Detalles del post: Siempre la maleta ahí

12.10.09


Siempre la maleta ahí
Permalink por Saravia @ 23:13:16 en Una ciudad como su nombre -> Bitácora: Mundos

33. El hotel

Una suite del Hotel Thérèse de París (imagen procedente de es.escapio.com)

Al llegar, se nos presenta el hotel, por mísero que sea, como si fuésemos los grandes triunfadores que recorren el mundo. Únicos e inolvidables. Todo en él apunta, por mísero que sea, a un lujo casi siempre imposible. Pero enseguida, al poco de subir a la habitación, y por confortable o incluso suntuoso que sea, asoma la soledad, el silencio, la incomunicación. El aburrimiento. Los hoteles son siempre duros y aburridos, aquejados de “tristeza nómada” (López Velarde). ¿Qué haremos con los hoteles en nuestra ciudad?

[Mas:]

Contamos, en principio, con dos libros especializados y múltiples anotaciones. Uno de 2001: W. A. Rutes, R. H. Penner y L. Adams, Hotel Design. Planning and Development (Oxford, Architectural Press; 422 páginas de gran tamaño). Otro de 2008: Coral Bracho, Cuarto de hotel (Valencia, Pre-textos Poesía, 61 páginas de muy pequeño formato). ¿Qué nos dicen? Ante todo, que en el hotel somos nómadas: “Los que viven aquí / parecen estar de paso” (Bracho, “Entre estas ruinas”). Lejos queda la casa, y siempre “está la maleta ahí, / en el borde del cuarto” (Bracho, “Cambian calladamente de lugar”), indicando el viaje, recordando la partida. Pero sobre todo los hoteles llevan el sello de la soledad, aunque de nada de esto trata el libro de Architectural Press.

Veámosle antes de seguir. Es un libro muy completo. Analiza los tipos de hoteles, 50 tipos diferentes de hoteles, con cierto detalle. Hoteles céntricos y hoteles suburbanos. Resorts, hoteles de convenciones y hoteles de conferencias. Residencias y condominios. Hoteles de estancia prolongada, de super-lujo, mega-hoteles, desarrollos de uso mixto, Casinos-Resort, Resort Ecoturístico, Ski Lodge, Cruceros, Medical/Mineral Spa, Country Club, Bed & Brekfast, Condo, Castle Hotel, Senior Residences, Airport Hotel, Office Park Hotel, Shopping Mall Hotel, actualizaciones de hoteles existentes, … y hasta los hoteles espaciales (Spacetel) o submarinos (Merinetel). Según los autores todos los hoteles proceden de tres troncos básicos: los caravansares, casas de huéspedes orientales y monasterios, en primer lugar; los baños griegos y romanos, por otro; y las viviendas (populares o aristocráticas), finalmente. Estudia en los distintos hoteles las consideraciones de diseño del edificio y del lugar, ofreciendo algunos ejemplos significativos y señalando las tendencias. Después presenta una guía de diseño, que en el apartado dedicado al “Site and Master Planning” desarrolla especialmente las implicaciones de los “resorts” y hoteles suburbanos, su incidencia en el paisaje y los efectos sobre el tráfico rodado de la zona. Pero no dice nada de la experiencia del hotel. Basta con saber que son espacios destinados generalmente al ocio, otras veces a celebrar congresos, y algunas veces más se llega a ellos con cualquier otro propósito. Un libro interesante, sin duda. Pero que nada dice de la experiencia o el significado del hotel.

Y nada dice, por tanto, de la soledad. Porque en los hoteles se siente la soledad posiblemente como en ningún otro sitio. Algunos llaman al hotel “lugar de solitarios” (Mª Elena Blanco), donde se ve a “la flota de las horas naufragar en la noche” (Blanca Andreu). En un hotel, nos dicen otros, “desde la ventana todo es aburrido” (Héctor Freire). Hasta el paisaje pierde vigor en sus proximidades. “En la ventana, unas letras grandes decían algo al revés” (Freire). Y basta con eso. Armando Uribe llega a caracterizar al ataúd como “hotel deshabitado”. Los testimonios son numerosísimos. El hotel es hogar de solitarios. Pavese se suicidó en un hotel, y Juan Luis Panero lo recrea así: “Solo entró en el hotel vacío, / abrió su solitaria habitación / y escuchó con asombro el silencio (…). Horas después –una extraña sonrisa dibujaba sus labios- / se anunció a sí mismo, tercamente, / la única certidumbre que al fin había adquirido: / jamás volvería a dormir solo en un cuarto de hotel”.

El silencio es también propio de estos edificios. Mutis describe “la voz de los hoteles” aludiendo a “los murmullos en la escalera (…), el ronroneo de los ascensores”. Los objetos, incluso en los hoteles llamados “con encanto”, acaban siendo inexpresivos. Por un lado, la omnipresente moqueta, que no hay manera de que desaparezca. Pero sobre todo esos “catres mercenarios” (López Velarde), esos “colchones hundidos de tanta humanidad” (Reina Mª Rodríguez). Es cierto que al llegar te invade, “durante unos segundos”, esa “curiosa felicidad que deparan al hombre las cosas que casi son un arquetipo” (Borges en “Hotel Esja, Reikiavik”). Pero pronto se diluye hasta desaparecer. Nunca se consolida un proyecto de orden. “En los objetos no hay proyecto de orden ni solidez” (Coral Bracho, “No hay contorno ni peso”). Se ha dicho que el hotel es duro porque no está aquella persona que debería estar. Pero, con ser doloroso, no es lo peor. Lo más duro, según creemos (de acuerdo con Porerror), y a la vista del cuadro de Hopper, es pensar que al llegar a casa “sólo le espera a uno una habitación de hotel”. En nuestra ciudad habrá que reconsiderar radicalmente los hoteles.

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