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29.08.09


Riga inacabada
Permalink por Saravia @ 20:40:06 en 100 ciudades -> Bitácora: Plaza

Algunas observaciones sobre los documentos urbanísticos de la ciudad báltica

Estudiantes en las calles de Riga (imagen procedente de stm.unipi.it/programmasocrates)

Cuentan que a veces se oye en la ciudad de Riga a un extraño personaje (unos dicen que un hombre vestido de negro, otros que una pálida niña, algunos más creen que es el propio río Daugava el que habla) interesado por el futuro de la ciudad. Siempre hace la misma pregunta: “¿Se ha completado ya Riga?” Y quienes lo oyen (un vigilante nocturno, un grupo de albañiles, quizá un simple paseante) responden invariablemente: “Aún no”. Contestan que no porque saben que si dijeran “sí” la ciudad se hundiría irremediablemente bajo las aguas del río.

[Mas:]

Esta leyenda, que llena unos parrafillos de las guías turísticas, parece haberse tomado en serio y la ciudad se hace y rehace sin descanso desde su origen. Como todas las demás, por cierto. El último documento en que se expresa la dirección de los cambios urbanísticos es el Rīgas Attīstības Programma para 2006-2018 (elaborado en 2005, del que puede verse aquí un Explanatory Memorandum en inglés). Pero más que su análisis detallado de los cambios, nos va a interesar ver cómo los aprecian y valoran algunos expertos de la propia ciudad. Anotaremos, en consecuencia, algunos comentarios que se hacen en una serie de informes sobre la situación urbanística de Riga en los que se aborda la ordenación del territorio, el medio ambiente, el centro histórico, la regeneración de barrios, el impulso económico o la coherencia espacial de los proyectos urbanísticos en curso, entre otros temas.

1. La gran escala

Riga está situada sobre una extensa llanura, a unos 10 km. de la desembocadura del río Daugava (o Dvina), en el golfo al que da nombre. Pero si aumentamos la escala debemos hablar del Báltico y su consideración territorial conjunta. El documento más importante para el planeamiento territorial de ese ámbito es la Agenda Baltic 21, cuyas recomendaciones principales son: 1º) La promoción del desarrollo económico y social, que se considera “esencial para proporcionar protección y conservación del medio ambiente natural y el patrimonio cultural”. 2º) Fomentar la participación pública en el planeamiento, la colaboración mutua y los principios de subordinación”. 3º) Estimular la competitividad de cada territorio, y promover al mismo tiempo el equilibrio entre las condiciones sociales y económicas de las zonas, ciudades o países con más o menos éxito”. Desarrollo, participación, competitividad, equilibrio. O dicho de otra forma: generalidades ya conocidas.

El proyecto sobre Ideas (“visiones”) y estrategias en torno a los países bálticos (VASAB ) se puso en marcha en 1992 como complemento a la citada Agenda Baltic 21. En VASAB-2010 se hacían ya recomendaciones sobre el desarrollo de una red policéntrica de ciudades en la zona del Mar Báltico, indicando también la necesidad de enfatizar las conexiones urbano-rurales. Se insiste en que debe aumentarse “la competitividad entre regiones urbanas”, y el desarrollo de una estructura policéntrica (y, consecuentemente, “descentralizada”) que sustituya a las monocéntricas tradicionales, desarrollando potentes sistemas de transporte público. La expansión urbana debe ser limitada. Y la colaboración supranacional dirigida hacia algunas cuestiones fundamentales, como las conexiones de transporte, la diversificación y el mantenimiento de las áres rurales, el desarrollo transnacional de la red verde y el desarrollo integrado de las zonas costeras y las islas.

