Detalles del post: De compras por el barrio.

13.11.12


De compras por el barrio.
Permalink por Poto @ 21:07:46 en Maneras de hacer ciudad -> Bitácora: Mundos

Me está.

Lo llaman, allí donde la novedad es rutina, dumpster diving. Aquí nos vamos aplicando al eufemismo socarrón, dando categoría de arte y oficio: recolección urbana o tiendas de tercera mano (que así lo terminará de interpretar nuestra nunca bien ponderada clase política, exaltando las virtudes de tan beneficiosa, pensarán, terapia ocupacional). Se trata de una actividad urbana cada vez más frecuente, por acción (chicos escarbando con garabato, brazos entretelados en guata halando con fruición de unos despojos), u omisión (ayuntamientos que ponen candados a los contenedores de desperdicios). Sus enclaves representan nuestros nuevos equipamientos de uso y dominio público, muebles catalizadores de aventura o solidaridad, cada vez diferentes según la sorpresa de su tesoro. Tan saludable como especialmente indicada para quienes nos empeñamos en la ciudad.

[Mas:]

Por ejemplo, el clásico análisis del plano de usos. Lo que tiene más opciones de acabar en el contenedor es lo que se gasta en las proximidades: floristerías, tiendas de electrónica, papelerías, alimentación, hogares. El zócalo que sostiene los escaparates de la modernidad ya no se ajusta a la línea de edificación, sino al viario. Podemos elegir, e incluso acudir a las calles preferidas el fin de semana, evocando costumbres de otros tiempos.

Las horas de la ciudad, y sus ritmos, ya no son los mismos. Se rastrea por la noche o la alborada, intentando no superar la medianoche (en el jardín….). Las estaciones se marcan con mudanzas y traslados, períodos vacacionales, flujo de estudiantes, traspasos o clausuras.

Las redes sociales son importantes. Ayudan a contactar con otros exploradores en la localidad o el barrio, y a compartir información sobre las concentraciones o reservas de contenedores. Pueden constituirse brigadas especializadas, y colaborar con el equipo necesario (lámparas de manos libres, guantes de goma, calzones, botas, mochilas, carritos, linternas, bolsas de plástico, picas, ganchos, tiritas, soluciones antisépticas, apoyos para empinarse). El civismo es fundamental: no esquilmar, dejar todo limpio, no molestar, conocer las ordenanzas del sitio.

La comida es cosa aparte, es lo que diferencia al diletante del profesional. Lo primero que hay que determinar es la razón por la que fue descartado el producto. Las conservas comerciales tienen una posibilidad, las domésticas ninguna. Lo mejor es conocer el origen, cosa sencilla si se trata de restaurantes o bares. El metabolismo cambia, tiende a la lorza a causa de la elevada disponibilidad de fast-food.

Y finalmente los desechos del alma, que nunca deben profanarse: diarios, principios de novela o novelas enteras o poemas, fotos, cartas, discos sin estuche, colecciones de sellos o de lo que sea, análisis clínicos, resoluciones de la alcaldía, papeletas electorales usadas o sin estrenar, actas de defunción o certificados de innecesariedad, catálogos de materiales de construcción, peluches con la felpa aún latiendo, restos de maniquí sin comprobar, llamadas perdidas, algún ser animado o desanimado…

En lugar de alentar pasadores y cerrojos, los planes urbanísticos podrían perfeccionar la señalización y accesibilidad de recintos y elementos, singularizando su descripción cartográfica y refinando las pautas de movilidad del Servicio de basuras (que viene de la voz en latín para barrer, o sea, que unos y otros actuamos con gloriosa coherencia) de modo que los tiempos de recogida resultasen óptimos para las tareas de depósito, prospección y cosecha. Igualmente podrían considerar en las Ordenanzas unas indicaciones para dulcificar el diseño de los contenedores, haciéndolos más practicables y amenos. Siempre poniendo cuidado de no formalizar u ordenar en exceso, so pena de que algún concejal o alto cargo venga con la feliz idea de habilitar los contenedores como máquinas expendedoras, sujetas al correspondiente gravamen (que el ciudadano en activo, y el que está en vía de extinción, terminarían pagando tres veces).

Dicen que jamás se es tan feliz como cuando solo posees lo que no cabe desperdiciar. Qué bien estaría que quienes fingen que nos gobiernan, y quienes les consienten haciendo que se oponen, pensaran lo mismo en relación con nosotros.

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