Detalles del post: Un dolor sin orilla

31.12.09


Un dolor sin orilla
Permalink por Saravia @ 18:22:31 en Una ciudad como su nombre -> Bitácora: Mundos

20. El hospital

Claustro del Hospital Orléans Porte Madeleine (imagen de Croquant, 2008, procedente de commons.wikimedia.org)

Nos acercamos al hospital. “Olores de medicinas en el aire / que pesan, se enamoran y mezclan / con los escapes de automóviles que huyen” (Séferis). En estos edificios se da la concentración más importante de recursos de salud, conocimientos profesionales y equipo médico. Pero también, probablemente, de dolor. Allí se encuentran los “enfermos tiernamente guardados” (Rubén Bonifaz), bien atendidos para que no se quiebren sus débiles “sueños bien algodonados” (Goya Gutiérrez, “Ciudad hospitalaria”). A pesar de ello, no deja de ser una “anticasa”. Un lugar, el “aeródromo de los hospitales”, donde se lleva a los enfermos “para que no pierdan su vuelo” (Enrique Lihn). ¿Habrá algo que decir?

[Mas:]

Domina el blanco, en un contexto de belleza algo triste. “Altas paredes con blancos azulejos. Pensé: es un hospital” (Abelardo Linares). Porque son blancos los hospitales: “la ciudad extendía sus hospitales blancos” (Benjamín Prado). Mas suele ser un blanco tenue y débil, apagado: “Anduve por el hospital / donde el blanco es desolado y sucio / donde el blanco es el color que queda cuando no hay color / y donde la luz es ceniza” (Sophia de Mello). Un blanco frío, “sábana nieve de hospital invierno” (Carlos Edmundo de Ory). Domina el blanco en un contexto de belleza triste. Los jardines banales, como tantas veces: “Es como esos jardines que hay en los hospitales / es la vulgar cadencia de una música en boga” (Horacio Rega). Un poco más allá, junto a la luz, “en las ventanas del hospital / se calientan los convalecientes” (Georg Trakl). Porque el sol penetra en las ventanas “cual rey, sin séquito ni pompa, / tanto en las casas regias como en los hospitales” (Baudelaire, “Las flores del mal”). “Belleza triste, belleza de hospital ya disecada” (Evaristo Carriego).

Un lugar habitado por seres especiales. Enfermos y enfermeras. Enfermos como barcos que en la noche “buscan ser mirados para hundirse tranquilos” (Lorca). Enfermos que, en consecuencia, aman el silencio: “Porque el hombre enfermo / ama la roca / que lo endurece / ama el silencio / que lo supera” (Pedro Casariego). Enfermeras bondadosas: “Siente el enfermo que una mano tibia / ahuyenta, cual la pluma, de sus sienes / la amarga realidad” (Gil-Albert). Bellas: “Jamás he tenido una barba blanca como las bellas enfermeras y los arroyos helados” (Huidobro). Una vez más bondadosas: “Sé tú como enfermera bondadosa, / cuya mano ideal viene y se posa / llena de suave bálsamo, en la herida” (González Urbina).

Lugar habitado por el dolor, la enfermedad y la herida. Enfermedad como la noche (“solícita, poeta, enferma, fría”: Lope de Vega, “A la noche”), como el verano (“esa larga enfermedad que es el verano”: Sánchez Carrión), como la vejez (“es una enfermedad inconfesable / el irse acostumbrando a la renuncia”: Vélez Otero), como la vida (“que es enfermedad la vida / y muero viviendo enfermo”: Unamuno). Dolor como el olvido (“sentirme el olvido perenne del mar”, en “Dolor”, de Alfonsina Storni), como el desierto (“el dolor se hizo más amargo / todo un árido desierto”: Élouard), como el desamor (tu amor es la “nave central de mi dolor”: Claudio Rodríguez), como el cáncer (“proyectaba raíces que, invasoras / se hincaban en la carne”: Dámaso Alonso en “Dolor”), como la vida (“este fuerte dolor de la existencia”: Brines). Herida como el río en el campo (“la lenta herida del río”: Espriu), como el aire en la frente (“veo tu frente herida por el aire”: Lentini), como el amanecer, como la vida. ¿Habrá algo que decir?

En “el hospital, donde el dolor hace más hermanos que los que puede hacer la pobreza” (Sabines), se vive esa hermandad. El “dolor sin orilla” (Eugenio Florit) busca entre los pabellones compañía. Y también fuera del hospital. ¿Podremos decir algo? Acercar las heridas, las heridas de dentro y las llagas de fuera del hospital: tal es, después de todo, nuestro único programa. Pues, lo sabemos, “no hay deseo mayor que el del herido por otra herida” (Georges Bataille).

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Comentario de: Saravia [Member] · http://urblog.org
En un poema de Jorge Riechmann ("Tanto dolor escrito en este cuerpo...") se dice que "En el hospital el tiempo es otro tiempo", y puede leerse la siguiente descripción de las habitaciones: "Lo que desaparece es la impaciencia. / La habitación es un vagón de ferrocarril / y el tren no va a llegar a su destino / antes de tres semanas".


URL 25.04.10 @ 12:23
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