Detalles del post: Un vals de Shostakóvich

03.01.10


Un vals de Shostakóvich
Permalink por Saravia @ 18:15:33 en Una ciudad como su nombre -> Bitácora: Mundos

41. El centro

El centro de Cambridge, Inglaterra (imagen procedente de ccwe.files.wordpress.com).

Nos gustan los centros densos y cuajados de las ciudades como nos gusta este vals de Shostakóvich. Es la misma música lo que se oye desde el interior de la obra del compositor (y árbitro de fútbol) peterburgués y en el recorrido de esos centros urbanos atractivos, compactos, profundos, dorados. Complacen, eso sí, a condición de que no los analices. Porque de hacerlo se multiplican las contradicciones, las confusiones, el trastorno. Fusiones de lo culto y lo popular, burlas de la alegría forzada, prodigios de polisemia y enigma, la confusión es múltiple en sus biografías (del compositor, de los centros históricos), y la pretensión de análisis nos desasosiega.

[Mas:]

Si preferimos evitarlo tenemos para la ocasión, desde luego, el consuelo de un urbanismo devoto que nos ofrece una serie de claves explicativas tranquilizadoras. Insuficientes a todas luces, pero útiles como sedante. Según esta interpretación los centros están sujetos a una serie de amenazas básicas bien conocidas, cuyo control garantizaría la calidad. Les acecha la terciarización (desde hace décadas, es cierto, incluso ahora que se nos dice vivir en un mundo ya nunca más organizado por la distancia); la transformación bárbara de su imagen (por irrupciones de un lenguaje arquitectónico inapropiado, aunque no sabemos muy bien cuál es el apropiado), la elitización (a la vez, paradójicamente, que su contrario: el deterioro), la banalización (el fachadismo, el sentimentalismo popular, que se dice tanto despreciar por los técnicos como apreciar por los políticos, aunque ambos términos están por demostrar), el impacto del tráfico (la multiplicación de aparcamientos, pero también su contrario, la excesiva peatonalización). Tenemos, por tanto, una interpretación sobre cuáles son los ejes de análisis que importan en los centros urbanos (en los que habría que determinar las posiciones adecuadas para cada tema: ni mucho ni poco). Una explicación que alivia y consuela. El alma se serena. Sabemos qué hay que hacer. Lástima que esa fórmula, arrastrada ya desde hace tantos años, termine por hacer opaco el centro mismo, eliminando de la percepción otros muchos rasgos significativos, igualmente vibrantes. Anula la inquietud, pero corremos el riesgo de la inanición.

Probemos, para mover la rueda de lo que ha quedado fuera, con dos aspectos típicos de la centralidad urbana, referidos respectivamente a la materia y al espacio: la piedra y la cualidad. Porque en los centros (desde luego en los históricos, pero no sólo) se construye en piedra. Mucha piedra o mucho recuerdo de la piedra. Cada centro es “maraña de interminable piedra entretejida” (Borges). Y la piedra es estabilidad, persistencia, fidelidad. “La piedra, quieta, / callada, ocupa siempre / con violencia un espacio. / Con la fija obsesión / de no dejarlo” (Lorenzo Oliván). Pero en su quietud encierra un secreto. “Aún lo espero todo de la piedra y las olas. / Pondré mi oído en la piedra hasta que hable, / hasta que ceda su secreto de cohesión y firmeza, / de indiferencia y persistencia” (Ospina). ¿Quién lo desvelará? Oigamos a José Emilio Pacheco (en “Piedra”): “Lo que dice la piedra / sólo la noche puede descifrarlo”. ¿Qué nos interesa de esa “ciudad de piedra”? El secreto, el vuelo, el sueño, que sólo la noche nos descifra: “La realidad es un sueño. Si soñamos / que la piedra es la piedra, eso es la piedra” (Pedro Salinas). En la ciudad de piedra cabe cualquier sueño, con tal de insistir en él. “Sólo muere / un amor que ha dejado de soñarse / hecho materia y que se busca en tierra”.

Pero el centro se diferencia de la periferia (así se nos ha dicho) por ser cualidad. El centro es intensidad y en la periferia se busca cantidad; extensión y cantidad. Por eso cabe concebir también el centro como agujero negro. Su espacio cóncavo atrae a todo con su remolino que “absorbe lo que cae en su constante / girar sobre sí mismo y lo conduce al centro / de su propia espiral vertiginosa” (Oliván, de nuevo). Fuerzas centrípetas contra el policentrismo disgregador que tienden a unir a todos en un único y más poderoso centro. Pero no sólo es atracción: también vacío. “El centro es un lugar desierto”, escribió Valente. Cirlot lo ve lejano (“el centro es lo lejano”). Martínez Sarrión lo considera inaccesible (“el centro inaccesible”). Y Brines nos ofrece otra caracterización definitiva: “Pude conocer que era la soledad el centro de este mundo”. Pero a pesar de ser huidizo, vacante y solitario, Celan lo ve también acogedor, hospitalario: “Oh ese centro errante, vacío, / hospitalario”. Festivo: “En el centro de la fiesta / está el vacío. / Pero en el centro del vacío / hay otra fiesta” (Juarroz). Efectivamente una fiesta: “El centro es como un círculo, como un tiovivo de pintados caballos” (Valente, una vez más). Vivir la luz como sin sombra, estar en el centro como si no hay afueras (Benedetti: “el amor es un centro”), tal es la idea que se nos sugiere.

Los centros nos gustan, decíamos, como el vals 2 de Shostakóvich. Allí se sueña y se está en plenitud. En luna llena. Por momentos hay orden, paz, belleza. Explotan el secreto de la centralidad, la mezcla y el viaje. Pero finalmente nos dejan abandonados, como también ingrato se olvida de nosotros ese mismo vals cuando se acaba. Al cabo (una vez más Valente), “el centro se ha borrado. Estaba aquí, en donde tú estuviste”. ¿Qué nos queda? “Queda la vibración. ¿La sientes todavía?”. Pudiera sentirse en el aire electrificado de los siguientes versos de Jesús Aguado y Jorge Riechmann. Cada vez que muere, hemos de “hacerle el boca a boca al centro hasta que vuelva a respirar”, nos dice el primero. Un centro en cada casa, en cada rincón, en cada esquina. Policentrismo absoluto y radical, pues “el centro no es Dios (el centro no es el Centro), sino tú, yo, cualquiera de nosotros”. Y siendo cada lugar y cada uno (vamos ahora a concluir con Riechmann), el centro puede ser (así se pensó en Letchworth), un valle, una pradera: “Tu cuerpo es el centro de este valle / Este valle es el centro de tu cuerpo”.

sigue este post xml

Comentarios, Pingbacks:

No hay Comentarios/Pingbacks para este post...

debes estar registrado para comentar


idioms

  • en <. . . english/français
  • es <--- español
  • fr <. . . english/français

Categories

  • Urblog
  • Náufragos
  • Territorios
  • Mundos
  • Plaza

  • Urblog

    bitácora principal de urblog sobre urbanismo y derechos humanos...


    participar


    Buscar



    sindicar

    _______________________

    código original facilitado por
    B2/Evolution



    !


    || . . the burgeoning city . . || . . la ciudad en ciernes . . || . . la ville en herbe . . ||