Hay un proyecto (Baltic Palette) en el que se han desarrollado algunas de esas ideas. Se fundaba en la colaboración entre las principales capitales de la parte central de la región -Estocolmo, Helsinki, San Petersburgo, Tallin y Riga-, para el desarrollo de infraestructuras, ordenación territorial, la protección del medio ambiente e impulso de la economía. En la Parte II del Spatial (Territorial) Plan of Riga Planning Region (2005) se pueden ver algunos planos y esquemas interesantes. Y sobre el entorno territorial de la ciudad también interesa el curioso informe de Andris Zvirgzds (ex Director de Jardines de Riga entre 1993 y 1998), titulado “Riga. ¿Una ciudad en un jardín o un jardín en una ciudad?”, que se incluye en el Environment and Sustainability Profile for Riga de 2007.

2. Desarrollo histórico

Es conocido el valor del centro histórico de Riga, que fue declarado en 1997 por la Unesco Patrimonio de la Humanidad. Y su historia también se repite en las guías turísticas. La fundaron en 1201 los invasores teutónicos, que subyugaron a la población indígena (nada nuevo, como sabemos), y tuvo una considerable importancia durante la Edad Media como miembro de la liga hanseática. La ciudad vieja adquirió su configuración actual entre los siglos XIV y XVI. Según la Ley de Conservación y Protección del Centro Histórico de Riga el área protegida tiene una superficie de de 438,3 hectáreas (y la zona afectada o de respeto del entorno ocupa hasta las 1574,2 has.); pero el casco primitivo no pasa de las 35 has. Tiene un aire a las ciudades medievales alemanas. En el XVII, los esfuerzos de fortificación dieron lugar a un amplio foso y una ciudadela del norte de la ciudad, que se superaron (siguiendo un plan urbano) en el periodo que estuvo la ciudad bajo gobierno de Suecia, creándose nuevas áreas cosmopolitas alrededor del núcleo medieval.

Pero en la primera mitad del XVIII el desarrollo del siglo de Riga se vio obstaculizada por el zar de Rusia (Pedro el Grande), quien en 1714 dictó una orden que limitaba la construcción de casas de mampostería en cualquier parte del Imperio Ruso que no fuese San Petersburgo. Se desarrolló un nuevo plan en 1769, con Catalina II de Rusia, que de forma parecida al plan sueco también preveía una red regular de la calles en los suburbios, bajo una idea espacial conjunta. Buena parte de la ciudad se vio afectada por un gran incendio en 1812. Pero tras él se comenzó una reconstrucción y un crecimiento muy importante, en la época en que la Revolución Industrial alcanzó el imperio ruso. La ciudad se constituyó como un gran centro fabril y se construyeron varias líneas de ferrocarril y se amplió el puerto. Entre 1857 y 1863 se demolieron las murallas y en el fin de siglo se formó un anillo de bulevares. En esos años, por cierto, fue cuando llegó de cónsul de España Ángel Ganivet (que se suicidó, arrojándose al río). Y también fue con el nuevo siglo XX cuando se construyeron nuevos barrios de madera, y sobre todo, de Art Nouveau, que son hoy el principal atractivo turístico de la ciudad y la causa principal de la declaración de la Unesco.

En 1914 contaba con medio millón de habitantes. Y en el 1918 Riga se convirtió en la capital nacional de la República de Letonia independiente. Con ello se impulsó una nueva monumentalidad y funcionalidad, propia de los centros capitales (estructuras gubernamentales, símbolos del estado, etc.). Más tarde, la Segunda Guerra Mundial tuvo un efecto devastador. La población se redujo de nuevo por debajo de 200 000 habitantes y la república quedó una vez más dominada por los rusos, ahora dentro de la URSS. Aunque tenía un estatuto algo especial, que dentro del nuevo estado la dotaba de cierto atractivo. Fue centro de gestión y administración principal en la frontera occidental y se impulsó una nueva industrialización, lo que dio lugar a un flujo constante de profesionales y trabajadores fabriles que gozaban de unas condiciones de vida algo superiores a las de otras repúblicas soviéticas. La población ascendió hasta los 900 000 habitantes en 1985. Y la ciudad creció también con nuevos barrios de grandes bloques de viviendas. Periódicamente se desarrollaba un plan (o Genplan, en la terminología soviética), a escala 1:10.000, para organizar ese enorme crecimiento urbano, según las directrices de Moscú, desde luego. Hubo planes generales en 1955, 1969 y 1983.

