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07.01.08


Anatomía de un campo de refugiados
Permalink por Saravia @ 16:24:17 en Maneras de hacer ciudad -> Bitácora: Mundos

El "grado cero" del urbanismo

Campo de refugiados de Jallozai, Paquistán. Imagen procedente de encarta.msn.com

Un campo de refugiados es un asentamiento humano en el que vive, durante un período indeterminado de tiempo, un conjunto de personas desplazadas forzosamente de su residencia habitual. Allí reciben ayuda humanitaria internacional, fundamentalmente en forma de alimentos, cobijo y asistencia médica. Hay unos 20 millones de refugiados en el mundo, de los que unos nueve millones son niños. Los datos, como siempre, son distintos según la fuente de que te sirvas. Además, la estancia en los campos es muy variable. En Albania, los refugiados de Kosovo vivieron en campos durante sólo tres meses, mientras los refugiados de Somalia han estado viviendo en campos en Kenia desde 1991. El de Jallozai, en Paquistán, se formó a partir de la invasión soviética, en los años 80. Y el de Tinduf, en el Sahara, se formó hace más de treinta años.

Y treinta años es mucho. No es exagerado decir que, en algunos casos, los campos son germen de ciudades. Y que en ellos está el urbanismo en grado cero. El mínimo del mínimo de la vida urbana. Lo menos que se puede pedir a una ciudad. Por eso deberían ser una referencia al urbanismo. Pero no una cualquiera, sino básica. ¿Cuál es la cantidad de agua necesaria? ¿Cuál el tamaño de la vivienda? ¿Qué significa la seguridad? ¿Cuál es el la relatividad del impacto sobre el medio ambiente? ¿Ciudad compacta? ¿Ciudad saludable? En los campos de refugiados sí que hay respuestas.

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Según la oficina del Acnur (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados), en su informe sobre “Tendencias Mundiales en 2006”, el número de refugiados en el mundo aumentó en ese año, en gran parte como consecuencia de la crisis en Irak. Este país había forzado, hasta finales de 2006, a 1,5 millones de personas a huir a otros países de la región, principalmente a Siria y Jordania. Pero no son el grupo más grande, que sigue correspondiendo en la actualidad a los afganos, que totalizan 2,1 millones. Otros grupos amplios son los sudaneses (686.000), somalíes (460.000) y refugiados originarios de la República Democrática del Congo y de Burundi, con unos 400.000 en cada caso. Los refugiados del Sahara en Argelia son más de 165.000. En los campos de refugiados de Tanzania viven cerca de 350.000 personas. En el Chad, 260.000; y más de dos millones en la región sudanesa de Darfur.

Los palestinos refugiados son un caso aparte: suman 4,3 millones de personas, distribuidas entre Jordania, Líbano, Siria y los propios territorios palestinos ocupados (franja de Gaza y Cisjordania). En América y la zona del Caribe son 2,3 millones. Y cerca de otro millón y medio se reparten por Asia y el área del Pacífico. Insisto: aunque se trata, en cualquier caso, de una cantidad de población elevadísima, los números son estimativos y, sobre todo, muy inestables, pues cambian con extraordinaria rapidez.

¿Cómo son los campos? Hay unas normas mínimas para la construcción de los campos de refugiados. Puedo citar las especificaciones del Proyecto Esfera, puesto en práctica por diferentes ONG y la Cruz Roja en 1997 ("Normas Mínimas de Respuesta Humanitaria en casos de Desastre"). Oxfam tiene su propia publicación. Y en UNHCR (o Acnur, en castellano) hay numerosísimos textos de referencia. Por su parte, el grupo de estudio Shelter también ha publicado algunos estudios sobre la cuestión y puesto en orden la bibliografía existente. Y debo citar, por último, el trabajo de Norwegian Refugee Council titulado Camp Management Toolkit, sobre un campo en Sierra Leona, construido en 2002 y que ha dado lugar a una amplia reflexión disciplinar.

25 piezas y aspectos básicos

Con la única pretensión de comentar algunos aspectos de la ordenación de los campos, recojo a continuación algunas de sus formulaciones típicas que he podido leer. Lo presento desde el punto de vista del urbanismo, y con la idea de que sirva de referencia para el urbanismo.

