13. Estar reunidos

Es una frase recurrente: “Está reunido”. Bien: pues hagámosla cierta. Estemos reunidos una y otra vez, con éste y con aquél. Con todos, reiteradamente. Porque en cualquier proceso de planeamiento, de cualquier escala, nunca son demasiadas las reuniones. Es pesado, sin duda. O por mejor decir, es más pesado que si se hiciesen pocas o ninguna. Pero considerémoslo el precio de la integración progresiva del plan entre la gente que ha de valorarlo, utilizarlo, gestionarlo, aplicarlo y aprovecharlo (o sufrirlo). Considerémoslo parte del trabajo y busquémosle la gracia.
Un mínimo programa de trabajo para esta categoría

No se trata de plantear una metodología completa, ni mucho menos. Pretendemos apuntar, tan solo, una serie de indicaciones sobre el trabajo del urbanista que pudieran ser útiles. Estamos hablando ahora, por tanto, de ese grupo (minoritario) de maneras de hacer ciudad que se acogen al planeamiento urbanístico, en sus distintas escalas. Entre otras intenciones, nos mueve un propósito de coherencia y eficacia (repetimos: un propósito, no más) con las diferentes pautas urbanísticas, de muy distinto orden, que se vienen defendiendo en este blog.
La atmósfera electrizante de las vanguardias

No es fácil determinar la separación que conviene establecer entre el gusto mayoritario y el minoritario y elitista de las vanguardias. Pero si lo que se pretende es efectividad, mover a la mayor parte de la gente hacia nuevas formas expresivas, el principio no debería diferenciarse del que rige el funcionamiento de la liebre mecánica en las carreras de galgos: nunca el señuelo ha de quedar tan lejos como para que desanime la persecución, ni ha de acercarse tanto que permita morder. Entre ambas cotas estará la buena distancia.
Elogio del dibujo a mano
Nos gusta pensar que el dibujo a mano aporta algo que en el ordenador se hurta. Seguramente es algo ilusorio, pero consuela. La diferencia entre dibujar con el auxilio de programas gráficos o dibujar a mano puede ser equivalente a la que se vio hace algunas décadas entre escribir a máquina o a mano. Parecido incluso al contraste entre leer un texto de imprenta u otro caligrafiado. O, más aún, y forzando al límite las cosas, entre el lenguaje oral y el escrito, escuchar un relato o leerlo. Dicho de otra forma: la llegada de una nueva técnica aporta sus propias ventajas (leer, por ejemplo, es insustituible), pero también pone en valor y hace clásica a la que con ella se supera, mejora, o simplemente cambia. Sí: oír cómo se desliza el lápiz sobre el papel que resiste puede llegar a tener su gracia.
“Los ojos no ven, saben” (Jorge Guillén)

Una simplificadísima (y equivocada) forma de entender el orden visual del espacio urbano otorga el máximo valor al hecho de ver lo más posible desde el mayor número posible de lugares. Cuando se trata de ver un paisaje o un monumento se pretende, en esa versión de lo deseable en la ciudad, verlos desde muy lejos y con la máxima amplitud. Según ese elemental (aunque generalizado) criterio es mucho mejor, por ejemplo, ver el acueducto de Segovia cuanto antes. Y una vez cerca es preferible ver un fragmento grande, muy grande, que otro menor. Se puede llegar a expropiar parte de una manzana, cueste lo que cueste, para que la iglesia vallisoletana de San Benito, por ejemplo, se vea desde unos metros más atrás (caso real). Camillo Sitte ya argumentó contra esta práctica en 1889 (Construcción de ciudades según principios artísticos), pero al parecer 120 años no son suficientes.
Trabajo de campo, visitas al lugar

La mejor visita al lugar es siempre la siguiente. Nunca tenemos suficiente información del terreno. Nunca se agota. Tener la sensación de que el trabajo de campo ya está concluido suele ser peligroso. Porque el lugar es un pozo sin fondo.
Los gitanos, las gitanerías

