Detalles del post: Itinerarios de las redes de Praça da Matriz

14.12.09


Itinerarios de las redes de Praça da Matriz
Permalink por Saravia @ 11:44:09 en 100 ciudades -> Bitácora: Plaza

Siguiendo la pista de las redes (hamacas) vendidas en una plaza de Santarém, Brasil. Texto de Rubén Valbuena Barrenechea.

Los puestos de hamacas en la Praça da Matriz destacan por su colorido, en Santarém (fotografía de R. Valbuena, realizada el 15 de marzo de 2005).

La mayor parte de las hamacas comercializadas en Santarém provienen del Nordeste, aunque hay una pequeña parte que son producidas en la región. São Bento es uno de los municipios del estado brasileño de Paraiba, de donde proceden las redes que inundan de color los comercios y los puestos de las plazas y calles donde son vendidas. A pesar de tratarse de un municipio que no es productor de algodón ni de los hilos usados en la confección de las lonas, se ha convertido en uno de los principales productores regionales de hamacas, al tiempo que esta actividad es la más importante en la economía local.

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En este núcleo del Nordeste brasileño existe un número elevado de fábricas textiles. Muchas de ellas trabajan todavía de forma artesanal, utilizando las máquinas que comenzaron a ser desechadas en la década de 50 por las industrias del estado de São Paulo. Gran parte de estas empresas trabajan en la informalidad, no tienen regularizados a sus empleados, y existe también irregularidad en la venta del producto. Una empresa de transportes con sede en São Bento, que carece de domicilio fiscal y no está inscrita en el Cadastro Nacional da Pessoa Jurídica, y por lo tanto trabaja de forma clandestina, trae las hamacas hasta Santarém. Parte de Paraiba cuando el pedido de hamacas es suficiente para viabilizar económicamente el viaje. Llega vía Belém, donde embarca en una balsa para dirigirse aguas arriba por el Río-Mar hasta la capital del Baixo Amazonas. El precio del porte para cada hamaca desde São Bento hasta Santarém es de un real.

Los comercios formales y pequeños comerciantes informales son quienes hacen los pedidos y los que compran las hamacas directamente a la fábrica, siendo abastecidos por esta empresa de transportes. Las compras ascienden desde las 300 hamacas que adquieren los pequeños comercios o algunos vendedores ambulantes con un poco de capital de giro –numerosas veces utilizando un préstamo- a las 2.000 hamacas de los grandes comercios. Son pagados entre 8 y 13 reales por cada una, en función de la calidad del tejido y del tamaño. Algunas de esas hamacas son puestas a la venta directamente en comercios y puestos, pero una gran parte ha de pasar todavía entre uno a varios intermediarios antes de llegar a los escaparates y aparadores. Los pequeños, que no tienen capacidad para realizar un pedido –por carecer de información y recursos-, acuden a los revendedores para adquirir las hamacas que desean comercializar, llegando a pagar por las redes entre 12 a 17 reales.

Por ese motivo, es común encontrar el mismo tipo de hamacas en todos los comercios y puestos ambulantes de la ciudad, pues la cadena de abastecimiento y comercialización está totalmente concentrada en unos pocos actores que ostentan el capital y la información necesaria para llevar a cabo las operaciones. Las hamacas finalmente alcanzan precios en el mercado de entre 15 a 30 reales. Un largo recorrido y muchas manos antes de llegar hasta los puestos ambulantes de la Praça da Matriz, en el centro de Santarém. La plaza durante los días laborables está cubierta de lonas plásticas azules, que protegen del inclemente sol a los vendedores de los más de 60 puestos de hamacas, bolsos, zapatos y baratijas.

Negocios informales, no regulados, pues no pagan ningún tipo de impuestos. Y que, sin embargo, son tolerados por el poder público y por la propia población. Los vendedores ambulantes están agrupados en la Associação dos Vendedores Ambulantes de Santarém, creada en abril de 2003, en la que están inscritos no sólo los forasteros que se encargaban anteriormente de la venta de hamacas en la ciudad, pues ahora son principalmente los nativos los que controlan su comercialización. Una asociación que les da más fuerza para hacer frente a los constreñimientos de la informalidad y que facilita el diálogo con las autoridades municipales. Fruto de esas conversaciones y negociaciones fue instaurada una tasa que cada vendedor debe pagar a la Prefeitura, establecida en 16 reales por mes y por puesto, que les permite desarrollar su actividad en la plaza. Según los vendedores es un canon por el espacio que ocupan en la plaza, que hoy está muy valorizado. Como consecuencia se ha producido un mercado de puestos ambulantes, que alcanzan los 1.500 a 2.000 reales. Es decir, quien desea vender en la plaza debe comprar a alguno de los vendedores que ya se encuentran instalados su derecho de venta, pues son los propios comerciantes los que realizan una férrea fiscalización en la plaza, impidiendo que nuevos vendedores se instalen y favoreciendo la valorización de sus lugares.

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