1. INFORME INICIAL. Aún teniendo en cuenta la urgencia con que hay que actuar siempre, lo primero que debe plantearse, antes de decidir la ubicación de un nuevo campo, es contar con un informe sobre la situación. Una evaluación inicial que permita comprender las circunstancias de la catástrofe y analizar las amenazas que pesan sobre la vida, la dignidad, la salud y los medios de subsistencia de la población afectada, a fin de determinar la naturaleza de la intervención que ha de llevarse a cabo. Hay que tener en cuenta que cada campamento de refugiados es diferente ya que cada situación es también única. En la mayoría de los casos, el diseño apropiado de un campo no es posible porque los refugiados ya se han decidido el emplazamiento y llevado a cabo sus propias determinaciones. En este caso, las agencias de ayuda deben preocuparse por cómo mejorar el campo, y en caso extremo plantear otra ubicación alternativa y proponer el traslado a ella de los refugiados.

2. EMPLAZAMIENTO. Los campos por lo general se localizan en las proximidades de las ciudades, en áreas seguras, lejos de las fronteras, zonas de guerra y campos de minas. Lo mejor es conseguir un terreno levemente inclinado que proporcione drenaje natural. Y que quede lejos de lugares insalubres, donde puedan prosperar poblaciones de insectos transmisores de enfermedades. Por supuesto, debe acompañarse de un informe sobre los eventuales riesgos de todo tipo presentes en el área.

3. PLAZO DE DISEÑO. Sólo quieren decir la longitud de Campos de Permanencia para ser soluciones temporales, dando a refugiados un lugar para vivir hasta que ellos seguramente puedan volver a casa. No los quieren decir para ser residencias permanentes. Sin embargo, los organizadores han aprendido a planificar para el tirón largo porque los refugiados a menudo terminan por vivir en los campos para mucho más largo que el inicialmente esperado.

4. TAMAÑO, DIMENSIONES. El tamaño, la densidad, la estructura socioeconómica y la independencia respecto a la ayuda externa de los campos de refugiados varían enormemente de un contexto a otro. Son denominados así incluso algunos asentamientos agrícolas o rurales, principalmente establecidos en el África Subsahariana, en los que a través de la distribución de parcelas de tierra para cultivo se busca la eventual autosuficiencia de la población refugiada.

Tamaño, medido según población: La Población el número de la gente que vive en un campo depende de la crisis. Cuando el número de refugiados está en unos cientos de miles, las agencias de ayuda tratan de establecer varios campos más pequeños en lugar de uno masivo, de forma que la población de cada uno de ellos no supere las 20.000 personas. Los campos más reducidos son más fáciles de manejar en caso de incendio, o en relación a la seguridad, control de enfermedades, etc. El campo modelo es de 10.000 personas (en algunos manuales) o de 20.000 (en otros). Siempre está en torno a esas cifras. Es decir: Medina del Campo diseñada en un suspiro (y con un orden “militar”. Quizá no esté de más recordar ahora el origen “campamental” de muchas de nuestras ciudades históricas).

5. PARTICIPACIÓN DE LA POBLACIÓN EN EL DISEÑO. Se considera importante que la población afectada por la catástrofe participe activamente en la evaluación, la concepción, la puesta en obra, el seguimiento y la evaluación de los programas de asistencia y concretamente del diseño de los campos. La primera tarea es, naturalmente, limpieza y despeje del terreno. Tanto para este trabajo como para muchos otros posteriores (y para la gestión diaria del campo) se acude con frecuencia a prácticas de “cash-for-work” (ayuda por trabajo).

6. LAYOUT, ESTRUCTURA. En la publicación noruega encontramos una buena sistemática de esta cuestión. Hay que decir que, en todos los casos que he podido consultar, los campos son de una extraordinaria simplicidad geométrica. (Posiblemente es la única fórmula posible, dada la urgencia con que hay que trabajar y la economía de medios). En la publicación citada se plantea el esquema de diseño de un campo de 10.000 personas. Se organiza como una “ciudad compacta” (en palabras suyas), subdividida según criterios estrictamente funcionales. Es esencial vital que el plan permita y facilite actividades diversas y pueda acoger iniciativas de los residentes, fomente la vida social y permita el buen funcionamiento administrativo. No se pretende que la “disposición modelo” que aparece en este esquema se tome como un diseño real, sino únicamente como referencia. El diseño específico depende de una serie de cuestiones prácticas y de contexto (topografía, vegetación, viento, demandas culturales, etc.) que no se pueden sistematizar ni generalizar de una vez por todas.