Letonia recuperó la independencia en 1993. Y se aprobó un nuevo Plan General en 1995. Pero la ciudad no tenía mecanismos técnicos o jurídicos adecuados para hacer los ajustes necesarios que permitiesen pasar correctamente hacia el nuevo sistema de propiedad, propia de una economía de mercado. El Plan del 95 era ideológicamente “moderno”. Pero no pudo prever “el gran caos en la estructura de la propiedad causado por la reforma agraria”. No se respetó ningún principio de la ordenación del territorio. Y como resultado, la estructura de propiedad del suelo llegó a ser tan compleja (por ejemplo, terrenos privados que atravesaban áreas de vivienda, o los patios de otras casas, etc.), que fue muy difícil en muchos casos poder aplicar el plan. No obstante, como decíamos, las ideas parecían estar claras.

3. Notas sobre la estructura urbana

Resulta interesante leer un trabajo de hace unos años firmado por Alain Bertaud y dedicado a analizar la estructura urbana de la ciudad de Riga (Note on Riga Spatial Structure). Aunque no tuviese fecha, podría adivinarse: es el 2002. Porque es un estudio a la moda de los primeros años 2000, en plena efervescencia económica y énfasis de la cultura neoliberal. La economía de Letonia entonces estaba en ascenso y el optimismo era patente en todos los ámbitos. Según el autor, que se apunta a todos los tópicos del momento (sin dejarse ninguno) desde posiciones liberales, todos los defectos e inconvenientes de la ciudad existente se deben al periodo ruso, de economía planificada. Si se hubiese dejado actuar al mercado la ciudad sería perfecta.

Veamos. “La estructura espacial de Riga lleva la marca de los 45 años durante los cuales la `mano invisible´ del mercado de suelo fue sustituida por decisiones administrativas”. Vaya por Dios. (Un artículo de 1978, en francés, sobre la planificación urbanística soviética: aquí). Sin embargo, afortunadamente, “su excepcional núcleo histórico ha sobrevivido casi intacto”. La idea fundamental es ésta: “El reciclado del suelo industrial actualmente en desuso, y en particular el de los terrenos ubicados a menos de 6 km del centro de la ciudad, constituirá el principal desafío para el desarrollo urbano de los próximos años”. Y la estudia concienzudamente. Analiza y compara las densidades de esta ciudad (64 habitantes por hectárea) y de otra serie de ciudades europeas, y el patrón espacial de densidades. Estudia los precios del suelo y su evolución, los usos del suelo, el tráfico y el transporte, y sobre todo la evolución de la forma urbana, “determinada por la interacción compleja entre las fuerzas del mercado, la inversión pública y los reglamentos”.

Lo fundamental está en este párrafo: “Las densidades de las áreas situadas a más de 3 ó 4 km del centro de la ciudad disminuyen considerablemente, para aumentar de nuevo entre los 5 y 10 km. Esta disminución de la densidad se debe a la existencia de un cinturón industrial que no podía ser destinado a otro uso, por la ausencia de mercado de suelo. El aumento de la densidad en la zona situada entre los 5 y 10 km del centro se debe a la existencia de los grandes polígonos de bloques de vivienda. Un tipo de vivienda que fue impulsada por la oferta, y que ignoró la demanda de los consumidores. Si el mercado hubiese estado operando continuamente durante toda la historia de Riga, la densidad sería probablemente más elevada en la zona situada entre 3 y 4 km del centro y más baja entre los 5 y los 10 km. La alta densidad de los primeros 2 km se corresponde con el núcleo histórico de la ciudad y no se vio afectada por el período socialista”. Evidentemente este señor necesita urgentemente una visita a España.

