Detalles del post: Demasiada armonía en Harmonía

28.05.10


Demasiada armonía en Harmonía
Permalink por Saravia @ 23:31:06 en Lugares imaginarios -> Bitácora: Mundos

Las propuestas urbanas de Fourier

Familisterio de Guisa (Aisne, Picardía, Francia) en la actualidad (foto de bodoklecksel, julio 2006, publicada en commons.wikimedia.org)

Localización: La ciudad de Harmonía se localizaba cerca de Bruselas o de Lausana (no está completamente claro). Descripción: Había una gran edificación central, llamada falansterio, con capacidad para unas 1500-1800 personas. Allí se contaba con todo lo necesario para disfrutar de la vida. Pero bajo un orden implacable. Todas las edificaciones respondían a un plan minucioso y unas ordenanzas rigurosas. En la ciudad “del sexto periodo” (el calendario era muy complicado) se distinguían tres ámbitos: un núcleo central, un anillo de “barrios periféricos” y grandes fábricas, y otro exterior con “las avenidas y barrios suburbanos”. Estos tres ámbitos estaban separados por “setos, césped y plantaciones que no deben ocultar la perspectiva”. Todas las casas del centro dedicaban a “patios y jardines” el 50% del solar; una proporción de espacios libres que en los sucesivos anillos aumentaba al doble y al triple, respectivamente. Entre dos edificios enfrentados debía haber una distancia mínima de unos 12 m. También existían normas sobre los muros de cierre de parcelas, las alturas de las edificaciones, los tipos de cubierta, y muchas más (incluso se preveían normas pormenorizadas “para evitar los fraudes sobre la altura real, como las buhardillas y pisos disimulados”). Respecto al plano, se decía que "las calles deberán dar a paisajes campestres o a monumentos de arquitectura pública o privada; se desterrará el monótono reticulado (…). En mitad de las calles se plantarán árboles, distintos en cada una de ellas”. También se regulaban minuciosamente, como era de esperar, las características del antes citado falansterio (“el edificio en el que se aloja una falange”) y de los “seristerios” (lugares de reunión para el desarrollo de las Series pasionales”). Informador: Charles Fourier, en su Teoría de los Cuatro Movimientos (Barcelona, Barral, 1974; or. francés de París, 1808); pero también en El nuevo mundo amoroso (hay ed. esp. en Madrid, Fundamentos, 1975), o en La armonía pasional del Nuevo Mundo (Madrid, Taurus, 1973). Tema: finalmente, democratizar el confort.

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Argumento. La vida comunitaria de Harmonía se caracterizaba (según decía Fourier) por la ausencia total de represión y libertad total para todas las pasiones humanas. De hecho, la organización de la vida lleva a organizar a las personas según sus pasiones. Nunca había dos días seguidos de trabajo, pero todo estaba extremadamente regulado. También todo se clasificaba. Se distinguían 810 tipos de hombres, y a cada uno le correspondía una pareja precisa. Esas 1620 personas formaban un conjunto que ofrecía todo el potencial de interrelaciones. Pero veamos cómo pensaba Fourier que podría ser la jornada de un tal Mondor (un habitante de la ciudad), en verano: “Descanso nocturno de 10,30 de la noche hasta las 3 de la madrugada. A las 3,30: despertar y preparativos. A las 4: Asamblea matutina, crónica de la noche. A las 4,30: Asamblea, primera comida seguida de la parada industrial. A las 5,30: Turno en el grupo de caza. A las 7: Turno en el grupo de pesca. A las 8: Desayuno, lectura de los periódicos. A las 9: Turno en un grupo de cultivo bajo tienda. A las 10: Misa…” Acabáramos: había misa. Este mundo ideado por Fourier duraría 80.000 años (siglo arriba, siglo abajo), distribuidos en 32 periodos (14 llamados “de incoherencia” y 18 “de combinación”). En los miles de años llamados "de armonía perfecta" habría seis lunas gravitando alrededor de la Tierra, donde cantarían 37 millones de poetas (millón arriba, millón abajo).

Derivaciones. Estos planteamiento nos llevan, en primer lugar, hacia una cierta idea musical de la vida urbana y de la ciudad que la acoge. Armonía a tope. Algo parecido a lo imaginó poco después (en 1852) el compositor Hector Berlioz, quien publicó en ese año Euphonie, ou la ville musicale (hay ed. esp. reciente en Madrid, Eleuve, 2007). Allí se describía una pequeña ciudad que imaginaba situada en las montañas alemanas de Harz. Tenía unos 12.000 habitantes, y estaba dividida en sectores que correspondían a las diversas actividades musicales. Cada voz y cada instrumento tenían una calle que lleva su nombre, habitada únicamente por los que se especializan en ese arte. Contaba con un gran anfiteatro con capacidad para 20.000 personas y 10.000 artistas. Para señalar las horas de trabajo y descanso, sonaba un órgano gigantesco desde el pináculo de una torre que dominaba la ciudad. De hecho, la música era la única actividad de los eufonianos.