Como se ve en el esquema, el campo se organiza en distritos (tres en el ejemplo), éstos en barrios o unidades vecinales (4 por distrito), y cada de una de éstas en “cluster” o “racimos” de viviendas o refugios (unos 10 cluster por vecindad, y unas 16 viviendas por cluster). Se trata de una disposición típica, muy utilizada en el urbanismo anglosajón. En total serían unas 1620 viviendas (lo que supone una media de poco más de cinco personas por vivienda para llegar a los 10.000 habitantes). En cuanto a superficies: el cluster suma unos 3.200-3.800 m2. La vecindad ocupa cerca de 5 has. (220 x 220 m.). Y el campo total, en torno a las 60 has. (superficie media de suelo por habitante: 60 m2. En Valladolid: algo más de 90 m2. Según los estándares de la Handy Guide to UNHCR Emergency, Standards and Indicators, debe preverse una dimensión media bastante más baja, entre 30 y 45 m2 por persona).

Se ha pensado, en la solución que presentamos aquí (en el manual se ofrecen cuatro variantes más) las vecindades se organizan en torno a un espacio libre; y los equipamientos se distribuyen en función de la población que requiere cada estándar (también se prevén edificios religiosos en cada barrio o distrito). Para la organización del cluster es determinante la posición que ocupen las letrinas.

7. PUERTAS Y SEGURIDAD. En general, la seguridad es responsabilidad del gobierno anfitrión, que protege los campos con policía militar o local. En muchos casos los propios refugiados llevan a cabo algún tipo de autovigilancia. Suele decirse que la inseguridad aumenta en los campos que no están cercados. Como los refugiados no tienen muchos bienes, el principal objeto de la vigilancia es la seguridad personal, la prevención de agresiones y violencia contra las personas, y singularmente la violación de mujeres. A veces las propias ONGs disponen seguridad civil (privada). Una queja frecuente de los gobiernos dice que los campos son usados por soldados rebeldes y para el contrabando de armas.

En algunos casos el campo se cerca con alambre de púas. Los gobiernos anfitriones insisten a menudo en que se evite la mezcla de los refugiados con la población local. En Tailandia, por ejemplo, no se permite a la gente entrar en los campos sin permiso del gobierno. Otros campos, sin embargo, están completamente abiertos, permitiendo a los refugiados entrar y salir, ir y venir a su antojo. En los campos de Paquistán, por ejemplo, no parece haber ninguna diferencia entre los pueblos del lugar y los campamentos de refugiados, salvo que estos últimos están habitados por refugiados afganos. Y respecto a otros temas de seguridad, es importante formar cortafuegos (áreas no edificadas) cada 300 m. de espacio urbanizado.

8. CALLES Y CAMINOS. También se controla el acceso de vehículos. Dentro del campo deben establecerse buenos recorridos rodados a las instalaciones principales, como centros médicos, depósitos de alimentos, etc. Y también deben preverse cómodos caminos, en su caso, hacia las letrinas comunales. Pero por lo general no se diseñan calles para uso de vehículos entre las viviendas, sino senderos peatonales. Curiosamente se plantean en estos campos algunos estándares que se desprecian en nuestra práctica urbanística. Como la medida porcentual del espacio ocupado por el callejero (calles y caminos interiores), que según la guía de UNHCR debe situarse en torno al 20-25% de la superficie total.

9. VIVIENDAS, REFUGIOS. La superficie mínima recomendada para las viviendas (normalmente se emplea la expresión “refugio”) es 3,5 m2 por persona, si nos encontramos en climas calientes donde se cocina fuera. En caso contrario aumenta hasta los 4,5 ó 5,5 m2. En los lugares de clima más frío no sólo es necesario contar con que se cocine en el interior, sino también con instalaciones de baño protegidas. Suelen disponer se estufas para el calor y la cocina. Hay que advertir que en situaciones de urgencia se puede llegar a organizar a la gente en refugios mucho más pequeños. La distancia mínima entre refugios debería ser de dos metros.
Por lo general se tiende a levantar estos refugios con materiales locales (madera, ramas, y también metales y plásticos disponibles). Pero en situaciones de emergencia, o si no hay materiales disponibles, se proporcionan tiendas de campaña. Los refugiados deberían poder estar de pie en toda la superficie de la tienda sin dar contra el techo. Y debe garantizarse que estos espacios de vivienda protejan del sol y de la lluvia, y estén a salvo de los insectos transmisores de enfermedades (mosquiteras). Las tiendas duran dos a tres años. Lo mejor es que sean los propios refugiados quienes se construyan sus refugios, con materiales, instrumentos y ayuda técnica que les proporcionan las ONGs.

10. SERVICIOS: CENTRO DE RECEPCIÓN E INSTALACIONES ADMINISTRATIVAS. Se prevé que sumando la superficie ocupada por los equipamientos y la de los espacios libres (dejando aparte las calles, ya contabilizadas anteriormente) se ocupe un espacio próximo al 15-20% de la superficie total del campo.

