Detalles del post: Billetes firmados

27.06.10


Billetes firmados
Permalink por Saravia @ 21:28:21 en Cultura de los suburbios -> Bitácora: Plaza

A propósito, una vez más, de los “no lugares”

Tramo Villa María/ James Craik de la Autopista Rosario/ Córdoba, Argentina (imagen procedente de vialidad.gov.ar)

Se lee en la más que interesante novela de Yasmina Khadra Lo que el día debe a la noche (Barcelona, Destino, 2009) esta curiosa declaración de André Sosa (en Río Salado, Argel, verano del 42), sobre los americanos: “Fijaos un poco cómo tratan a su moneda. Es un billete de cien dólares. ¿Habéis visto alguna vez un billete francés tan garabateado? Son firmas. Es una tontería, pero también el pasatiempo favorito de estos americanos. Lo llaman Short Snorter. Puedes añadir billetes de distintos países. Algunos tienen fajos enteros de billetes así. No es para enriquecerse sino sólo para coleccionarlos… ¿Veis estos dos autógrafos? Son de Laurel y Hardy. Os juro que es verdad. Y éste es de Errol Flynn, nuestro Zorro planetario…”.

[Mas:]

No sabemos a ciencia cierta si la teoría de los “no lugares” es suficientemente consistente. Hay dudas. Pero es (ahora sin ninguna duda) extraordinariamente sugerente. De manera que podemos exportarla a otros campos del conocimiento. Y si existe algo parecido a un “no objeto”, de forma semejante al "no lugar", ése es el papel moneda. Creemos no equivocarnos demasiado si entendemos que el equivalente al no-lugar en el mundo de los objetos (lo que sería el no-objeto, la cosa anónima) es el billete de curso legal. Todas las caracterizaciones que hacía Augé del no-lugar cuadran ahora a la perfección en el no-objeto. De un sombrero, por ejemplo, podemos leer, de alguna forma, la identidad de quienes se lo calan, mas no del billete que se guarda. Los humildes folios del “galgo”, por seguir con objetos del tamaño de la mano, aluden de alguna forma a una historia compartida de quienes los usan (o usaban): definen, a su manera, un espacio, un mercado incluso, un ambiente compartido de administración, lectura, escritura, trabajo. Cada teléfono móvil (un ejemplo más) puede verse como “objeto retórico”, “donde cada uno se reconoce en el idioma del otro”, sólo con portarlo. Y así hasta el final.

¿Cuál será, por tanto, el objeto “de circulación”, hecho de la misma materia que las autopistas, pensado para el tráfico y la velocidad? ¿Cuál el signo mismo del consumo, vacío (por aplastamiento) de cualquier otro significado? ¿Cuál el más inmaterial? El papel moneda de curso legal. Nada hay (pese a lo que se diga) menos sentimental que un billete de diez euros. Los individuos negocian con él, pero no en torno a él. De quien nos lo da o nos lo reclama, en el instante mismo de la transacción, “sólo veo un perfil impasible, una mirada paralela, y luego cuando lo tengo delante el pequeño intermitente rojo que encendió casi sin pensarlo” (Marc Augé, refiriéndose a las autopistas). ¿Es que nadie ve ese intermitente cuando vuela un billete?

De ahí que resulte chocante la historia argelina. Extraña, pero paradójicamente reiterada. En muchos billetes figura un teléfono, un nombre, una cita o una firma. Un empeño por personalizarlos como sea, por hacerlos objetos sentimentales, pero, eso sí, sin que pierdan un ápice de su valor legal. Lo mismo que la personalización de los aeropuertos (tantas veces tan tremenda), las adelfas (E-05) y la retama (A-231) de las autopistas o el encantamiento de los hoteles. Desengañémonos: los “no lugares” también se coleccionan. Pero en ese momento, cuando ya no se quieren cambiar y pierden, en consecuencia, su valor de cambio, sólo nos queda el hálito borroso de quienes (Robin Hood, el Gordo y el Flaco) algún día pasaron por allí.

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Comentario de: mikamaera [Member]
Los short snorters son, desde la última Gran Guerra, el Marco Polo de cada uno. Dan fe de lo viajado en tiempo, gente y lugar. Su valor de cambio está en cada uno de los relatos posibles al extender sobre la barra, acompañado, la bobina del papel moneda y sus caligrafías. Y ello ante el debido snort: combinado fuertecito que, si nos atenemos a la leyenda, no llena el vaso, sino que se tira al medio (short). Da para mucho. Pero creo que andamos más próximos al Errol Flynn del Capitán Blood que al de su Robin Hood.

Es que si no lo cuentas no lo tienes.

Un abrazo.
URL 01.07.10 @ 11:47
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