Apuntes de la vida diaria de la vallisoletana María Azucena Ferreruela

En un precioso artículo de El Norte de Castilla (27 de marzo de 2007), titulado "Princesa de la miseria", Jorge Sanz relataba su conversación con una mujer sorprendente. No vamos a resumir lo que contaba María Azucena al atónito periodista: mucho mejor leer el reportaje original. Pero sí recordaremos sus condiciones de vida.
María Azucena vive sola. Pero no sabemos dónde estará ahora. Su territorio (provisional, inmensamente provisional) era una parcela de suelo urbanizable donde se ubicaban hasta hace unos años los Viveros Gimeno. Allí se iba a desarrollar un plan parcial (denominado precisamente “Los Viveros”), con 939 viviendas. Pero hasta que se iniciaron las obras, hace unos pocos meses, nuestra protagonista lo tomó como lugar de residencia. Allí, en una vieja caseta de obra, se protegía de la lluvia y (malamente) del frío. Su mobiliario era muy precario: “algunos viejos cacharros de cocina, una mesilla, la hamaca y cuatro trapos. Sus posesiones caben en un más que antiguo carrito de niño con el que recorre el solar en busca de un poco de leña”. Se acabó. Vive de las limosnas que obtienía en la puerta de la Catedral. Y es propietaria de una gloriosa imaginación. Suponemos que la habrán expulsado de su terreno. Porque aunque consideraba que “alguna parte tiene que ser mío, ¡vamos, digo yo!, que para eso soy princesa”, no creemos que a los propietarios de “la otra parte” de los terrenos, los propietarios legales, su convencimiento les haya parecido suficiente título.
Los terrenos baldíos tienen muy mala fama. Ya casi no cumplen ni como barbecho. Si revisamos las últimas noticias aparecidas en la prensa española donde se hace referencia a este tipo de suelos, podemos comprobar cómo no hay ni una sola donde se les considere valiosos. En Bilbao el Ayuntamiento hará una gran inversión para “sanar” (ya estamos con la insoportable metáfora médica) “un terraplén insalubre y peligroso y un par de terrenos baldíos convertidos en barrizales en invierno”. En Asturias "se están investigando los terrenos baldíos en busca de vertederos ilegales en los que particulares y empresas depositan sus escombros". Otras noticias se refieren a la posibilidad de destinarlos a algún uso productivo, o rentable (cultivo de biocombustibles -Madrid-, o de setas -Valencia-). Suelen asociarse a las ideas de suciedad, despilfarro (en el juicio del lino se dijo: "Dejar los terrenos baldíos supondría un deterioro patrimonial y conllevaría un reproche social"), peligro (“el violador de la universidad de Alcalá recorrió terrenos baldíos”), drogas, inseguridad (en la zona de Méndez Álvaro, de Madrid, los vecinos “pretendían llamar la atención del Ayuntamiento para que limpie estos terrenos baldíos que consideran focos de inseguridad”). Y a la miseria, siempre se asocian a muchísima miseria.
Y sin embargo, al menos desde el punto de vista ecológico, del ecosistema urbano, no sólo son piezas valiosas para la ciudad, sino imprescindibles. Siendo necesarias las zonas arboladas reguladas, ordenadas, los parques, la ciudad también precisa, y quizá con mayor urgencia, de áreas vacantes y baldíos, pues es en estos terrenos, y no en la Naturaleza domesticada de los parques, donde se cumple un papel ecológico de primer orden: "son las zonas de conservación de la naturaleza del mañana" (Kelcey). Los baldíos son biotopos potenciales singulares, cuya urbanización debe considerarse como "pérdida de paisaje o de zonas verdes". El retraso en la construcción de estas áreas permite su desarrollo como reservas de vegetación espontánea. Suelen ser refugio de especies amenazadas y poseen con frecuencia alta diversidad. Por eso, algunos de estos ámbitos, en estado avanzado de sucesión, cumplen un papel ecológico fundamental. Los terrenos descuidados del entorno de la ciudad, incluso algunos utilizados como vertederos, son superficies ecológicas valiosas.
Pero no sólo interesan los baldíos desde la ecología. También hace falta esa clase de terrenos desde consideraciones sociales. Y, de hecho, podríamos repetir punto por punto los criterios anteriores, hablando ahora de la gente. Hagamos el juego: Siendo necesarias las zonas residenciales reguladas, ordenadas, la ciudad también precisa, y quizá con mayor urgencia, de áreas vacantes y baldíos, pues es en estos terrenos, y no en la Sociedad domesticada de los barrios formales, donde se cumple un papel social de primer orden: son las zonas de creación de la sociedad del mañana. El retraso en la construcción de estas áreas permite su desarrollo como reservas de grupos sociales espontáneos. Suelen ser refugio de especies amenazadas y poseen con frecuencia alta diversidad. Los terrenos descuidados del entorno de la ciudad, incluso algunos utilizados como vertederos, son superficies sociales valiosas.
¿Qué impide atenuar los ritmos de ocupación, crecimiento, formalización de todo el espacio urbano? El sector de Los Viveros lleva más de 20 años definido. Finalmente se pone en marcha; pero ha cumplido un papel, que ahora pueden retomar otros ámbitos. ¿Qué impide mantener espacios aquí o allá con esa condición de provisionalidad? No proponemos, obviamente, la previsión de terrenos específicos para ser ocupados espontáneamente. Pero sí el conocimiento y el cuidado de una población que en muchos casos no quiere acudir (o al menos, no regularmente) a los centros de indigentes; y que vive en los intersticios. Nada exige, o nada debería exigir, un urbanismo férreo. La ordenación podría acomodarse según los momentos y los lugares. No pasa nada porque no todo esté completamente ordenado. Y debería actuarse, como decimos, en varios frentes (sociales, desde luego; de seguridad, limpieza, y también urbanísticos), con especial cuidado para conservar vivo el ecosistema. Cuando se ocupan espontáneamente algunos suelos o construcciones abandonadas, a veces (no siempre) se originan problemas con los vecinos, que no negamos en absoluto. No planteamos dar prioridad a los indigentes frente a los residentes.
Sólo decimos: el urbanismo, junto a otros servicios municipales, puede contribuir a aliviar o a endurecer la complicada vida de María Azucena, la princesa.

No hay Comentarios/Pingbacks para este post...
otros contenidos de urblog relacionados con urbanismo y derechos humanos, democracia, territorio, paisaje, suburbios, economia urbana
_______________________
código original facilitado por
B2/Evolution
|| . . the burgeoning city . . || . .
la ciudad en ciernes . . || . .
la ville en herbe . . ||