“Este colectivo misterioso, que a todo el mundo cae simpático en abstracto y pone de los nervios en concreto” constituye otro ejemplo notable de poblaciones declaradas, un día sí y otro también, fuera del orden urbano. Desordenados. Hace casi exactamente un año Eduardo Mendoza escribió un magnífico artículo, al que corresponde la cita inicial. El motivo era la nueva persecución de los calés que entonces se puso en marcha en Italia (lo de siempre, nada nuevo). Se titulaba “Los gitanos y la materia de los sueños”, y reclamaba el apoyo del “colectivo de actores” a su causa. Tuvo escaso éxito, la verdad.
Notas sobre los anarquistas y la ciudad

Los anarquistas llevan en la frente la tragedia de la vida. El corazón partido entre el deseo de que desaparezca cualquier “molde que tiranice” y la necesidad “de organización, equivalente a disciplina”. Quienes se inclinaban en sus años críticos por la organización, los federalistas antiautoritarios, no sólo creían en la ciudad y concibieron para ella alguna idea de organización (“poblaciones que son los talleres donde se ha de elaborar el bienestar de cada uno”, según dijo Abreu), sino que incluso la veían como símbolo posible de justicia (“la idea de Estado, así como la de patria, tienen que ser nuevas abstracciones de la ciudad”, escribió Pi y Margall). Pero los defensores de la comuna y el municipio libre no tenían otra salida que la progresiva disolución de la ciudad en el territorio. Entretanto, quedémonos con la fórmula de Tárrida: F = cP/A, donde F es la felicidad, P el progreso, A la autoridad y c un coeficiente de complicada definición.
Un breve texto titulado La ciudad como pantalla blanca

Se incluye un resumen de la intervención en las "Jornadas sobre la Sociedad de la Cultura. ¿Democratización o democracia cultural? Mercado, identidad y espectáculo en la Sociedad de la Cultura", que tuvo lugar el 11 de marzo de 2009, en el Teatro Calderón de Valladolid (Sala Delibes). Las Jornadas han sido organizadas por la Universidad Europea Miguel de Cervantes. El título del post corresponde a unos versos de Borges: "la pantalla silenciosa y lúcida, los viernes compartidos. Esas cosas sin nombrarte te nombran" (Los conjurados).
Artículo de R. del Caz, P. Gigosos y M. Saravia publicado en el nº 276 de la Revista de Occidente

La ciudad, que tantas veces nos parece desprendida de las decisiones humanas, tan dócil ante los avatares del tiempo que diríase producto de la naturaleza, está sometida, sin embargo, a una cláusula implacable: no puede sino reflejar la cultura que la constituye. No en vano se ha dicho que la ciudad es la chose humaine par excellence (Lévi-Strauss en Tristes tropiques). A mitad de camino entre la naturaleza y el artificio, la ciudad condensa multitud de actitudes diversas que al acumularse en determinadas direcciones multiplican sus efectos, dejando huella. Por eso también se ha apuntado que quizá ninguna ciudad pueda ser explicada como un relato: ya que de toda ella «se puede dejar constancia» (ahora es Blanchot quien habla), más que como una novela habría que verla como si de un diario se tratase. El interés de sus pequeños relatos, como en los diarios, «reside en su insignificancia. Ésa es su su ley».
La erótica de las ciudades hispanomusulmanas

Bajo el Islam han florecido muy diversas ciudades. En las primeras décadas islamitas se construyeron algunas bajo un escrupuloso método del crecimiento y la austeridad. Ciudades del puritanismo, donde se consideraba que “los pródigos son hermanos del demonio”: las dūr al-hijra (R. B. Serjeant, La ciudad islámica), “moradas de la hégira” cuidadosamente planificadas por el gobierno. Las ciudades hispanmusulmanas, sin embargo, son de otro tipo bien distinto, que puede leerse desde la óptica del desorden. Ciudades del derroche y la poética, disolvían la ebullición vital sobrante en pura pérdida artística.
Urbanismo de los pueblos sin orden