Uno de los principales equipamientos es el Centro de Recepción. Cuando llegan nuevos refugiados, deben saber dónde acudir. Allí deberían poder descansar y protegerse, a la espera de su registro. Aún con todas las cautelas de todo tipo, suele insistirse en que esta operación de registro es importante, pues es la información de que se dispone para organizar la ayuda. Para evaluar las necesidades es preciso saber cuántas personas están en el campo, qué edad tienen, cuántas mujeres embarazadas, etc. En el centro de recepción se suele facilitar una especie de documento de registro que luego les permitirá ser objeto de las ayudas (por ejemplo, recibir las correspondientes raciones de alimentos). Allí recibirán también un primer paquete con alimentos y otros artículos como mantas, vestido y utensilios de cocina. Se les informa y orienta sobre el funcionamiento del campo (responsables, reglas, etc.). En algunos casos reciben un primer análisis médico, y se les asigna una vivienda o refugio. Este centro de recepción se localiza habitualmente en la entrada del campo.

11. LUGAR DE ENCUENTRO. En los campos suele establecerse uno o más lugares de encuentro, con distintas finalidades. Por ejemplo, allí se reúnen los líderes o los representantes de los refugiados. Consiste, por lo general, en una tienda o en un simple porche protegido del sol. Los líderes son elegidos por los refugiados para representar a las diferentes secciones del campo.

12. SERVICIOS: EQUIPAMIENTOS SANITARIOS. Es una de las instalaciones principales, obviamente. Los estándares recomendados por la ONU son: un centro de salud cada 20.000 personas, y un hospital cada 200.000. En el centro médico se proporciona asistencia primaria, coordinada desde un centro principal o central. La asistencia médica incluye el acceso a una lista final de selección de medicamentos esenciales (entre 30 y 40), que se selecciona en función de las enfermedades más habituales en estas situaciones de emergencia. En algunos campamentos (dependiendo de su tamaño, y de otras circunstancias) se cuenta con hospitales o clínicas de buen nivel, donde se pueden realizar operaciones quirúrgicas de cierta complejidad. Si los refugiados tienen el acceso a un hospital en la “ciudad sede”, no se construirá ningún hospital en el campo. Lo que sí hay, y por todas partes, son “puestos” de salud (uno por cada 3-5000 refugiados). Allí las enfermeras proporcionan tratamiento para dolores de garganta, fiebres, cortes o similares.

Uno de los riesgos sanitarios más graves es el del cólera. Se puede extender simplemente bebiendo agua contaminada o por medio del alimento. Causa diarreas y vómitos severos, pero sin un rápido tratamiento el 50% de la gente afectada morirá por deshidratación. Hubo un brote de cólera en los campos de refugiados ruandeses en 1994, donde se encontraban entre 500 y 800.000 personas. Enfermó el 10% de la población, y en su momento álgido se llegó hasta los 1.000 muertos diarios. El riesgo es tan elevado que cuando aparece un brote es urgente aislar las instalaciones médicas que lo tratan del resto del campo, para ayudar a contener su expansión. Los indicadores más importantes sobre el estado de salud de la población de un campo son, según el Manual del UNHCR, el índice de mortalidad general y el índice de mortalidad de menores de cinco años. El objetivo es mantener el índice de mortalidad general por debajo de una persona por cada 10.000 al día. Más de una persona al día se considera una situación muy seria, más de dos una emergencia y más de cinco una catástrofe.

13. SERVICIOS: REPARTO DE ALIMENTOS. El depósito de alimentos (el antiguo “pósito”). Por lo general se trata de una gran tienda. Estos depósitos se deben situar cerca de las oficinas administrativas (por motivos de seguridad), y no lejos del acceso principal (por razones funcionales, para evitar que los camiones se internen en áreas pobladas, con riesgo de atropellos). Para la distribución se disponen varios “Puntos de distribución de alimentos”, en torno a un punto por cada 5.000 habitantes. Allí los refugiados no tienen que acudir cada día, sino una vez por semana o incluso cada dos o tres semanas. Se intenta que los repartos se hagan en fechas diferentes en cada punto y para cada grupo de gente o sección del campo, para evitar la formación de largas colas. El tipo de alimento que se proporciona es diferente, según la zona de que estemos hablando. En algunos lugares se reparte preferentemente arroz, mientras que en otros se distribuye trigo. Depende de las culturas. La ración mínima recomendada es de 2.100 calorías por persona y día.

