Detalles del post: Vivir de noche

02.10.09


Vivir de noche
Permalink por Saravia @ 01:02:11 en Lugares imaginarios -> Bitácora: Mundos

El reino de los trolls

El gran teatro del mundo. Foto procedente de esenrosa1961.spaces.live.com

Localización: El reino de los trolls está situado en las montañas Dovre Fjell, en Noruega. Descripción: La vida de los trolls se desarrolla de noche. Con la luz del día desaparecen. Uno de sus lemas es: “Temerás la luz de día y todos los actos que alumbra”. Pero el fundamental es este otro: “A un troll le basta consigo mismo”. Por eso en el reino no hay equipamientos asistenciales ni cajas de ahorro ni nada parecido. Informador: Henrik Ibsen en Peer Gynt (el original se editó en Christianía –Copenhague- en 1867; aquí hemos consultado la 15ª edición de la traducción del noruego al francés del Conde Prozor, editado por la Librairie Académique Perrin et C., de 1923, que está disponible en Internet). Tema: Vivir de noche.

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Argumento. En el libro de Ibsen se cuenta que Peer Gynt, en su sueño, construirá la ciudad de Peeropolis, capital de Gyntiania. Pero ahora sólo nos interesa el reino de los trolls. Aunque viven de noche y los humanos de día, ambos pueden relacionarse. (Se cuentan historias de las relaciones de los trolls Trond, Koré y Bord con la gente de las montañas). Antes eran frecuentes los trolls de dos y tres cabezas. Comentan que “hay que llevar el rabo con gracia”. Y sobre los humanos dicen: “Ah! La naturaleza humana. ¡Qué estresante es!” Dice el Viejo de Dovre: “El día no es la noche, y un hombre, a pesar de todo, no es un troll. Voy a decirte en qué se diferencian: allá abajo, a la luz del día se dice: `¡Hombre, sé tu mismo!´ Aquí, bajo estas bóvedas, decimos: `¡Troll, bástate a ti mismo!”. En el reino se han publicado algunos artículos que explican su cultura. Por ejemplo, los de un tal Sabot de Bouc. O también el titulado “Del espíritu nacional en el país de los trolls”.

Derivaciones. La literatura sobre los trolls es amplísima. También la de la noche. En el libro de Bernard Sichère Historias del Mal (Barcelona, Gedisa, 1996), encontramos un capítulo titulado “Los dioses del día y los dioses de la noche”. Según los griegos, la arquitectura y escultura celebran a los dioses del día y su luz (el eco del esplendor divino), y la poesía canta a los de la tragedia, de la noche. Veamos una cita: “Como pensamiento del mal, el poema trágico expresa en definitiva dos cosas: que el hombre desaparece con la irrupción del exceso del mal, y que en el momento de desaparecer lega un canto que para el sobreviviente es el exorcismo de ese exceso”. El triunfo de la tragedia “no es lo trágico o el horror, sino que es el poema sabiamente construido alrededor del momento del horror como el templo se construye alrededor del resplandor del dios” que corresponda. El canto poético “pone a distancia el poder de los dioses y sobre todo de los dioses terribles, de los dioses de la noche, Hades y Dionisos, mientras que la estatuaria honra principalmente a los dioses del día”.

Pero la noche no es dominio, únicamente, de la filosofía. En biología, por ejemplo, se habla de la nocturnidad. Se refiere a los animales y plantas que son más activos durante la noche que por el día, en el que se aletargan o duermen. Las plantas nocturnas florecen en las horas de oscuridad. Lo opuesto es la diurnalidad, propia, por ejemplo, de los humanos. Los animales crepusculares son intermedios entre diurnos y nocturnos. Los animales nocturnos en general tienen muy desarrollados los sentidos del oído y del olfato y tienen la visión adaptada a la oscuridad. Es decir: las condiciones de quien escribe poesía. Las flores nocturnas se abren por la noche y a esas horas producen su néctar y perfume. Suelen tener fuerte fragancia. Pero también se habla de la noche en los juzgados. En derecho la nocturnidad es una circunstancia agravante de la responsabilidad. Cuando los delitos se cometen de noche, la responsabilidad es mayor. Hay mayor “antijuridicidad” en la acción y más culpabilidad en el agente. Un expolio es más grave si se realiza de noche. Y un asesinato también. Muchas veces vecina de otra agravante: el despoblado. Pero la nocturnidad no es agravante sólo por el hecho de que haya oscuridad, sino que, según alguna sentencia, también deberá haber soledad.

Hay quien teme la noche. La noctifobia es un persistente, anormal e injustificado miedo a la noche. Los niños (y otros que no lo son tanto), manifiestan ansiedad en el momento de ir a dormir porque los asaltan unos vagos temores a la noche y lo oscuro. Pero hay gente que adora la noche: los noctámbulos. Trasnochadores, hacen vida nocturna y vagabundean durante la noche. Pues bien: para ellos, para todo lo afectado por la nocturnidad y para los dioses de la noche, el urbanismo también tiene su receta. Pues desengañémonos: serán trolls los noctámbulos, pero desde luego no se bastan a sí mismos.

Ejemplos. Es cierto. De un tiempo a esta parte se han extendido los planes de noche para las ciudades. Suelen reducirse, en muchas ocasiones, a una sencilla ordenación de los usos de ocio y emergencia, concentrándoles en determinadas áreas, en combinación con una iluminación estudiada y característica (por ejemplo, el Plan Lumiére de Lyon). También pueden vincularse a ciertas actividades turísticas (visitas, recorridos, espectáculos de luces en fachadas históricas, etc.). Algunas iluminaciones pueden resultar incluso un motivo significativo de atracción turística (un ejemplo: la iluminación de las viejas estructuras históricas Røtterane (delfines), que aún se utilizan para el transporte de madera en la ciudad noruega de Skien, se ha convertido en una notable referencia nocturna. Otro: Buchanan Street, en Glasgow, donde una luz muy azul que la ilumina crea un hilo dramático en todo su desarrollo). Estos planes afectan también al transporte público (autobuses búho, red Noctambus, etc.). Y un tema que siempre resulta conflictivo en el desarrollo de estos planes es el del ruido, la necesidad de compatibilizar el ruido propio de las actividades con las exigencias de silencio o tranquilidad para los residentes.

Opinión. Pensar en la ciudad de noche es imprescindible. Incluso para ordenar el día. Pero también nos podría valer la noche y sus pautas como excusa de diseño: una forma de arrancar, escuchando la voz de lo telúrico.

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Comentario de: Saravia [Member] · http://urblog.org
Hay un texto de 1896, de Paul Claudel, titulado "Ville la nuit", que completaría bien la descripción de la noche en la ciudad que se sugiere en esta entrada. Está publicado en la antología Les poètes et la ville (París, Gallimard, 2006).
URL 03.10.09 @ 23:27
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