Por otra parte, son muy interesantes los esquemas gráficos que aporta en estos análisis. Finalmente compara los resultados de su estudio con las propuestas establecidas en el “Riga Official Plan, 1995-2005”, y ofrece una serie de recomendaciones, que ciertamente se veían venir: Lo primero, densificar la zona de la ciudad situada entre 2 y 4 km del centro tradicional. Lo segundo, reciclar los suelos industriales en desuso: una tarea que “tendrá que ser hecha sobre todo por el sector privado, aunque el municipio de Riga tendrá también que desempeñar un papel esencial”. Pero este papel ya lo esperábamos también: 1º) Cambiar la zonificación urbanística “para adaptarse a cualquier demanda que exista para estos terrenos, ya sea comercial, de oficinas o residencial, aunque lo mejor sería un uso mixto”. 2º) Desarrollar la “infraestructura primaria” necesaria para estos suelos, y rediseñar los servicios sociales “para ser compatibles con el nuevo uso”. Y 3º) Reducir los impuestos, que deberían quedar “lo suficientemente bajos como para justificar el riesgo de que los inversores privados estarían tomando en el desarrollo de antiguos emplazamientos industriales”. Demasiado descarado, ¿no?

Otro informe, esta vez del año 2000, planteaba una “Estrategia para el desarrollo urbano. El caso de Riga”, enmarcada en el conjunto de las ciudades y regiones del centro y este europeo (la presentaba Ilgvars Francis, un alto cargo del Departamento de desarrollo urbano de Riga, en Leipzig, 2000). E insistía en una visión semejante. Este mismo autor, más adelante, en 2004, publicaba otro trabajo, esta vez en la Latvijas Universitāte, sobre “La transformación de la estructura funcional del territorio de Riga”. Coincide sustancialmente con Bertaud, y son muy parecidos incluso los esquemas explicativos. Se pregunta Francis: “¿Qué cambios en la zonificación del uso del suelo son importantes y deben considerarse? ¿Qué cambios en las normas locales y reglamentos deben plantearse para desarrollar aún más el mercado inmobiliario de Riga y hacer que la ciudad sea más atractiva para sus habitantes y para las empresas?” Y recupera planteamientos cientificistas del urbanismo que ya creíamos abandonados: “¿Es posible aplicar un modelo matemático de interacción espacial con el fin de predecir la situación de la población y las actividades económicas en el territorio de Riga?”

Por último, el autor (lo mismo que el anterior) sugiere al Ayuntamiento algunas tareas que considera prioritarias. Entre ellas: mejora de las infraestructuras, prever nuevos centros públicos fuera del núcleo histórico (“apoyando así el desarrollo de la estructura territorial descentralizada”), o preparar un plan económico a largo plazo (en el que se incluya “un plan de mitigación de la pobreza”). Y es curiosa la última recomendación, en la que propone a los .urbanistas “un enfoque completamente nuevo a su trabajo”, que debería abandonar el "diseño de nuevas áreas como desarrollos monopolistas” y combinar, por el contrario, la planificación urbana con estudios de carácter económico y social. Es decir: abandonar de una vez los hábitos de diseño y planificación propios del periodo soviético.

