¿no? Mejor el segundo: robar la esquina. Hemos leído la siguiente definición en el Diccionario de Edificación de Barbier, Stoskopf, Cardiergues y Flitz: “Esquina robada: Enlace de dos haces por una superficie curva”. Así nos gusta más. Se trataría, pues, de robar la esquina, en ciertas ocasiones, como quien roba un arma. Y no nos resistimos a concluir este post recordando una solución muy tradicional de los guardacantones (en Cádiz, en Lima, en tantos sitios) que tiene que ver con ese tipo de robos: los que se formaban en el XIX con los viejos cañones de los ejércitos, puestos boca abajo, con la culata arriba. Ahí si que están robando y matando literalmente las esquinas.

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