La distribución de alimentos es una de las cuestiones esenciales. Cuando se producen recortes se amenaza la estabilidad social, aparte de los problemas de salud que puedan generar. Según el Programa Mundial de Alimentos (PMA) “los refugiados que permanecen en campos y asentamientos remotos son extremadamente vulnerables al hambre y la malnutrición. Dependen de la generosidad de sus anfitriones y de la comunidad internacional para las necesidades más básicas, como los alimentos”. Y António Guterres, Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados, recuerda que “cuando la comida escasea, a menudo los refugiados se lanzan a medidas desesperadas para alimentarse a sí mismos y a sus familias. Nos preocupa especialmente su salud, la violencia doméstica y cómo los refugiados recurren al empleo ilegal e incluso la prostitución sólo para poder poner comida en la mesa”. En algunos casos el PMA se ve obligado a reducir las raciones de comida de cientos de miles de refugiados en África. En la práctica, esos recortes se traducen en grandes privaciones y sufrimiento entre los refugiados, especialmente desde que los programas de alimentos suplementarios para niños y mujeres embarazadas o con bebés en periodo de lactancia, también son reducidos.

14. SERVICIOS: EDUCACIÓN. También para este equipamiento los estándares son importantes. Se plantea, en principio, una escuela por cada sector, es decir por cada 5.000 habitantes del campo. Según Save the Children es importante mantener el servicio escolar en los campos de refugiados, porque interesa para los niños "mantener el sentido de la normalidad". Manteniendo algún tipo de la educación se ayuda a conservar el sentido de normalidad en la vida del niño, lo que a su vez colabora en su recuperación y reduce los posibles traumas.

15. SERVICIOS: MERCADO. Si se permite el acceso libre al campo lo habitual es que haya un mercado. En los campos cerrados, el gobierno puede permitir un día de mercado para que los comerciantes vendan sus productos. Allí se vende sobre todo frutas y verduras, pero también ropa y artículos personales, como jabón o dentífrico. Pues no se debe pensar que ningún refugiado tienen capacidad de compra. Unos trajeron dinero con ellos al llegar, y otros reciben envíos de sus parientes. Por cada módulo de 20.000 personas (es decir, un campo tipo completo), deberá establecerse un mercado.

Los refugiados también pueden vender sus bienes y mercancías, como las verduras cultivadas por ellos o la artesanía fabricada. Judice Kumin, del Acnur, cuenta que en algunos campos de Tailandia se venden bordados a gente que llega expresamente a comprar esos productos. Incluso hay casos en que las ONGs ayudan a obtener los materiales se necesitan para trabajar, y después a colocarlos en mercados extranjeros.

16. SERVICIOS: JUSTICIA. En su intervención, las diferentes agencias humanitarias internacionales y ONGS tienden a soslayar las consideraciones políticas sobre la conveniencia o no de los campos de refugiados como solución temporal a su situación, para centrar su atención en cuestiones más técnicas. Pero hay múltiples cuestiones jurídicas que lo complican todo (caso expropiaciones, por ejemplo). Desde un punto de vista jurídico, la responsabilidad de la forma de asentamiento de los refugiados no recae sobre los donantes ni las agencias humanitarias, sino que corresponde a los gobiernos que les ofrecen asilo, los cuales optan en su mayoría por el establecimiento de los campos.

Pero ahora nos referimos a la posibilidad de plantear demandas jurídicas dentro del propio campo. En algunos casos se plantea la posibilidad de resolver litigios, con una instalación adecuada a tal fin. Por ejemplo: La “Casa de los derechos” de Los Altos de Cazuca, Ciudad Bolivar shantytown, Bogota.

17. SERVICIOS: DEPORTE, OCIO Y OTROS EQUIPAMIENTOS. En algunos de los campos del Chad, a pesar de las dificultades, muchos refugiados han entrado en una rutina diaria que incluye la actividad deportiva. Hay seis escuelas en el campo, y siempre hay un partido de fútbol en alguna parte del mismo. Una página web de reciente creación se dedica precisamente al fomento de estas actividades: http://www.ninemillion.org .

18. SERVICIOS: CEMENTERIO. La administración sanitaria también supervisa los lugares que pueden ser usados como cementerios, y llevan el control de los fallecimientos. Las causas más habituales de enfermedad y muerte en situaciones de emergencia son el sarampión, las diarreas (y el cólera), infecciones respiratorias agudas, desnutrición y malaria.

19. INFRAESTRUCTURAS: AGUA. Desde luego, el suministro de agua es un problema de primer orden. Uno de los dos o tres fundamentales. La cantidad mínima de agua requerida es de al menos “un galón de agua” por persona y día, que deberían aumentar hasta los cinco o seis galones y así conseguir suficiente agua para la cocina, la higiene personal, y el lavado de la vajilla y de la ropa. Según el Proyecto Esfera la cantidad mínima es de 7 litros por persona y día (es decir: casi dos galones), aunque la Handy Guide to UNHCR establece 15-20 litros/habitante/día. También se estipula la disposición de un grifo por cada 200-250 refugiados, consiguiendo que no diste más de 100 m. ninguna vivienda de alguno de los grifos instalados.

