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18.03.12


Código abierto.
Permalink por Poto @ 18:53:09 en Democracia -> Bitácora: Plaza

La verdad es una buena historia.

El 15 de marzo de 2012 la prestigiosa periodista Soledad Gallego-Díaz ofreció una conferencia con motivo de la inauguración del 26º curso de la Escuela de Periodismo EL PAÍS-Universidad Autónoma de Madrid. Esta fue nuestra lectura:

[Mas:]

1. El periodismo no pertenece a un dominio corporativo o profesional. No se confía a ningún guardián o autoridad y por lo tanto no se halla tutelado. Es absurdo creer que existen celadores que deben proteger al periodismo de los cambios o nuevas influencias. Es preciso favorecer el debate y consideración de toda innovación, muchas de ellas imprescindibles y algunas nocivas, como creer que la mera intercomunicación con los lectores puede sustituir a la indagación de los hechos.

2. Papel o tableta electrónica: falso debate. El problema es qué se representa en ellos en este siglo XXI, cómo le afectan los nuevos soportes y protocolos, cuál es el grado de riqueza o deformación que ello suscita, y si se encuentran en riesgo las reglas básicas del arte de informar. El concepto de periódico no está relacionado con el instante, sino con una tenaz interpretación del mismo.

3. Periodismo y comunicación: una necia e imprudente confusión. Uno de los mayores peligros de esta apasionante etapa es que la formidable fortaleza y expansión de la comunicación asfixie al periodismo y a sus reglas, desplazándolo como algo innecesario y obsoleto. ¿Qué reglas son esas? Kovach y Rosenstiel en su libro "Elementos del periodismo" las exponen así: "La primera obligación de un periodista es la verdad. Debe lealtad ante todo a los ciudadanos. Su esencia es la disciplina de la verificación. Debe mantener la independencia con respecto a aquellos a quienes informa. Debe ejercer un control independiente del poder...". La influencia del periodismo se basa en su capacidad para imponer agendas relacionadas con el interés público. Esas agendas públicas son también las que marcan las diferencias con la prensa amarilla o sensacionalista, que busca manifestar la suya como si fuera pública.

4. Albert Camus recomendaba a los periodistas "reconocer el totalitarismo y denunciarlo. No mentir y saber confesar lo que se ignora. Negarse a cualquier clase de despotismo, incluso provisional". Es muy fácil caer en ese descrédito si nos acostumbran a que no exista la verdad. Pero existe. Es la verdad que ayuda al sostenimiento de la democracia, porque le da al ciudadano instrumentos para llegar a sus propias conclusiones. El descrédito del periodismo viene cada vez más unido del descrédito de la democracia y entraña los mismos peligros.

5. Si para saber qué sucede en Homs basta Twitter, Facebook o los blogs de quienes viven en la ciudad, ¿por qué fue allí y murió Marie Colvin? Su trabajo en Homs no pudiera haberse realizado mirando tweets desde París o leyendo blogs desde Nueva York. Colvin fue a Homs porque su testimonio era importante. Ella trabajaba con unas reglas y buscaba la verdad de los hechos.

6. No podemos rendirnos a la prisa: suprimir el contexto de los hechos para ganar tiempo.

7. El periodista británico John Wilson llamó la atención sobre la obligación de ejercer un periodismo "irrespetuoso", pero responsable. "Los periodistas", dijo, "cuestionan temas que mucha gente prefiere que se dejen en paz, amenazan valores que cohesionan una sociedad cuando creen que tienen motivos para ello, erosionan el respeto si tienen datos que revelan que ese respeto está mal emplazado y agitan las instituciones en las que la sociedad confía para su estabilidad si descubren que no cumplen su función. En definitiva, iluminan problemas intratables, sin tener en cuenta si eso hace más y más difícil la posición de un Gobierno. Y destruyen la confianza en individuos que no se la merecen".

8. Lo peor: dejar de examinar los hechos y limitarse a vocear las distintas versiones. Eso no es periodismo. Volvemos a la comunicación, que consiste en compartir mensajes, y no en averiguar qué tienen de cierto. Periodismo, insistamos, es indagar en hechos, acontecimientos que tienen interés público y hacerlo respetando unas reglas. ¿Qué es de interés público? Desde luego, no lo que más interesa al público, sino algo muy distinto. Una definición clara la proporciona el Código de la Press Complaints Commission, del Reino Unido. Dice así: "Es de interés público detectar y exponer delitos o graves fechorías. Detectar o exponer una seria conducta antisocial. Proteger la seguridad y la salud pública. Evitar que los ciudadanos sean confundidos por declaraciones o hechos de un individuo". El gran periodista polaco Kapuściński decía que este no es un oficio para cínicos.

9. Nadie sabe nada del futuro. Los periodistas, menos que nadie. Limitémonos a describir lo que pasa en el presente y expliquemos por qué.

La conferencia, y el curso del que trae causa, versan sobre periodismo. Pero la resonancia de las palabras enuncia libertad, la necesidad de sostener una constante realimentación del proceso de información, eliminar el ruido, apostar por la educación en nuestro comportamiento. En suma, cumplir una democracia en la que la vida es importante. Igual que cuando hacemos ciudad, y cuando debemos protegerla.

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