Detalles del post: Nos conformamos con un grifo

03.09.09


Nos conformamos con un grifo
Permalink por Ernesto @ 23:32:59 en bValladolid -> Bitácora: Mundos

Realojo en La Florida, Valladolid

Asentamiento chabolista en La Florida, Valladolid, 1 de septiembre de 2009 (foto: Javier Gigosos).

De acuerdo: llevar ciudad adonde está la gente. Pero, ¿en todos los casos? Pensamos que sí. Que es buena norma que la gente pueda mantenerse allí donde se ha emplazado. Lo podemos estudiar en un caso concreto, de actualidad: el de los asentamientos de los Barrull en el sector de suelo urbanizable de La Florida, Valladolid, de inmediato desarrollo. Pero antes de empezar, una primera información: llevan allí desde enero de 1979.

[Mas:]

30 años de asentamientos

Según cuenta Jorge Sanz en El Norte de Castilla (de varias fechas de 2009), el 14 de enero de 1979 se derribaron las últimas chabolas del páramo de San Isidro para levantar en esos terrenos la actual Comandancia de la Guardia Civil. Las familias expulsadas fueron realojadas en el Poblado de La Esperanza, salvo la de Antonio Barrull Maya. Sin casa, buscó nueva ubicación y se instaló en un terreno baldío próximo a la carretera de Madrid, junto a unas fincas de cultivo. Son, todavía hoy, unas construcciones muy precarias. En todo este tiempo han vivido con el señor Barrull (“El Abuelo”) y su mujer Adoración, un nutrido grupo de familiares (tienen doce hijos y más de 60 nietos, aunque la mayoría ya se han dispersado por diversas regiones, especialmente Galicia y Valencia).

En 2003 el asentamiento contaba con 34 habitantes. Y todos, salvo cuatro, “fueron saliendo con cuentagotas a lo largo del último lustro. A ninguno le ha ido demasiado bien. `A los que les dieron un piso de realojo los acabaron echando porque sólo podían estar tres años y todos, salvo la familia de mi hija Daniela, se han ido de la ciudad o han vuelto a vivir en chabolas” en otra zona de la ciudad, cuenta Adoración. Alguno de los hijos ha vuelto en determinadas ocasiones. Ahora ha venido Francisco, un hijo afincado en Valencia, a cuidar de su madre. Antonio Barrull y su mujer son octogenarios, y viven con un hijo (que padece una enfermedad mental) y un niño de 12 años, hijo del anterior.

Un plan parcial olvidadizo

Los terrenos que ocupan estos chamizos forman parte de un sector de suelo urbanizable, de 46,2 has., que cuenta con un plan parcial aprobado definitivamente el 23 de septiembre de 2008: Plan Parcial del sector 28, La Florida, con capacidad para 2.762 viviendas y 5.791 m2 de usos no residenciales. Según su Memoria, “el Sector se configura como un área de densidad media, anexo a un área de casco urbano consolidado caracterizado por una fuerte densidad. Tiene una localización fuertemente urbana y un destino mayoritariamente residencial (…). La ordenación nace de las trazas del viario agrícola”, y distribuye la edificación “partiendo de una división en zonas morfológicamente homogéneas: área de ensanche y área de edificación abierta”.

Es un plan correcto; pero sorprende el casi absoluto mutismo de que hace gala respecto a los asentamientos que comentamos. Al tratar de la ordenación, ni se mencionan, por supuesto. Pero en el capítulo de información correspondiente tan sólo se dice lo siguiente (en el punto 1.III.4. El medio social. Edificaciones y usos existentes): “Dentro del sector de La Florida existen edificios de uso residencial con moradores permanentes (…). c) Dos agrupaciones de chabolas en el borde occidental, una en la ladera (borde de terraza) sobre los campos de fútbol y otra junto al cruce de la carretera de Madrid con el ferrocarril de Ariza. Son chabolas construidas con chapas, fragmentos de uralita y maderas”. Se acabó. Eso es todo. Ni siquiera toman el asunto al tratar de la gestión (cap. 1.V.9). Nada: invisibilidad casi total. Prácticamente no existen. Llevan 30 años, pero es más que evidente que el terreno no es suyo, en ninguno de los sentidos de la palabra.