Algunos campos tienen su propia toma de agua, bien sea de un lago, un río o cualquier otra. También se realizan pozos para abastecer desde los acuíferos. Y en todo caso el agua debe tratarse para garantizar que no esté contaminada. Si no se pudiese conseguir ninguna fuente de abastecimiento propia, se lleva el agua en camiones cisterna hasta los puntos de distribución de campo. En cualquier caso se trata, dijimos, de un asunto muy complicado. Según relata Médicos sin Fronteras (MSF), en los campos de Uganda, “los problemas de suministro han llegado a tal límite que la gente recoge agua de lluvia de los charcos o en los ríos y riachuelos de la zona, lo que ha provocado el aumento de las enfermedades trasmitidas por el agua (...). Casi una cuarta parte de la población carece de acceso a letrinas y, cuando las hay, son compartidas por lo menos con 60 personas. La gestión de residuos es prácticamente inexistente y la incineración de desechos supone un peligro de incendio de las chozas durante la estación seca. MSF está perforando pozos, reparando bombas de agua, rehabilitando fuentes, organizando zonas de eliminación de residuos y construyendo letrinas para mejorar el acceso a agua limpia y segura, y las condiciones de saneamiento”.

Para Brahim Abdel-Madjid, técnico de aguas de Oxfam Internacional, “lo esencial es garantizar que todo el mundo tenga agua”. Brahim se levanta cada mañana al amanecer y emprende su cuidadosa revisión de los tanques de agua, los pozos y las bombas de agua que proveen a la población de los campos de Djabal y Goz Beida. El suministro de agua supera los 300.000 litros diarios. “Las colas para coger agua empiezan bien temprano en los grifos repartidos por todo el campo. Las mujeres balancean los bidones de plástico vacíos y apoyan las vasijas en sus caderas. Cargan a sus bebés atados a la espalda con una pieza de tela. Para muchos, éste es el suministro de agua más consistente que han tenido en su vida, pero como cada vez hay una mayor presión sobre este recurso, hay tensiones inevitables sobre su distribución. Tensiones que no harán más que crecer si no llegan rápidamente fondos para mantener los programas en marcha y los grifos funcionando”.

20. INFRAESTRUCTURAS: SANEAMIENTO Y RESIDUOS. El ideal es una letrina por familia. Pero si no es posible, al menos disponer una por cada 20 personas. Porque las letrinas son la infraestructura fundamental en este apartado. Deben situarse río abajo y lejos de las fuentes de abastecimiento. No deberían estar separadas más de 50 m. de los refugios, porque en caso contrario se desincentiva su uso. (Las letrinas públicas tampoco deben situarse a menos de 6 m. de cualquier vivienda). Dependiendo de factores culturales y geológicos se construyen letrinas diferentes (zanjas colectivas, simples hoyos, “campos de defecación”, etc. Estos últimos se proponen como solución de urgencia y provisional, porque sin un lugar designado para esa función, la gente defecará en cualquier parte). Los criterios para construir las letrinas son: accesibilidad, no contaminar el agua, no atraer insectos, proporcionar un mínimo grado de intimidad, adaptarse a los hábitos locales, etc. Deben situarse en zonas bien iluminadas, y que ofrezcan seguridad en la noche.

Según María Chalaux (Oxfam) “todos los proyectos de agua, saneamiento e higiene se sustentan en tres ejes. Siempre hay que integrar la parte del acceso al agua, la del saneamiento (todas las medidas para garantizar que el agua que captas no esté contaminada) y la sensibilización, entendida como transmitir hábitos de higiene. Va todo íntimamente relacionado. No basta con dar agua potable, o con hacer una letrina, la gente tiene que entender la utilidad de todo esto y que el objetivo final es conseguir disminuir las enfermedades relacionadas con el agua (...). En la parte de saneamiento, la estructura "reina" serían las letrinas. Aplicamos un estándar de una letrina por cada 20 personas”. Respecto a la basura (residuos sólidos, estándares de la ONU) se calcula un cubo de 100 litros por cada 50 personas y día. Y un hoyo de 2 x 5 x 2 m. por cada 500 personas.

