Detalles del post: El héroe en Bartertown

20.10.09


El héroe en Bartertown
Permalink por Saravia @ 23:27:41 en Lugares imaginarios -> Bitácora: Mundos

Morbo de distopías post-apocalípticas

Parque panorámico de Landschaftspark Duisburg-Nord (imagen procedente de commons.wikipedia.org)

Localización: La Ciudad del trueque (Bartertown), también conocida como Negociudad, se localiza en algún lugar del desierto australiano. Descripción: Hay un rótulo de madera en la puerta de acceso a la ciudad. Al atravesarlo se observa una gran explanada, sin tratamiento alguno, donde se desarrolla un enorme mercado. A un lado de este espacio central está instalada la gran “cúpula del trueno”: una enorme jaula semiesférica destinada a acoger combates, que pueden ser seguidos por cientos de personas que ascienden por su superficie. Más allá, una serie de cuevas y construcciones bárbaras. La mayor parte de la vida se desarrolla en la calle. Los vehículos, que tienen un gran protagonismo en la ciudad, son inenarrables. Informador: George Miller, como director y guionista de la película original (de 1979) y las secuelas (de 1981, 1985, y otra más, aún sin estrenar) de Mad Max. Bartertown aparece en Mad Max 3. Más allá de la cúpula del trueno. Tema: La tarea del héroe.

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Argumento. Primero fue la guerra mundial por el petróleo. Después una guerra nuclear que destrozó la Tierra. Los supervivientes se adaptaron a la vida en algunos enclaves del desierto, con nuevas formas sociales. La delincuencia y el pillaje eran frecuentes. Bartertown nació y creció gracias al impulso de la que sería gobernadora, Aunty Entity. “Donde había desierto ahora hay una ciudad; donde había robo ahora hay negocio”, decían sus defensores. La energía para el funcionamiento de la ciudad procedía del metano obtenido de una enorme piara de cerdos. Al otro lado del desierto, sobrevivía un grupo de niños en torno a una joven que les organizaba (Savannah Nix). El ex-oficial de policía Max Rockatansky acabará convirtiéndose en el héroe que lleve a esos niños hasta una Bartertown renovada y, en cierto modo, socialmente saneada.

Derivaciones. Mad Max es un ejemplo típico de las distopías post-apocalípticas. Distopía porque describe una sociedad terrible, emplazada en un futuro próximo, y nada deseable en absoluto. Post-apocalítica porque explica el desastre social se explica como consecuencia de alguna guerra mundial (nuclear, como en este caso, o en Blade Runner), catástrofe natural (calentamiento del planeta, como Waterworld), o debacle indefinida (El planeta de los simios). Un mundo sucio, caótico, injusto, violento, corroído, donde dominan los signos de la decadencia, los restos de un antiguo orden, de lo que fue. Generalmente aparece alguna persona (muchas veces, antiguos policías o militares) que acaba siendo el héroe que salva los sueños y la libertad (siempre la libertad). La cosa venía ya desde la primera película de Mad Max, cuando el jefe de policía le dice al protagonista (un joven Mel Gibson): “Dicen que el pueblo ya no cree en héroes ni valientes. Pero tú y yo, Max, vamos a devolverles los héroes”.

El héroe y sus condiciones fueron estudiados por Joseph Campbell en trabajos muy difundidos. Pero en nuestro país también están muy bien descritos en el libro de Fernando Savater La tarea del héroe (Madrid, Taurus, 1982). “Héroe –nos dice Savater- es quien logra ejemplificar con su acción la virtud como fuerza y excelencia”. Virtud: comportamiento socialmente admirable en el que se reconoce la dignidad y la gloria (nada menos). El héroe, para Savater, es quien quiere y puede. El fracaso tiene su poética, pero no tiene nada que ver con el héroe. El mundo del héroe es la aventura (tiempo lleno, extraño, inusual, donde está presente la muerte). El héroe es radicalmente independiente, nunca “se exhibe como buena persona” y tiene “un cierto grano de locura”. Ha renunciado a la familia e incluso al orden amoroso. Aspira a la “perfecta nobleza, es decir, a que su deber no se le imponga como coacción exterior”, sino que sea “la expresión más vigorosa de su propio ser”. Cada una de las historias distópicas antes citadas cuenta con su correspondiente héroe, que responde bastante bien al patrón señalado. ¿Necesita héroes la ciudad democrática?

Ejemplos. Desde que se comenzó a valorar la arqueología industrial ha ido abriéndose paso también la poética del desastre. Ya sugirió algo semejante, mucho tiempo atrás, John Ruskin. Pero es ahora cuando podemos encontrar numerosos ejemplos de acondicionamiento de viejos enclaves industriales obsoletos, abandonados, arruinados, convertidos en un tipo de parque de raro atractivo. El ejemplo más conocido, declarado Patrimonio de la Humanidad, es el de la cuenca del Ruhr. Allí resuenan las distopías post-apocalípticas entre sus 52 monumentos, si bien después de una conveniente limpieza a fondo. “Todavía se considera al Ruhrgebiet zona industrial, pero con el cierre de las minas de carbón, su aspecto ha cambiado mucho. Su metamorfosis es impresionante. Ya no es una extensa explotación carbonífera, Kohlenpott, sino más bien un paisaje modelado con parques, jardines, canales y lagos” (Ingrid Schulze). Y si el símbolo de Bartertown era su jaula-cúpula, el del Rurh es la vieja torre de extracción del pozo Zollverein: “El ejemplo más patente del enorme cambio que ha experimentado la cuenca del Ruhr en las últimas décadas es la Zeche Zollverein, la Torre Eiffel de la región”.

¿Y el héroe? ¿Dónde está el héroe que nos dirigirá de nuevo a la civilización, que salvará nuestra libertad? Héroes hay, pero no está tan claro que tengan esa misión. De hecho, ni siquiera cumplen con las características que enunciamos antes. Veamos: preparar una candidatura a capital europea de la cultura es costoso, muy caro. Además, hay que competir con muchas otras ciudades, y la mayoría (todas menos una, generalmente) pierden este singular combate. En Alemania 16 ciudades optaron a ese título para 2010, que finalmente recayó en el Ruhr. Pues bien: las 15 perdedoras se han agrupado en una red (con ciudades alemanas y húngaras), denominada curiosamente “Héroes Nacionales”, que participará a su modo en el programa cultural del Ruhr. Lo harán en torno a un documento histórico: la Carta de privilegios de Karlsruhe de 1715, que irá de pueblo en pueblo incorporando temas y propósitos. “Los temas que pueden ser abordados por los Héroes Nacionales se refieren a la aplicación del derecho a la libertad, la tolerancia religiosa, el diseño de los espacios públicos, la reutilización de zonas industriales, cuarteles militares y otros edificios, el fortalecimiento de la economía, el desarrollo de la justicia social y de una sociedad civil democrática basada en el compromiso de los ciudadanos, el progreso de la identidad europea”. Ya está: tenemos héroes y libertades. Lamentablemente, sin embargo, se trata de héroes que fracasaron, e incumplen, por lo tanto, uno de los principios fundamentales de los héroes post-apocalípticos: triunfar.

Opinión. La poética de los restos, la desolación de los hierros tiene muchísima potencia. La distopía, que está al acecho, también. Pero lo cierto es que no necesitamos héroes.

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