Detalles del post: Papeleras y buzones

16.11.09


Papeleras y buzones
Permalink por Saravia @ 16:24:09 en Pequeñas cosas -> Bitácora: Mundos

Qué hacer en la calle con los papeles

Buzón de correos en una calle de Jaén, 2005. Unos metros más adelante, a la derecha, se ve una papelera (foto de Michelangelo-36, publicada en wikipedia.org).

Salvo que el lector ya esté curado de espanto, no se lo va a creer: hay papeleras inteligentes. Como lo oyen. Es cierto que algunas tienen cara de listas; pero calificarlas de inteligentes supone un grado más, para el que no estábamos preparados. De manera que, salvo error u omisión, ésta podría ser la lista de la inteligencia en el momento presente: coches inteligentes, casas inteligentes, ciudades inteligentes, papeleras, personas, delfines y monos (el orden de los tres últimos se ha puesto al azar).

[Mas:]

La inteligencia de las papeleras inteligentes, también llamadas ciberpapeleras, consiste en que tienen un chip “que avisa a los coches de mantenimiento del Ayuntamiento, en tiempo real, acerca del estado en que se encuentran. Ya sea por haber alcanzado la máxima capacidad, o por haber recibido algún daño, los operarios recibirán el aviso y podrán acudir rápidamente a solventar el problema”. Ante lo cual sólo podemos decir: ¡qué guay! Al parecer, 60.000 de estas superdotadas papeleras se van a instalar en Madrid. El precio de cada unidad oscila entre los 370 y los 1.281 euros (no pensarían que iba a ser gratis). Pero será un dinero bien empleado, sin duda. Parece que las estamos oyendo: “Estoy llena”. Impresionante.

Mas sin llegar a esa sofisticación (tan cara, tan cabreante, tan fuera de lugar) nos interesa recordar la necesidad de papeleras en la ciudad. Hay que atender a su equilibrada distribución (suelen favorecerse determinadas zonas urbanas, como denunciaba Martínez Sarandeses), su capacidad (de 30 a 60 litros: otra cosa son los contenedores de papel para el reciclado, de unos 3 m3), una disposición que permita su uso por toda la población (con una altura de la boca no excesiva para los niños, por ejemplo), el cuidado de los soportes (los árboles no son soportes adecuados para las papeleras), las dificultades que presentan algunos mecanismos de vaciado, su limpieza, deformabilidad, oxidabilidad, combustibilidad, los barrotes o ranuras que retienen elementos menudos, la retención de agua en las papeleras de boca vertical y fondo cerrado (seguimos con Sarandeses); el acomodo a la zona en que se emplaza, etc. Lo cierto es que no es nada fácil acertar con su diseño (si bien, al menos, algunas acaban siendo imaginativas). Además se proponen ahora papeleras (o más bien, como se las denomina en algún lugar, “cubos de basura para reciclaje”) con tres depósitos diferentes, con los tres colores codificados. Y por supuesto, hay que decidir también sobre materiales, coste, durabilidad y mantenimiento. Las hay de malla deployé, chapa perforada, madera, pletinas, plancha metálica. Con cenicero o sin él. Y últimamente se ve, en ciertos lugares, la sustitución de la papelera típica por una simple bolsa de plástico transparente, para mayor higiene con poco coste. El citado Martínez Sarandeses recomendaba una fórmula para acertar con su emplazamiento: colocar primero papeleras provisionales, y fijarlas más adelante en los lugares donde se hubiera comprobado el acierto. En todo caso, las papeleras (incluso los más elementales cestos o cubos) contribuyen a que el espacio urbano parezca más civilizado.

Pero entre los contenedores urbanos de papeles suelen apreciarse más los buzones de correos. A las papeleras se arrojan los papeles inútiles, mientras que en los buzones se depositan los más queridos. Ver un buzón es, además, ver el Servicio de Correos. Hermes y la trompetilla (la cornamusa, el logo del Servicio de Correos de tantos países, desde Noruega hasta España. Por cierto: ¿no recuerda algo a la @ del correo electrónico?). Un servicio cargado de historia y expresivo de la civilización. El cartero que lo recoge, el que lo reparte. Las cartas. Las cartas: “donde se apoya el recuerdo / la gravedad de la ausencia, / el corazón, el silencio” (Miguel Hernández, “Carta”). Por ellas puede oírse en el buzón el rumor de la vida misma, “un latido de cartas / navegando hacia su centro”. Con el auge del correo electrónico, poco futuro se asigna a este elemento de la calle. Con lo cual es posible que se libre de hacerse inteligente.

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