Detalles del post: Insiste Amartya Sen

26.02.10


Insiste Amartya Sen
Permalink por Saravia @ 17:10:25 en Derechos humanos -> Bitácora: Plaza

Notas urbanísticas sobre Identidad y violencia

Atentados de finales de noviembre de 2008 en Mumbai (imagen procedente de vincentloy.wordpress.com)

Leer a Amartya Sen es oír lo mismo una y otra vez. Repite las cosas a cada momento para asegurarse de que queden claras. Y se agradece. Si se hiciese un ránking de los conceptos que más reitera en su libro sobre Identidad y violencia (Buenos Aires, Katz, 2007) el primer lugar lo ocuparía éste: “La insistencia en una singularidad no elegida de la identidad humana no sólo nos empequeñece a todos, sino que hace que el mundo sea mucho más inflamable. La alternativa al carácter disgregador de una categorización de ese tipo no consiste en afirmar que todos somos iguales. No lo somos. En cambio, la principal esperanza de armonía en nuestro mundo atormentado reside en la pluralidad de nuestras identidades, que se cruzan entre sí”.

[Mas:]

Esta misma idea de las identidades plurales elegidas (“fortalecer la elección razonada”) es la clave de la bóveda que compone el libro. Pero primero, según nuestra lectura del libro de Sen, debemos considerar tres cuestiones: 1º, el sentido de pertenencia es importante en la vida de todos; 2º, la humillación tiene efectos devastadores; y 3º, el odio no suele darse espontáneamente, sino que se cultiva. Veamos.

Respecto a la pertenencia: “La comunidad bien integrada en la que los residentes hacen instintivamente cosas maravillosas por los demás con prontitud y solidaridad puede ser la misma comunidad en la que se arrojan ladrillos a las ventanas de los inmigrantes que llegan al lugar. La desgracia de la exclusión puede ir de la mano del don de la inclusión. El cultivo de la violencia asociada con los conflictos de identidad parece repetirse en todo el mundo cada vez con mayor persistencia”. Respecto a la humillación: “No pueden exagerarse los efectos devastadores de la humillación de vidas humanas”. Sen cita un reciente trabajo de la Comisión Independiente sobre África que establece que en la actualidad la tarea principal de ese continente es “ganar la guerra contra la humillación” (tal es el título del informe elaborado). “Ese legado incluye no sólo la devastación de antiguas instituciones y la oportunidad perdida de construir otras nuevas, sino también la destrucción de la confianza social, de la que dependen tantas otras cosas”. Respecto del odio: “Odiar a la gente no es tarea fácil (…). El belicoso arte de fomentar la violencia recurre a ciertos instintos básicos que le sirven para anular la libertad de pensamiento y la capacidad de un razonamiento sereno. Sin embargo, también recurre, debemos reconocerlo, a un tipo especial de lógica, una lógica fragmentaria. La identidad específica que se singulariza para la ejecución de determinadas acciones es, la mayoría de las veces, una identidad genuina de la persona que ha de reclutarse. Así, un hutu es, por supuesto, un hutu; un tigre tamil es, claramente, un tamil (…). Lo que provocó que aquello que antes era un sentimiento de autoconocimiento haya mudado en instinto asesino es, en primer lugar, la determinación de ignorar la importancia de todas las otras filiaciones y asociaciones y, en segundo lugar, la redefinición de la identidad `única´ en términos decididamente beligerantes. Aquí es donde terminan recalando la maldad y las confusiones conceptuales”.