21. INFRAESTRUCTURAS: ENERGÍA. Seguimos ahora el manual de Oxfam. Se disponen para suministro eléctrico generadores con motores de gasoil o de gas natural que producen un suministro de corriente alterna monofásica o trifásica. La salida de potencia es muy variable: entre 8 y 500kW. Se aplican medidas de conservación de la energía, y se tiende a usar lámparas de bajo consumo, o fluorescentes (con la ventaja añadida de una mayor duración que las incandescentes). También se hace uso, en algunos casos, de energía solar y biometano (obteniendo, por ejemplo, del abono de vaca). En otros campos, como Kakuma (Kenia) se ha entrenado gente para utilizar la energía solar en la cocina, aunque sólo se trata de una parte de las 80.000 personas que allí residen. En Bangladesh se han utilizado cáscaras de arroz como combustible alternativo, en programas promoción de nuevas formas de energía.

22. INFRAESTRUCTURAS: COMUNICACIONES. Algunas organizaciones (como Global Catalyst Foundation) ayudan a conectar estos campos a “la red”. En los campos de refugiados burundeses del noroeste de Tanzania, se han instalado ordenadores para acceder a internet, gestionados por aquella organización. Desde Acnur se comenta que aunque sólo un pequeño porcentaje los utilice, la conexión a la red puede tener un "impacto enorme" en sus vidas.

23. OTROS TEMAS: DISCAPACITADOS, GÉNERO, NIÑOS, ETC.. En toda catástrofe las personas discapacitadas, que sufren deficiencias físicas, sensoriales o emocionales, o que tengan dificultades de aprendizaje que no les permita utilizar los servicios o instalaciones del campo, son particularmente vulnerables. Debe garantizarse su accesibilidad a tales dotaciones. Y a una red de asistencia social que les proporcione los medios de supervivencia (una función en general asegurada por la familia). Otro tema, el de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, queda estipulada en los documentos de la Carta humanitaria. Todos tienen los mismos derechos de asistencia humanitaria, el mismo reconocimiento de capacidades y oportunidades.

24. OTROS TEMAS: SOSTENIBILIDAD Y MEDIO AMBIENTE. Es necesario proteger el medio ambiente si se quiere que las funciones esenciales puedan ser mantenidas. Se aborda la necesidad de impedir la sobreexplotación, la polución y la degradación del medio. Porque la magnitud del problema es grande. No es fácil precisar el alcance de la degradación medioambiental que ocasionan los refugiados. Se estima que los costes de rehabilitación por la degradación de la selva y de la sabana en el Africa sub-Sahariana son de unos 500 dólares por hectárea. Y sólo en Africa, la rehabilitación medioambiental de los campos de refugiados costaría hasta 150 millones de dólares al año. Se ve mejor en los países con larga tradición de asilo, como Kenya, Pakistán y Sudán, donde es palpable la degradación del medio ambiente. La tierra que rodea los campos de refugiados ha sido despojada de árboles y de vegetación. En tales circunstancias, los refugiados se ven obligados a caminar hasta 12 kilómetros, en busca de agua y leña.

Una situación que se agrava durante las fases de emergencia. A principios del decenio de 1990, por ejemplo, se talaron unas 20.000 hectáreas de bosque al año en Malawi, para abastecer de leña y madera a los numerosos campos de refugiados mozambiqueños. En diciembre de 1996 la región de Kagera, en el noroeste de Tanzania, acogió a más de 600.000 refugiados procedentes de Burundi y Rwanda. Se consumieron al día más de 1200 toneladas de leña; y de los 570 kilómetros cuadrados de bosque afectado, 167 quedaron prácticamente deforestados. En consecuencia, se han ajustado algunos de los términos de la actuación en los campos de refugiados. La experiencia ha demostrado, por ejemplo, que suministrar leña de forma gratuita puede provocar altos índices de consumo con pocas ventajas para el medio ambiente, pues muchos refugiados siguen recogiendo leña de los bosques vecinos para luego venderla. La clave residirá en crear incentivos, ya sean económicos o de otro tipo, para promover una utilización eficaz de la leña. Promoviendo, por ejemplo, el uso de zonas comunes para cocinar. Otros métodos sencillos, como dejar las habas en remojo durante varias horas antes de cocinarlas, o moler los granos antes de cocerlos, reducen considerablemente el tiempo de cocción, produciendo así un ahorro importante de combustible.

25. OTROS TEMAS: INVESTIGACIÓN. Si la investigación es necesaria en el urbanismo, más aún para las situaciones extremas. “Desing for the World” trabaja por “el diseño al servicio de los refugiados”. Buscando materiales más efectivos, rediseñar los sistemas para mantener la cadena de frío de las vacunas, los equipos de potabilización de agua, las letrinas o las jeringuillas. O tiendas alternativas, adecuadas a la cultura y el clima. Como explica la directora general de “Design for the World”, en la actualidad “el tema de las tiendas de campaña está resuelto pero tiene un coste demasiado elevado y ocupan mucho espacio. Es necesario construir tiendas adecuadas a la cultura y a la climatología de cada región”.

