Detalles del post: Una libertad tan intensa que quemaba

10.08.09


Una libertad tan intensa que quemaba
Permalink por Saravia @ 23:47:50 en Urbanismo con nombres -> Bitácora: Plaza

La vida de El africano, en los recuerdos de J.M.G. Le Clézio

Vista del Alto Valle del Nun, en Camerún (imagen procedente de ibike.org/bikeafrica/cameroon/2007).

Le Clézio describe (El africano, Buenos Aires, Adriana Hidalgo ed., 2007) cuatro estancias en que se desarrollaron los más de veinte años que vivió su padre en África (Nigeria y Camerún). A sus ojos, lo más significativo era el impresionante gusto a libertad que le proporcionaba aquel paisaje. “Todo ese calor, ese ardor, ese estremecimiento”.

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La cabaña de Ogoja. Corresponde al último periodo de la vida africana de su padre, cuando el mismo autor vivió, desde los ocho años de edad, en aquel continente. Ogoja se encuentra en la actual Nigeria, muy cerca de la frontera de Camerún. La cabaña donde vivían era la vivienda oficial que el gobierno inglés facilitaba al médico itinerante de la zona: “Una losa de cemento para el suelo, cuatro paredes de piedra sin revestimiento, un techo de chapa ondulada cubierto de hojas, ninguna decoración, hamacas colgadas de las paredes para servir de camas y, única concesión al lujo, una ducha conectada por tubos de hierro a un depósito en el techo que calentaba el sol”. Tenía un jardín con frutales, y “en la otra punta del terreno estaban las chozas de la servidumbre”.

En esa cabaña Le Clézio “aprendió a olvidar”. Las chozas del pueblo tenían “techos de color leonado, sus paredes color tierra”, y más allá “la selva lluviosa nos rodeaba por todas partes”. El entorno era “admirable, inmenso, potente (…), desprovisto de mentira”. La casa se veía como “una balsa en un océano de hierba”. Delante “empezaba una extensión sin horizonte, con una ondulación en la que la mirada se perdía”. En cada detalle de la naturaleza que rodeaba la vivienda era visible una “violencia abierta, real” que entusiasmaba: fortísimas tormentas, un viento rojo que llegaba del norte “y hacía brillar las paredes”. Lo fundamental de la vida allí, para el niño que entonces era el autor, “era la libertad total del cuerpo y del espíritu (...). Una libertad de movimiento, de pensamiento y emoción que jamás volví a conocer (…). La libertad de los días”.

Forestry House en Bamenda. Fue una de las primeras casas que habitó el padre del autor ("el africano"). Se encontraba en Bamenda (en el oeste de Camerún), y en el libro se describe sencillamente: “Una verdadera casa de madera de un piso, cubierta por un techo de hojas que mi padre va a dedicarse a reconstruir con el mayor cuidado”. En el patio “cada día las mujeres y los chicos se instalaban, sentados en el suelo, para esperar la hora de su consulta, un diagnóstico o una vacuna”. Suficiente.

La cabaña de Banso. A partir de 1932 el médico y su mujer se instalaron en la montaña de Camerún, en Banso, donde estaba previsto construir un hospital. “Era el umbral del país llamado `salvaje´, el último puesto donde se ejercía la autoridad británica”. La casa era “una cabaña rústica de adobe y palmeras” que podría considerarse perfecta. Pues en Banso destacaba, en efecto, “la perfección inmemorial de sus paredes de adobe y sus techos de hojas”. Pero el médico tenía a su cargo un territorio inmenso, y con frecuencia debía hacer noche en “cabañas de paso, simples chozas de ramas y palmeras al borde del camino, donde colgaban sus hamacas”.

Las chozas en el paisaje. “Mi padre y mi madre sintieron allí una libertad que nunca habían conocido en otra parte. Caminaban todo el día, tanto a pie como a caballo, y se detenían a la noche para dormir bajo un árbol al raso, o en un campamento sumario, como en Kwolo, en la ruta de Kishong, una simple choza de barro seco y hojas donde colgaban sus hamacas”. Conocieron “la ebriedad de la vida física”.

En la inmensidad excesiva de aquella región (todo excesivo: el sol, la noche, el calor, la lluvia, los árboles, las distancias) podía vivirse “en estado de gracia”. Al menos en el sentido que el mismo Le Clézio señala: “Me acuerdo de todo lo que recibí cuando llegué por primera vez a África: una libertad tan intensa que me quemaba, me embriagaba y la gozaba hasta el dolor”.

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