Detalles del post: Gracias alameda

09.06.08


Gracias alameda
Permalink por Saravia @ 07:37:15 en Poética -> Bitácora: Plaza

Un poema de Oliverio Girondo

Café Alameda de Granada, en 1909 (imagen procedente de cafenocturno.com)

Hace unos días recordábamos al paisajista inglés John Constable, y su aprecio por todo, su contento omnívoro por todo lo que veía. Y nos gustaba. Porque esa aceptación universal de las cosas que están a la mano suele ir pareja, con frecuencia, al desafecto crítico de un orden general tan oculto a la vista como manifiestamente mejorable. Hoy traemos otra versión, esta vez poética, de la misma actitud.

[Mas:]

Oliverio Girondo no era, desde luego, persona acomodaticia. “Frente a la funeraria solemnidad del historiador y del catedrático que momifica cuanto toca”, como él mismo denunciaba, prefería el tono corrosivo, complejo, crítico y mordaz. Y de ahí que en el poema que nos visita haya que entender su gratitud no como conformismo sino como reconocimiento, como un modo de mirar el espectáculo cotidiano y ver en él “lo que hay de emocionante, de patético, de inédito, de grotesco en unos guantes, en un farol, y que farol y guantes transporten nuestra arbitrariedad con el confort de un transatlántico” (cit. en la edición de Trinidad Barrera de la obra de Girondo, Veinte poemas para ser leídos en el tranvía. Calcomanías y otros poemas; Madrid, Visor, 2001).

De la misma forma que no sería difícil trasladar a la ciudad, con ventaja, el comentario de los guantes y el farol (y ver así lo que hay de emocionante, de patético, de inédito y de grotesco en el edificio de la Casa Consistorial de aquí o de allá, o en la rotonda de acceso desde cualquier carretera, por poner un par de ejemplos), también sería posible (¿todavía con ventaja?) hacer una lectura urbanística del poema que leemos hoy, “Gratitud” (1942). Y así podría decirse: Gracias encuentro, trébol, sombra, dulce brea. Gracias piedra, dibujo, lejanía. Gracias calor y frío, reflejos, luz de día (incluso rima, aunque eso no le habría gustado a nuestro autor). Y así hasta el final. Cabría casi todo Girondo. Pues cuando, por ejemplo, habla del olvido, los granos y la locura, ¿no se refiere al urbanismo? Pero aun así, no tiene sentido hacerlo. Basta con imaginarnos su posibilidad, y leer el original, donde el mundo de referencia no se reduce a la ciudad, sino que está abierto... al mundo.

Gracias aroma
azul,
fogata
encelo.

Gracias pelo
caballo
mandarino.

Gracias pudor
turquesa
embrujo
vela,
llamarada
quietud
azar
delirio.

Gracias a los racimos
a la tarde,
a la sed
al fervor
a las arrugas,
al silencio
a los senos
a la noche,
a la danza
a la lumbre
a la espesura.

Muchas gracias al humo
a los microbios,
al despertar
al cuerno
a la belleza,
a la esponja
a la duda
a la semilla,
a la sangre
a los toros
a la siesta.

Gracias por la ebriedad,
por la vagancia,
por el aire
la piel
las alamedas,
por el absurdo de hoy
y de mañana,
desazón
avidez
calma
alegría,
nostalgia
desamor
ceniza
llanto.

Gracias a lo que nace,
a lo que muere,
a las uñas
las alas
las hormigas,
los reflejos,
el viento
la rompiente,
el olvido
los granos
la locura.

Muchas gracias gusano.
Gracias huevo.
Gracias fango,
sonido.
Gracias piedra.
Muchas gracias por todo.
Muchas gracias.

Oliverio Girondo,
agradecido.

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