Entendemos que en el diseño de la ciudad, y con vistas a intentar atenuar el ambiente de violencia, podríamos actuar como sigue. 1º) Evitando que, en lo posible, en la redacción de las memorias informativas se aluda a categorizaciones sociales únicas. Es cierto que hay que organizar la información para que sea útil, pero es preciso también hacer un esfuerzo para evitar la simplificadora tosquedad en los análisis. No despreciar, por ejemplo, “la riqueza de las identidades musulmanas” (por poner un ejemplo fácil), e intentar “multiplicar las pertenencias” de cada uno, que se presentarán como elecciones y como racionales, y no como imposiciones del destino, del que no se puede escapar. Parece una recomendación banal, pero no lo es en absoluto (hay muchos análisis extremadamente simples). Mucho cuidado, sobre todo, con las religiones como categoría de análisis. 2º) Insistiendo, en las memorias justificativas, en el papel esencial del razonamiento. No dar nada por sabido o entendido; reiterar el valor de los derechos humanos como horizonte (justificarlos, eso sí, frente a la percepción reactiva, la de la humillación, que con tanta frecuencia se alimenta), y estar atentos a las trampas que encierran muchas teorías aceptadas acríticamente. 3º) Fomentando, al determinar el plano de ordenación, el paisaje plural (pacifista, hemos dicho en alguna ocasión). Un paisaje que permita acostumbrarnos a ver de todo en convivencia mutua. Porque nadie ha repartido los papeles de una vez por todas. “Cuando el filósofo judío Maimónides fue forzado a emigrar de una Europa intolerante, encontró refugio tolerante en el mundo árabe”, por ejemplo. Más aún: “El hecho de que ya en el siglo X, en la España gobernada por los musulmanes, Córdoba llegara a ser un rival tan serio como Bagdad, incluso más, para alcanzar el título del lugar más civilizado del mundo se debió a la influencia del trabajo conjunto del califa Abderramán III y su visir judío, Hasdai ibn Shaprut”. Y sin embargo ahora aprobamos en referéndum prohibir la construcción de minaretes, mientras se permiten los campanarios (lo que contribuye, además, “a fortalecer la voz de las autoridades religiosas”).

4º) Examinando cuidadosamente las prioridades cuando las lealtades entre las distintas identidades que nos constituyen (la ciudadanía, la profesión, el género, la clase o muchas más) puedan entrar en conflicto. En ese caso “hay que decidir sobre la importancia relativa (…) para la elección particular en cuestión”; y en tal momento “el razonamiento y el examen cuidadoso pueden desempeñar una función fundamental tanto en la especificación de las identidades como en la reflexión sobre las fortalezas relativas de sus respectivas reivindicaciones”. No está de más recordar la célebre afirmación de Forster: “Si tuviera que elegir entre traicionar a mi país y traicionar a mi amigo, espero tener el valor de traicionar a mi país”. 5º) Haciendo lo posible por enfrentarnos al comercio de armas. No dejarlo estar, sin más. Se trata de un asunto “extrañamente poco debatido que es causa de una intensa miseria y también de privaciones persistentes”. Veamos lo que dice Sen: “Atañe a la participación de las potencias mundiales en el comercio globalizado de armas (casi el 85% de las armas vendidas internacionalmente en los años recientes provinieron de los países del G8, las grandes potencias que desempeñan una función fundamental en el liderazgo del mundo). En este campo se necesita con urgencia una iniciativa global, que vaya más allá de la necesidad –la necesidad tan importante- de ponerle coto al terrorismo, donde se concentra hoy el foco de atención”. Disponemos de instrumentos, organizaciones que analizan la participación o vinculaciones de las empresas y los gobiernos en ese tráfico. Y podría cerrarse la intervención en la construcción de la ciudad de las empresas involucradas (no es algo teórico: algunas grandes inmobiliarias, por ejemplo, parece ser que participan en el tráfico. Habrá que hacer circular sus nombres).

6º) Apoyando la discriminación positiva de algunas zonas. “La tolerancia hacia el terrorismo por parte de una población pacífica es hoy otro fenómeno peculiar en muchas regiones del mundo”. Sucede, en particular, “donde existe la sensación de maltrato, debida, por ejemplo, a haber sido dejados de lado por el progreso económico y social global, o donde existe un fuerte recuerdo de haber sido políticamente maltratados en el pasado. Una división más equitativa de los beneficios de la globalización contribuirá con medidas preventivas duraderas contra el reclutamiento de la carne de cañón del terrorismo y contra la creación de un clima general donde el terrorismo es tolerado (y, a veces, hasta celebrado)”. 7º) Y considerando, al promover la participación, las posibilidades del multiculturalismo como vía de acceso. Un punto de partida, no de llegada. Pues hay mucha confusión con este término. No se trata de invitar a actuar “a través de su propia comunidad”, ni una suerte de “monoculturalismo plural”. Una ciudad no debería verse “como una colección de segmentos aislados, con ciudadanos a los que se les asignan lugares fijos en segmentos predeterminados”. Es, como decíamos, un tema difícil: “Existe una verdadera necesidad de repensar la cuestión del multiculturalismo para evitar la confusión conceptual acerca de la identidad social y también para resistir la explotación intencional que esta confusión conceptual permite e incluso, en cierta medida, alienta”. Pero en cualquier caso no podemos permitirnos “el lujo de hacer caso omiso de las difíciles cuestiones que plantea el multiculturalismo”.

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