Planteamiento básico

En febrero último proponíamos la siguiente pauta cuando nos encontrásemos con casos semejantes. Se fundaba en los cuatro aspectos siguientes. Primero, intentar resolver la situación sin impulsar el traslado forzoso de la gente. En casi todos los casos es posible hacerlo, sin ninguna duda. Segundo, pensar un sistema que no esté basado en “productos vivienda” completos: puede ser más operativo limitarse a disponer infraestructuras, y facilitar suelo y la posibilidad de edificar (acceso a los recursos materiales, humanos y financieros) que empeñarse en la solución de las casas completamente acabadas. Tercero, negociar formas de tenencia que den cierta seguridad. Y cuarto, evitar la formación de guetos, mezclando las viviendas de realojo con otros tipos, otros usos, otras actividades.

Decíamos “llevar ciudad” y podíamos concretarlo en la reclamación de un grifo. La falta de agua en el asentamiento de Juana Jugan obliga a desplazarse a Asunción a arrastrar “un improvisado carrito, construido con el chasis de un cochecito de bebé y una cesta de frutas, repleto de garrafas hasta el parque más cercano de Delicias”. Francisco dice: “Nos conformamos con un grifo porque da vergüenza seguir así después de tantos años y que todos los vecinos nos vean cada día con las garrafas”. Y concluye la información periodística: “Un mero grifo serviría para colmar todas sus expectativas”.

Precedentes

En las últimas décadas se han llevado a cabo en Valladolid algunos procesos de realojo. El más llamativo, sin ninguna duda, ha sido el del Poblado de La Esperanza: creado precisamente para acoger a los desplazados de otros asentamientos anteriores, se decidió desmontarlo porque se había degradado hasta unos niveles de exclusión social muy elevados. Las cifras eran mucho más significativas que las que manejamos en el caso que comentamos. Pues el programa de realojo se dirigía a 267 hogares (incluía a un grupo de 16 familias de portugueses situadas en el Camino de Obregón y afectadas por el desarrollo de un plan parcial: un caso bastante parecido al nuestro). Entre 1993 y 1998 se invirtieron casi 770 millones de pesetas, y se consiguió realojar a 117 familias (la mayor parte en edificios de pisos). El mecanismo era complejo, con varias entidades participantes, y no exento de problemas locales y cierto rechazo.

También tiene algún paralelismo el proceso seguido para regularizar la tenencia en la Cañada de Puente Duero. Unas casas construidas sobre suelo público de las que sus constructores acabaron haciéndose con la propiedad del suelo, después de un proceso largo y muy conflictivo. Y con resultados dispares, ya que también apareció la especulación en algunas parcelas, poco después de la regularización. Porque efectivamente es un tema difícil.

Políticas de vivienda social

Hemos consultado con los servicios correspondientes del Ayuntamiento y de la Junta de Castilla y León. En el Servicio de Acción Social municipal nos facilitaron la “Convocatoria de alojamientos provisionales”, en que se concretan las actuaciones del Ayuntamiento en esta materia. Consiste en facilitar “el acceso de los ciudadanos de Valladolid a un alojamiento temporal en las viviendas municipales adscritas” a ese Servicio, con una duración de 6 meses, prorrogable hasta los 36, a quienes “carezcan de cualquier recurso de alojamiento o posibilidad de acceder a él por sus propios medios, tengan una antigüedad de al menos un año de empadronamiento en Valladolid y se encuentren inscritos en el Registro público de demandantes de Viviendas Protegidas de Castilla y León”, aparte de otras circunstancias y exigencias más. Esta fórmula tiene serios problemas. Alguno de los Barrull hizo uso de ella, pero al cabo de dos o tres años (depende de cada caso), cuando tuvieron que abandonar la casa facilitada por el Ayuntamiento, volvieron a levantar chabolas en otros lugares de la ciudad. El programa de realojos temporales fue para ellos, como dice el periodista, “un camino de ida y vuelta a la miseria”.

El último decreto de la Junta de Castilla y León sobre “adjudicación de viviendas promovidas con subvención” data de julio de 2004. Desde entonces no se ha construido ninguna vivienda de promoción directa. Las exigencias para acceder a estas viviendas son mayores que en el caso anterior. Al menos en el aspecto económico. Y por último, y por otro lado, conviene contemplar también las condiciones relativas a los derechos de realojo (para residentes en general) y retorno (sólo para arrendatarios). Como dijimos más atrás (siguiendo a Martínez Borobio), “es el momento de plantear de manera sistemática y normativa fórmulas de combinación del realojo con otras políticas municipales”; y entre ellas la reinserción social, la política de vivienda (e infravivienda), etc., “para las que una adecuada acción de realojamiento supone, en gran medida, el éxito de esos programas”.

