Detalles del post: La casa boba de Vinícius de Moraes

23.07.08


La casa boba de Vinícius de Moraes
Permalink por Saravia @ 09:12:43 en Urbanismo con nombres -> Bitácora: Plaza

El juego de una canción infantil

Fotograma incluido en 5 The Girl from Ipanema: Brigitte Bardot vs Getz/Gilberto (youtobe.com)

Entre las decenas de canciones que nos dejó escritas Vinícius de Moraes encontramos esta delicia: A casa. La letra original dice así: “Era uma casa muito engraçada / Não tinha teto, não tinha nada / Ninguém podia entrar nela, não / Porque na casa não tinha chão / Ninguém podia dormir na rede / Porque na casa não tinha parede / Ninguém podia fazer pipi / Porque penico não tinha ali / Mas era feita com muito esmero / na rua dos bobos numero zero”. Su traducción al castellano podría ser, más o menos, así: “Era una casa disparatada / No tenía techo, ni tenía nada. / Nadie podía pasar adentro / porque la casa no tenía suelo. / Ni se podía dormir en ella / porque tampoco tenía paredes. / Nadie podía hacer pipí / pues ni retrete tenían allí. / Estaba hecha con mucho esmero / en la calle de Los Bobos, número cero”. Una magnífica versión de lo que debe tener una vivienda... ¿boba?

[Mas:]

Pues sí: sin techo, paredes, puertas ni ventanas la casa es un poco escasa. Una vivienda, para serlo, debe cumplir con un mínimo de privacidad y de confort para cada uno de sus moradores. Sólo eso, únicamente privacidad y confort, es lo que debe proporcionar. No más. Pero tampoco menos. ¿Y qué es la privacidad, qué es el confort? Para ver nuestra opinión con alguna extensión, puede leerse este texto que publicamos hace unos años en otro lugar (Ciudades civilizadas. Lecciones de urbanismo). Pero en síntesis, preguntémonos dónde encontrar esa privacidad necesaria. Y digámoslo rápido: basta, efectivamente, como nos sugería Vinícius en la cancioncilla, con unas paredes y un techo que definan un espacio, quizá muy breve, que cuenten con una puerta y, si no fuese bastante ese artefacto, también con una ventana que permita tanto entrar en comunicación con el afuera, como cerrarse a él, según la voluntad del residente. Bastaría con eso: un rincón donde esconderse, apartarse de los demás cuando los demás nos abrumen; pero que también nos deje sentirles cerca cuando los necesitemos. Verlos, oírlos. Vinícius de Moraes, que vivió en varias embajadas, pero que con 55 años se integró en una comuna hippie (en Bahía), lo sabía bien.

Pero en esa concha precisamos algo de confort. Necesitamos que la separación con el afuera pueda ser suficiente, para que las leyes del exterior no nos inunden. Que aunque fuera haga mucho frío o mucho calor dentro podamos eludirlo, al menos parcialmente. Lo mismo que el ruido, la humedad, el viento y la lluvia. Pero, como sabemos, tal aislamiento no suele ser bastante para conseguir un mínimo de comodidad en "nuestro primer universo", una conciencia de estar en paz en nuestro rincón. También requerimos, en la actualidad y en España, que en la vivienda haya luz y energía, saneamiento, telecomunicaciones, agua de beber. Queremos algo de confort, y el confort es una conquista del epicureísmo, un reclamo del bienestar y de la confianza en la felicidad terrena. Vinícius era "un gozador empedernido de todas las bondades que ofrece la vida", y probablemente estuviese de acuerdo con esta frase del viejo Epicuro: “No puedo hacerme una idea de lo que es el bien si aparto de él los placeres del gusto, los del sexo, los del oído y de todo aquello que proporciona un movimiento suave”.

Decimos: la felicidad terrena. Pero la felicidad siempre se escapa. Lo sabemos, aunque la tristeza no tenga fin, la felicidad siempre es breve y escasa, constantemente esquiva. Como una gota de orvallo, de llovizna, “brilha tranqüila, depois de leve oscila, e cai como uma lágrima de amor”. Bástenos, pues, para definir esa vivienda esencial, básica (¿mínima?) de la que hablamos decir que necesitamos un rincón del mundo desde el que cada uno, a su ritmo, pueda ver pasar la vida. Desde donde participar, según la propia cadencia, del movimiento de la vida y la belleza, camino del mar, en su constante y "melancólico fluir y refluir” (lo dice Vinicius de Moraes, al explicar la letra de su Garota de Ipanema: La chica de Ipanema es "el paradigma del tipo carioca; una mujer dorada, mezcla de flor y sirena, llena de luz y de gracia pero cuya visión es también triste, pues lleva consigo, en el camino del mar, el sentimento de lo que pasa, la belleza que no es nuestra — es un don de la vida en su lindo y melancólico fluir y refluir constante").

Entiéndasenos: no querríamos caer en insensatez, ni banalizar la cuestión de la vivienda. No querríamos decir que para nosotros, habitantes sentimentales de los rincones, es un asunto poético. No, en absoluto. Pero ¿por qué hace tanto tiempo que casi nadie se plantea, en casi ningún foro, en ningún ministerio, en ningún lugar, en qué consiste la vivienda y cuál es su necesidad, más allá de las fáciles (y tan poco operativas) enumeraciones de requisitos? Entre tanto, oigamos una vez más a Vinicius de Moraes (Se todos fossem iguais a você): al fin y al cabo, es verano.

sigue este post xml

Comentarios, Pingbacks:

No hay Comentarios/Pingbacks para este post...

debes estar registrado para comentar


idioms

  • en <. . . english/français
  • es <--- español
  • fr <. . . english/français

Categories


Plaza

otros contenidos de urblog relacionados con urbanismo y derechos humanos, democracia, territorio, paisaje, suburbios, economia urbana


participar


Buscar



sindicar

_______________________

código original facilitado por
B2/Evolution



!


|| . . the burgeoning city . . || . . la ciudad en ciernes . . || . . la ville en herbe . . ||