4. Las propuestas del Plan General de Riga 2006-2018

A principios de 2006 entró en vigor un nuevo plan: el Plan General de la Ciudad de Riga 2006-2018. Se plantea como “una posibilidad única de completar y mejorar la estructura espacial general de la ciudad y para establecer bases para la creación de la imagen de la ciudad". La obsesión por la imagen parece haber jugado un papel importante. Riga contaba a principios de 2008 con 717.371 habitantes, pero en 2000 eran 766.381. El Plan General toma como referencia una cifra de 700.000 habitantes estimados para 2018. Todo lo confía a la demanda de mejora. Es decir, a que se reclamarán nuevas viviendas para aumentar el tamaño (en la actualidad corresponden 22,3 m2/habitante de superficie de vivienda, y se espera aumenten hasta los 28 m2/habitante con el desarrollo del Plan; en los países desarrollados europeos la proporción es de 35 m2/habitante), o para cambiar de tipo de vivienda (en Riga son unifamiliares únicamente el 5,5% de las viviendas, pero se espera que en 2018 se alcance el 8%). A partir de esos datos, y otros parecidos, se estiman las necesidades de suelo y se clasifican las áreas correspondientes. Por ejemplo: “Si se tiene en cuenta que el tamaño mínimo de la parcela para la construcción de una casa privada en Riga es de 600 m2, se necesitan al menos 416 hectáreas” para cubrir las necesidades de unifamiliares (la cita corresponde a la ponencia de Andis Kublacovs, “Urban Regeneration and Strengthening of Local Neighbourhoods –the Way of Riga”, de 2008, en la que también nos fijamos al elaborar la síntesis del crecimiento urbano de la ciudad).

En el nuevo Plan General de Riga se prevé actuar en las distintas áreas urbanas como sigue. 1) El casco antiguo de Riga se ordena por medio del Plan Integral del Centro Histórico y los reglamentos específicos. 2) En la margen izquierda del río, frente al centro histórico, se actuará mediante contraste, proponiéndose nuevas edificaciones de carácter marcadamente moderno. Se creará un nuevo centro donde estarán la nueva Biblioteca Nacional, una nueva sala de conciertos acústicos y el Complejo Administrativo del Ayuntamiento de Riga, que reunirá las instalaciones que actualmente se encuentran dispersas entre muchos edificios históricos del casco antiguo. 3) Se desarrollarán nuevas áreas más allá del centro histórico, pero dentro del anillo de ferrocarriles, o en el antiguo puerto o en áreas industriales obsoletas. Un área, por tanto, de regeneración urbana en el viejo cinturón industrial de la ciudad. 4) Creación de nuevas áreas fuera del anillo ferroviario, como en el Barrio Podrags ("Centro Norte"), o en los barrios Lucavsala y Ciekurkalns ("Ezermala centro"). 5) Mejorar la funcionalidad y dotar de mayor atractivo (e identidad) a los barrios residenciales exteriores. Algunos de estos barrios ya cuentan con buenos centros locales de desarrollo, pero son más los que no los tienen. 6) Desarrollar el sistema de autopistas, aparcamiento y transporte público, intentando reducir la demanda de transporte motorizado privado (dos objetivos contradictorios, es cierto). 7) Actuaciones sobre los puertos y territorios industriales. 8) Consolidación de una estructura espacial conjunta entre las áreas naturales, áreas verdes, incluyendo parques, plazas, plantaciones de calle, bosques, espacios naturales protegidos, cementerios, láminas de agua, etc.

¿Podrá llevarse a cabo este plan, que se redactó en la euforia, en tiempos de crisis? Porque los buenos tiempos, por ahora, terminaron. La crisis económica mundial golpeó de forma espectacular a este país. La caída que vio la economía letona en 2008 fue una de las más intensas del mundo (decreció en el último trimestre de ese año el 10,5%). Hubo disturbios importantes en enero de 2009, y en febrero el Gobierno tuvo que pedir un préstamo de 7,5 millones de euros al FMI y la UE. Al parecer hay dos tradiciones en Riga que seguramente van a ser de gran utilidad en estos tiempos. La primera sostiene que en esta ciudad hay gran experiencia en la reconstrucción y restauración. La segunda, “profundamente arraigada, (es) la auto-consciente tradición de austeridad y sencillez”. Como decimos, parece que ahora van a venir bien. En cualquier caso, ¿está acabada la ciudad? –nos dice el río-. No, por Dios. Si todavía hay muchísimo por hacer.

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