También (otra derivación) nos parece que guarda cierta relación con esta estructura completa de la ciudad armónica la rígida zonificación urbana establecida por el Movimiento moderno, la distribución de la ciudad entre tipos de usos y actividades precisas y medidas. Y por supuesto, también habrá que hablar de quienes, como Fourier, han estudiado la posible relación entre pasiones y ciudad. Se ha dicho que los falansterios podrían considerarse, de alguna forma, como precedentes de las comunas hippies. Pero no es fácil ver cómo enlazan esos espacios espontáneos comunales de California o Dinamarca con el orden perfecto (y rígido) de los núcleos armonianos. No obstante, las declaraciones con que se organizaban estos últimos eran contundentes: “Las pasiones sólo tienden a la concordia, a la unidad social de la que tan alejadas las hemos creído”. Y también: “En Harmonía, los placeres son asunto del Estado: El tema parece frívolo a ciertos civilizados que relegan el amor al rango de las inutilidades, convirtiéndolo, bajo la autoridad de Diógenes, en una ocupación de perezosos. Además, sólo lo admiten a título de placer constitucional sancionado por el matrimonio; no sucede lo mismo en Harmonía (…), debe darse necesariamente gran importancia al amor que, efectivamente, ocupa el primer rango entre los placeres; la cábala gastronómica, otro placer de la Harmonía…” Decíamos que las comunas hippies no recuerdan a los enclaves armonianos. Pero la idea del amor libre, sin embargo, era literal. En la “definición de los cinco órdenes de amor” de Fourier leemos: “4) El orden omnígamo o unitario (que comprende las orgías comuestas, cosa desconocida en la civilización, u orgía libertina)”. Debemos recordar, una vez más, que cada una de estas actividades tenían su localización precisa en el orden urbano de Harmonía. Gravagnuolo ha dicho que estas utopías socialistas “han desempeñado un imprescindible papel de transmisión a la época contemporánea de los ideales progresistas de la Ilustración”. Y de hecho a ellas se ha debido, en buena parte, la democratización del confort.

Ejemplos. Suelen relacionarse las propuestas de Fourier como precedentes casi directos de la ciudad socialista (con sus casas-comuna) y de la ciudad del Movimiento moderno (con las unités de Le Corbusier). Algunas de sus realizaciones podrían considerarse una cierta materialización de aquellas ideas. Pero no hay que hacer demasiados juegos de imaginación, ya que llegaron a construirse algunos falansterios conforme al modelo de Fourier. En Francia se levantó sólo uno, que duró muy poco. Pero en Norteamérica tuvieron mayor fortuna. Se crearon allí más de cuarenta, siendo los más conocidos los del Brook Farm de Massachussets, y el North American Phalanx de New Jersey. Tampoco duraron demasiado, y en menos de una década se disolvieron. De hecho en 1856, cuando Berlioz acababa de publicar su libro, ya no quedaba nada de ninguno de ellos. Pero un par de décadas más tarde (en 1977), el industrial Jean-Baptiste André Godin fundó en Guisa (Aisne) una versión reducida del falansterio mucho más realista y viable, con capacidad para 1200 personas, que llamó familisterio. En él se renunciaba a la absoluta vida en común que diseñó Fourier, y cada familia tenía su propia vivienda. Cinco años después construyó otros dos grupos para 600 personas cada uno, equipados con tienda cooperativa, guardería, escuela, hospital, dispensario y teatro, con seguros de enfermedad y pensiones de jubilación.

Opinión. Lo cierto es que no se hundieron los falansterios de Fourier por su diseño defectuoso, sino por su estúpido planteamiento. Como sabemos, el orden total es el desorden absoluto. El sorprendente libro de Stefano Rodotà, La vida y las reglas. Entre el derecho y el no derecho (Madrid, Trotta, 2010) se esfuerza precisamente por redefinir el campo del derecho, por “salir del derecho y regresar a la vida”. Nos recuerda que el derecho fue, en su origen, una forma de liberación frente a normas restrictivas (religiosas, éticas, sociales o naturales) que “se adueñaban de la vida”. Cuando la ley “era el producto de el producto de una divinidad que la entregaba a los seres humanos, la ley escapaba a su voluntad, se adueñaba de sus vidas: la ley se limitaba a reclamar obediencia, les negaba a los hombres el poder de modificarla”. Pues bien, Rodotà, preocupado por la actual deriva, se propone ahora en su texto establecer el “límite del derecho” y determinar algunas bases para que vuelva a convertirse en “instrumento de liberación frente a una regla constrictiva y que intenta recluir la vida en una jaula jurídica”. Una jaula, por cierto, perfectamente visible en el diseño de Harmonía, que todo lo envuelve.

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Comentario de: Saravia [Member] · http://urblog.org
Podría desarrollarse (sólo haría falta tiempo... aunque bastante) un estudio sobre el uso político que se ha dado, y se da, a las pasiones, y cómo acaban de alguna forma configurando la ciudad. Algo parecido a lo que hizo Remo Bodei en su monumental "Una geometría de las pasiones" (Barcelona, Muchnik, 1995), que podría servir de método y guía.
URL 28.05.10 @ 23:43
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