Un dilema

Durante las décadas de los 70 y los 80, los campos de refugiados fueron un importante tema de debate. Una de las principales críticas se referían a que forman parte de una política de asentamiento basada en los intereses de los “agentes donantes” y de las propias organizaciones humanitarias, y no tanto en las necesidades específicas de los refugiados y de quienes les acogen. Según comentaba B. E. Harrell-Bond en 1986, el campo de refugiados es percibido como una forma de contención política por parte de los países ricos, así como un mecanismo eficiente para el envío y control de la ayuda por parte de las agencias humanitarias internacionales. De hecho, en la práctica, las organizaciones humanitarias no se plantean, en casi ningún caso, ninguna otra alternativa viable a los campos de refugiados.

Desde un punto de vista práctico, el asentamiento organizado parece presentar varias ventajas para el desarrollo de la labor humanitaria, como son la identificación y el recuento de los refugiados; el control en el suministro y distribución de la ayuda; la supervisión del estado de los refugiados y de la asistencia percibida; la accesibilidad física de los campos, y una mayor rentabilidad de las operaciones de emergencia. Pero también se siguen oyendo argumentos en contra de la instalación de campos de refugiados que, basados en la investigación empírica, advierten sobre los efectos sociales, económicos, sanitarios y medioambientales negativos de la vida en los campos. A lo cual hay que sumar los conflictos con la población local. Por ejemplo, en Chad. Oigamos una vez más a María Chalaux: “Las personas refugiadas están en un país (Chad) que no es el suyo (Sudán) accediendo a sus recursos, cuando la población local tampoco tiene nada. La gente del Chad ve pasar cada día a los camiones de comida del Programa Mundial de Alimentos, que se dirigen a los campos de refugiados, mientras ellos no tienen nada que comer. Ven que en el campo hay agua potable cuando ellos mismos tienen que caminar más de tres horas para ir a buscar el agua, por ejemplo. Esto genera problemas de agravios comparativos. Y finalmente, se da la paradoja de que las personas refugiadas están mejor que la población local”.

Una dura realidad

Pero la vida en los campos tampoco es un lecho de rosas. Concluiremos con tres citas que avalan esta afirmación. La primera, una larga cita de la novela Afghanistan, Where God Only Comes To Weep, de la escritora iraní Siba Shakib: "Shirin-Gol no puede recordar lo que pensó que sería un campamento de refugiados. Tal vez creyó que sería un lugar amistoso donde había gente que cuidaba de los refugiados, les daba la bienvenida y les consolaba en un ambiente agradable. Tal vez pensó que un campamento de refugiados era un lugar limpio donde cada familia tenía una choza, donde había escuelas, médicos, enfermeras. Quizá pensó que en el campamento de refugiados recuperarías todo que perdiste en la guerra: ropa, camas, mantas, potes, zapatos, peines, cuadernos, libros y todas las demás cosas que se hacen necesarias cuando has escapado de casa”.

“Pero desde luego Shirin-Gol nunca se imaginó que un campamento de refugiados fuera un lugar donde se grita y escupe, donde ella misma tuvo que vivir en una tienda llena de agujeros y jirones, que apestaba, que carecía de todo pavimento y había que sentarse y dormir sobre la tierra desnuda de Dios. Nunca pensó Shirin-Gol que en un campamento de refugiados no habría alimentos, ni agua, ni nada que comer, ni potes ni nada de nada salvo que pudieses pagarlo, a no ser que una organización de ayuda te registrara y te diese una cartilla de alimentación, una cartilla general, una cartilla de colchón, una cartilla de pozo, una cartilla de médico, una cartilla “sea lo que sea lo que puedas pensar”.

La segunda cita es de un miembro de MSF, Amaia Esparza: "No es una exageración decir que en los últimos 20 años, el tejido social se ha resquebrajado. El hecho de vivir en campos ha desestructurado la vida de muchos. El alcoholismo y la violencia, especialmente la doméstica, son habituales. Nos ocupamos sólo de la punta del iceberg… en los campos las personas no viven, sobreviven. Sólo eso."

Y la tercera, la más sintética, corresponde a millionsoulsaware.org: “Esto es un campo de refugiados, un lugar que ninguno de nosotros habitaríamos libremente”.

(Publicado inicialmente el 31-12-07).

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