Detalles del post: Los ascensores de la memoria

07.04.10


Los ascensores de la memoria
Permalink por Saravia @ 14:34:36 en Cultura de los suburbios -> Bitácora: Plaza

Un paseo por el parque de Lancy, en Ginebra

Una imagen del parque de Lancy, Ginebra, Suiza (procedente de projetsdepaysage.fr)

Georges Descombes, para conseguir que en sus parques se crease una atmósfera adecuada, buscaba un clima igualmente apropiado en la fase de germinación del proyecto. Intentaba conseguir un aire “de experimentación y de conversación de donde surge su gestación”. Formulaba, en consecuencia, sus proyectos como “una especie de `jardín de amigos”. Y en ocasiones publicaba después esas conversaciones en un libro: “El proyecto y el libro funcionan de la misma manera, aunque con materiales distintos”. ¿Para qué se proyecta un libro? ¿Para quién se escribe un parque? ¿Se trata de preguntas sin respuesta? Cuando los propósitos funcionales se diluyen sólo queda, desnudo, crudo, el arte de la memoria.

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Veamos, pues, lo que comenta Sébastien Marot en su Suburbanismo y el arte de la memoria (Barcelona, G. Gili, 2006), a propósito del parque que proyectó Descombes en el municipio de Lancy, del suroeste de la periferia de Ginebra. Enclavado a lo largo del pequeño arroyo Voiret, entre múltiples edificaciones (ver Terrains d'Aventure de Lancy-Voiret‎ en Google Earth), se planteó con el envidiable objetivo crear un pequeño “campo de aventuras” para los niños de la zona. Lo planteó con un espíritu realmente juguetón, ya que se trataba del espacio de su infancia, donde el arquitecto jugó de niño.

Descombes (y, supuestamente, sus amigos) dispuso, con gran sobriedad de medios, una serie de elementos discretos. 1º) Un “puente túnel” bajo la carretera de cuatro carriles, que en origen se planteó como un “contraproyecto”. Un paso de peatones a media altura, por encima del arroyo y por debajo de la autovía, que consiste en una pasarela de 96 m que penetra en un gran cilindro de chapa ondulada y lo atraviesa. Al ser de traza completamente recta permite apreciar mejor el cambiante discurrir del riachuelo y los movimientos topográficos. Actúa –nos dice Marot- como recuerdo del viejo paso que había bajo la carretera, cuando Descombes era niño. Mitad escondite y mitad observatorio, este paso “no sólo une lo de aquí y lo de allá, sino (que es) un puente entre el paisaje del pasado y el paisaje de ahora”.

2º) Tres intervenciones en otras tantas parcelas de huertos, entre la carretera y el arroyo, donde se actuó para “heredar la lógica de la implantación” que reflejaba el parcelario. Allí se instaló un muro, una fuente y un tramo de escalera, una zona de arena, una pérgola y un patio cubierto con un campo de petanca. Sobre el “muro-fuente” corre un canalón que “es un eco de los trabajos hidráulicos” que antaño huno en la zona. El recipiente de arena “sugiere los cimientos de una casa destruida, análoga a las casas que fueron sustituidas por los grandes edificios de viviendas vecinos”. La pérgola utiliza “la estructura metálica de los invernaderos de tela de plástico que están dispersos por toda la llanura agrícola”. Y todo ello contribuye a la “desoxidación de una situación demasiado `normal y corriente”, introduciendo esas curiosas “extrañezas”.

3º) Paralela a la carretera, otra vía atraviesa el pequeño valle. El proyecto realiza en esa zona un paseo alternativo a los recorridos superficiales, “una visita a los cimientos del paisaje trastornado”. Se propone “revelar los componentes del lugar, o bien indicar discretamente sus potencialidades. Así, la presencia de una malla en el suelo denota el recorrido del agua oculta (…). Algunos espejos y baldosas cerámicas, incrustados en los muretes o en el borde de un salto de agua, sirven para puntuar un elemento o para acentuar una cesura”.

¿Cómo se aplica el "arte de la memoria" en el proyecto de este parque? Citando a Rosenberg, “Descombes reinventa el sentido del lugar mediante la descripción de lo que hay en él y de lo que ya no hay”. Se dedica a la “acumulación sedimentaria de huellas”. Las arquitecturas de Descombes “se esfuerzan por distinguir los diferentes estratos y por preparar entre éstos un espacio donde el cuerpo y el pensamiento puedan circular de nuevo”. Los elementos proyectados se presentan “como los vehículos de una reactivación de la memoria”. Sin determinismos, como una metáfora abierta. Pues el proyecto permite y favorece (anhela) la libertad de interpretaciones. Lo decía el mismo Descombes: “Quise evitar cualquier forma de narración de una historia vivida allí, cualquier forma de `érase una vez´… quería jugar con las sensaciones, pero con ligereza, dejando sombras de duda”. Ante todo quería guardar para la periferia ese ambiente de libertad que le caracteriza. Se proponía una nueva apropiación del lugar, pero “no tanto como paisaje sino como experiencia”.

Todos los elementos que el arquitecto dispone en Lancy son “algo así como ascensores que permiten que el visitante evolucione, mediante una proyección mental consciente o distraída, entre los planos virtuales de la memoria del lugar”. Tienen el estatuto "de milhojas de emociones”. En su regreso sentimental al teatro suburbano de la infancia, el proyecto paisajístico que nos propone “no va dirigido sólo a la mirada”. Porque crear (en esta cita de William Carlos Williams que recoge Marot) "ya no es realizar obras de emperadores, lo cual es una futilidad (…), sino arrojar un rayo de luz en la oprimente y obsesiva confusión del mundo”.

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