Ropa tendida al sol

En la noche tenemos las ventanas iluminadas (rectángulos de luz amarilla) de las fachadas. En el día, la ropa tendida, en patios o sobre la calle. Son signos de vida. Y en los dos casos anuncian algo de la intimidad de la casa. La luz sugiere escenas domésticas. La ropa presagia a las personas que la llevan, la usan, la lavan, la tienden a secar. Pero un extraño pudor y una inquietante estética han aconsejado ocultar a la vista de los viandantes esas sábanas, camisas, vestidos y otras prendas que venían colgándose en los tendederos. Sin embargo, al entrar en los patios de los paradores de Almagro, las blancas sábanas suspendidas de las cuerdas, ¿no dan confianza al viajero? Los tendederos de Nápoles, ¿no son la ciudad misma, su paisaje?
Sabemos que es batalla perdida. Y seguramente con razón. Secadoras o lavanderías acabarán sustituyendo a los pocos tendederos que ya van quedando. Y de éstos últimos, los nuevos siempre estarán escondidos, fuera de la vista. Habrá, por tanto, que buscar otros signos ligeros y mudables, de color volandero y efímero, que alegren el paisaje, sugieran vida urbana, y que no sean, por favor, ni palmas ni banderas. Otros gestos variables que permitan articular historias y muevan la curiosidad del paseante. La misma que, en el poema de Claudio Rodríguez, llevaba a todos a hacerse esta pregunta: “¿Quién es su lavandera?”.

Para las asignaturas de “Planeamiento de Nuevas Áreas” y “Gestión y ejecución del planeamiento” de la Escuela de Arquitectura de Valladolid
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código original facilitado por
B2/Evolution
|| . . the burgeoning city . . || . .
la ciudad en ciernes . . || . .
la ville en herbe . . ||