Detalles del post: Ideal de la muerte

04.05.11


Ideal de la muerte
Permalink por Poto @ 21:34:09 en Una ciudad como su nombre -> Bitácora: Mundos

Volando voy

Fez (Imagen procedente de annarthusbertrand.org)

La foto. Un cementerio abandonado de Fez, aprovechado como curtiduría de tafilete o marroquí.

Por qué. Se publica en el Diario Oficial un Decreto por el que se declara la urgente ocupación de los bienes y derechos afectados por el expediente de expropiación forzosa tramitado para la ejecución de la obra denominada “Cementerio”, contemplada en el Plan de Cooperación de servicios de competencia municipal para el año 2010, aprobado por el Ayuntamiento Pleno de X tras el Día de los Inocentes de 2010.

[Mas:]

Prosigue el anuncio con la relación de bienes y derechos afectados, indicando sus titulares. Tras la desestimación de las alegaciones presentadas, se eleva a definitiva dicha relación, solicitando del correspondiente órgano autonómico la declaración de urgente ocupación.

La urgencia, dice el Decreto, “viene motivada por la necesidad apremiante de poner en marcha la obra o servicio, dado que el recinto actual se encuentra en su totalidad saturado de construcciones mortuorias, quedando disponibles solamente tres nichos, por lo que teniendo en cuenta la edad de los vecinos, en su mayoría con edades superiores a los 70 años, se generaría un grave problema con la más que probable posibilidad de que se produzcan nuevos fallecimientos. El proyecto a ejecutar resolverá tales problemas, ya que el recinto se encuentra saturado de construcciones mortuorias, lo que impide la creación de nuevos nichos, y por consiguiente cumplir con la función social a la que está destinado.”

Podemos ver que la localidad apenas alcanza los 400 habitantes, sometiéndose a una pérdida anual del 3% durante la pasada década. No hay reemplazo, y su histograma se corresponde con el de una pirámide invertida cuyo vértice se hunde sin pausa en la línea de tierra, dibujando el perfil de un barreño, su calado desvaneciéndose conforme lo hace la población.

Tiene razón el ayuntamiento en requerir la urgencia: basta una cuenta rápida (no es más que eso) para saber que apenas dispone de los meses de verano para realizar las obras. Los muertos se deben a su lugar, que fue el de quienes les antecedieron, y así hasta agotar la existencia.

Qué hacen.

No siempre se amplía, al menos en extensión. Hay lugares que se están aplicando a censos y levantamientos catastrales, entender de lo ocupado y lo disponible, intentando separar despojo y memoria, educarnos en otro sentido de lo físico. Hay donde se piensa en altura: la Moksha Tower en Mumbai; la necrópolis vertical Kouani en Tokio; o el brasileño Memorial Necrópolis Ecuménico, en la ciudad de Santos (40.000 nichos con servicios equiparables a un hotel de 5 estrellas).

También existe la opción australiana: en el Darlington Cemetery Trust, al Oeste de Victoria, no existen tumbas horizontales, sólo boquetes cilíndricos de tres metros de profundidad. Los cuerpos no se introducen en ataúdes, sino en bolsas biodegradables. Después se planta un árbol sobre la tumba.

Los parsis llevan a sus muertos a las “Torres del Silencio”, donde los buitres devoran los cuerpos. Una vez que los huesos blanquean por la intervención del sol y del viento, son arrojados al osario ubicado en la parte central del edificio.

Más simple parece ser la solución concebida por el alcalde de una pequeña localidad francesa, que dictó un bando prohibiendo a sus vecinos, so pena de severa sanción, fallecer sin disponer de espacio hábil en el cementerio, al no contarse con sitio suficiente y no ser voluntad del ayuntamiento el gastar dinero público en adquirir suelo para habilitar más tumbas.

Y, finalmente, la solución emprendedora, que pasa por la privatización de las actividades propias de la policía mortuoria. Los reclamos dirigidos a socios capitalistas y administraciones son implacables, partiendo de la premisa de que el índice de ocupación por metro cuadrado edificado es el más alto que se puede obtener en el mercado inmobiliario. Se puede realizar la compra-venta privada de nichos y sepulturas, sin olvidar la fuente de ingresos vía el alquiler. Por otro lado presenta las óptimas condiciones de todo oligopolio, al tratarse de una demanda de primera necesidad (hay que enterrarse en cementerios, y todos morimos antes o después). La sinergia del negocio presenta un valor añadido al integrarse salas de tanatorio, autopsias y todos aquellos servicios necesarios para gestionar un deceso. Para morirse, vaya, si encima pensamos que como bien hipotecario en estos momentos puede ofrecer mejor garantía (léase aprecio de una entidad financiera) que cualquier local o vivienda.

Por si acaso.

Esta bitácora ha visitado repetidamente el espacio de los muertos. El cementerio como equipamiento de salud, especialmente para aquéllos que “no han tenido la suerte de morir jóvenes” ni de ser “contemporáneos del diluvio” (en el post: De paseo con Cioran). O el lugar intensamente poético, que estimula la imaginación porque en ellos hay una vida que se pretende extirpada en los demás espacios (en Cada día parece un año). Presencia de la muerte sí, tejida con la vida. Pero dispuesta a ser borrada con el tiempo, sin pretensión de durar mucho más que los recuerdos personales. Inscripciones hechas para ser borradas con “el viento y el agua” (en Sin amigos que les olviden). Cualquier ciudad necesita siempre un cementerio, o algo semejante, donde agradecer a los muertos su comprensión y amabilidad por habernos hecho hueco (en Calles trazadas con buen sentido).

Así, somos nosotros quienes les necesitamos. Cuando cesa la vida deja de tener sentido la contemplación de su muerte. Como en ese pueblo, llegará el momento en que no quede quien pueda visitar, en el que su evocación no pertenezca a nadie. Entonces es difícil entender nuestro empeño en que los restos perduren más allá de lo que admite nuestra naturaleza, o de lo que seríamos capaces de soportar.

Tan difícil de entender como el hecho de que en ese pueblo, desde hace tiempo, no hay donde se cuide a los mayores (en realidad a nadie), donde se les acompañe o compartan otra cosa que no sea el paisaje del que ya no siente, porque no lo aguarda. Se lo gastan todo en el cementerio.

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