El urbanismo es una construcción del orden. Aunque no siempre se ha pensado que en él hubiese que hacer sitio a alguna cuota de desorden, hoy sólo se concibe como la buena articulación de sistema y des-concierto. Pero ambas facetas, orden y desorden, están muy descompensadas en nuestra imaginación. De Platón a los jesuítas, cualquiera es capaz de pensar cómo sería una ciudad bien ordenada. Pero ¿cómo ha de ser la ciudad del desorden? Sólo una sombra. Un discurso ausente, sin duda, que perseguiremos (levemente, es cierto) hoy, con los piratas; y en días sucesivos con las realizaciones urbanas de otros pueblos pródigos. Aunque sólo sea para certificar su inexistencia.
Comentarios sobre un magnífico libro de David Martínez Borobio

Nadie se engañe: la publicación de David Martínez Borobio sobre los Derechos de realojo y retorno en la gestión urbanística (Madrid, Montecorvo, 2006) es un libro de derecho urbanístico. No trata de los desalojos forzados en diversas épocas y países; ni tampoco, por ejemplo, de las grandes operaciones de realojamiento de chabolistas en la España de los 70 u 80. No trata de nada de eso, pero enlaza muy bien con todo ello. Es un libro de técnica jurídica, de legislación y gestión, que abunda en artículos y sentencias. Pero que siempre apunta hacia el derecho de la vivienda, en su más amplia concepción. Incluso las conclusiones del último capítulo (magníficas, realistas, sensatas, útiles), se presentan en un crescendo que concluye reclamando “en definitiva, el cumplimiento de un principio de justicia material”.
Comentarios al God & Gun de Sánchez Ferlosio
La última publicación de Rafael Sánchez Ferlosio (God & Gun. Apuntes de polemología, Barcelona, Destino, 2008) es un tratado sobre la felicidad. Comienza enfadado con Savater (¿quién no se enfada hoy con Savater?) y concluye recordando la función de teatro que se daba una mañana de verano de 1959. Era en el Parque del Retiro, como la función de marionetas de la foto del encabezamiento. Y nos sitúa en un momento y lugar adecuados para recorrer un libro que, en nuestra opinión, y seguramente a su pesar, puede ser útil para el urbanismo.
Detrás de Paul Ricoeur, José Jiménez Lozano y Gyula Gazdag

Hace unos meses hablábamos, en un post sobre el paisaje, del urbanismo narrativo al que nos invitaba Manuel de Torres i Capell. Volvamos a él una vez más, en nuestra propia versión. Insistamos en una fórmula que puede ayudar a construir una ciudad más cálida. Y también (y sobre todo) una ciudad más justa. Porque la novela, con sus historias, se parece más que ninguna otra disciplina escrita a la ciudad, con sus dimensiones cruzadas, sus puntos de vista diversos e incluso contradictorios, sus recovecos y sus muchos (muchísimos) callejones sin salida. También con sus grandes parques y monumentos de piedra vieja, desde luego. Así es la ciudad y así es la vida. Y si se nos permite un juego fácil con la imagen que nos acompaña, diríamos que el urbanismo necesita contar historias sobre la ciudad para poder, en esa compañía y con algo de ritmo, alzar nuevamente el vuelo.
Comentarios a partir del último libro de Eustaquio Barjau

“En un gélido día de invierno unos puercoespines se apiñaban los unos a los otros para que así, dándose calor mutuamente, no se quedaran ateridos de frío. Sin embargo no tardaron en sentir que se estaban pinchando unos a otros, lo cual hizo que volvieran a alejarse unos de otros. Luego, cuando la necesidad de calentarse los volvió a juntar, se repitió por segunda vez aquel mal, de modo que estos dos sufrimientos los estaban lanzando de un lado a otro, hasta que encontraron una distancia moderada en la que mejor podían soportar aquella situación. Y a esta distancia la llamaron cortesía y buenas maneras”. Esta fábula de Schopenhauer (Parerga und Paraliponema 11 & 396), que ya utilizamos en alguno de nuestros libros, puede sernos útil una vez más, ahora desde un nuevo enfoque. La cortesía, esta manera de ver la cortesía, podría ayudarnos a resituar el papel de las ordenanzas de edificación y uso del suelo, especialmente en los conjuntos de viviendas unifamiliares, donde la expresión personal de propietarios y vecinos tiene lugar.
El "grado cero" del urbanismo