Capacidad negociadora de unos y otros

Las actuaciones en materia de infravivienda de nuestro país están sujetas a una intensa negociación en varias bandas. Eso parece claro. Pero nos gustaría hacer alguna observación en este sentido. Mientras que los promotores del Plan Parcial de La Florida han negociado largamente y en profundidad con el Ayuntamiento la compra de suelo aquí o allá (en otras áreas de la ciudad como Palomares, por ejemplo), diseñando a su medida algunas permutas (que afectan a este plan parcial), que han sido consideradas en la prensa como “un pelotazo” (valoración del suelo a 70 euros/m2, cuando había sido adquirido poco antes a 27-46 euros/m2), los Barrull que fueron a un piso no volvieron al poblado anterior “porque así se lo prometieron en su día a Acción Social”. ¿Por qué no se negocia con ellos?

Los dos ancianos no tienen ya ninguna esperanza. “Ni ella ni su marido muestran a estas alturas esperanza alguna de recibir una vivienda social para acabar sus días bajo un techo y huir de la miseria que les acompaña”. A primeros de año comentaban: “Sabemos que vamos a morir aquí debajo de cuatro plásticos y sin llegar a ver un grifo de agua corriente”, decía Antonio. “La verdad es que no nos podemos quejar, porque al menos nos dejan quedarnos en esta casita”, decía Adoración. Ahora, con el plan parcial en marcha, ni esa posibilidad les va a quedar.

Propuesta

Proponemos modificar el plan parcial, de oficio, para hacer sitio a estas viviendas. Reordenar las manzanas para acoger una serie de posibles viviendas autoconstruidas, además de otros pequeños grupos de construcciones de propiedad pública, que podían destinarse a talleres culturales (acordes con el programa electoral municipal del Partido Popular) y servirían de transición y para atenuar las diferencias entre los bloques previstos y estas construcciones. También se planteará mantener las molineras del acceso al sector, aunque se ajuste su posición (que igualmente podría no tocarse). Tomando espacio de los patios de manzana, se levantarían muros equipados (con las infraestructuras, y con los grifos demandados), y se ofrecerían fórmulas para levantar las viviendas, adosadas a ese muro principal. Los gastos se considerarían “obras de urbanización”. La gestión debería tener en cuenta la posibilidad de mantenerse en la vivienda durante el transcurso de las obras. Y habría que diseñar un proceso que tuviese en cuenta otros aspectos que siempre están presentes en estas actuaciones, relacionados con la integración social.

Posiblemente esta solución no acabe de gustar a nadie. Por un lado, es complicada para la Administración. Los promotores del Plan Parcial la verán como un desastre. Buena parte de la sociedad vallisoletana la rechace de plano (basta ver los comentarios que acompañan a la publicación de estas noticias en la prensa para hacerse una idea de la enorme agresividad latente que hay por ahí). Los técnicos podrían considerarla como una salida en falso (con “efecto llamada” y cosas por el estilo). E incluso quizá tampoco gustase a los propios interesados, pues lo que en el fondo esperan es una vivienda acabada: un “muro equipado y un proceso de autoconstrucción tutelada y asistida” no parece que se lo que tengan en su mente.

Pero es una solución, creemos, coherente con el derecho a la vivienda. Favorable a la mezcla de usos y tipos de alojamiento. Es coherente con plantear una política de vivienda más generalizable que la actualmente en uso. Encauza la autoconstrucción. Es útil. Por supuesto, es necesario estudiarlo más. Buscar apoyo social. Fomentar la participación. Pero puede ser un buen punto de partida. Decían los Barrull que esperan morir allí, bajo los plásticos. Son mayores. Hace pocos días hubo un incendio extraño en las inmediaciones de sus casas, y tuvieron miedo. “Nos conformamos con un grifo”, de cían. Pero como bien sabemos, un grifo es la ciudad. Bien podían haber dicho: Nos conformamos con que nos llegue la ciudad.

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