Un campo de refugiados es un asentamiento humano en el que vive, durante un período indeterminado de tiempo, un conjunto de personas desplazadas forzosamente de su residencia habitual. Allí reciben ayuda humanitaria internacional, fundamentalmente en forma de alimentos, cobijo y asistencia médica. Hay unos 20 millones de refugiados en el mundo, de los que unos nueve millones son niños. Los datos, como siempre, son distintos según la fuente de que te sirvas. Además, la estancia en los campos es muy variable. En Albania, los refugiados de Kosovo vivieron en campos durante sólo tres meses, mientras los refugiados de Somalia han estado viviendo en campos en Kenia desde 1991. El de Jallozai, en Paquistán, se formó a partir de la invasión soviética, en los años 80. Y el de Tinduf, en el Sahara, se formó hace más de treinta años.
Y treinta años es mucho. No es exagerado decir que, en algunos casos, los campos son germen de ciudades. Y que en ellos está el urbanismo en grado cero. El mínimo del mínimo de la vida urbana. Lo menos que se puede pedir a una ciudad. Por eso deberían ser una referencia al urbanismo. Pero no una cualquiera, sino básica. ¿Cuál es la cantidad de agua necesaria? ¿Cuál el tamaño de la vivienda? ¿Qué significa la seguridad? ¿Cuál es el la relatividad del impacto sobre el medio ambiente? ¿Ciudad compacta? ¿Ciudad saludable? En los campos de refugiados sí que hay respuestas.

El viejo cuento del rey desnudo tiene una expresión moderna en el relato que se inventó el director de cine Alfred Hitchcock sobre el MacGuffin (o McGuffin, o Maguffin). Se trata de una expresión que designa la excusa argumental que pone en marcha una historia. La excusa que motiva a los personajes a desarrollar la historia, pero que en realidad carece de relevancia por sí misma. Lo que distingue al MacGuffin de otros tipos de coartadas argumentales es su carácter intercambiable. Y desde el punto de vista de la audiencia, que tal excusa, el MacGuffin, no es lo importante de la historia narrada.
Notas para la conferencia del mismo título, desarrollada en el Colegio de Arquitectos de Salamanca, el 9 de noviembre de 2007, con motivo del día mundial del urbanismo.

Le Corbusier escribió su libro Cuando las catedrales eran blancas en París, en el año 1936, meses después del viaje que realizó a Estados Unidos por invitación del MOMA (Museum of Modern Art de Nueva York) para dar una serie de conferencias en varias ciudades. La primera edición en francés data de 1937; y en castellano, de 1948 (Buenos Aires, Poseidón. Hay una edición más reciente en Apóstrofe, 1999). Tiene dos partes: la primera, "Atmósferas", es breve y actúa como introducción a la segunda, "Estados Unidos de América", en la que, a lo largo de 46 capítulos (cortos) comenta su impresión de la visita, centrado especialmente en Nueva York, y expone, entretanto, sus teorías de regeneración urbana. El libro sigue siendo entretenidísimo. En parte, desde luego, por la desmesura, egocentrismo gracioso y mezcla de razón y mito que, siempre que se lea en dosis breves, le favorece. Pero también porque invita a pensar en la situación actual de las ciudades, donde se pueden ver muchos de los signos a que se refiere Le Corbusier, aunque ahora extendidos a las ciudades de todo el planeta. Por de pronto, las catedrales han vuelto a ser blancas.
Para las asignaturas de “Planeamiento de Nuevas Áreas” y “Gestión y ejecución del planeamiento” de la Escuela de Arquitectura de Valladolid
_______________________
coge original par
B2/Evolution
|| . . the burgeoning city . . || . .
la ciudad en ciernes . . || . .
la ville en herbe . . ||