Detalles del post: Un inmenso río hacia la igualdad

02.05.10


Un inmenso río hacia la igualdad
Permalink por Saravia @ 18:22:33 en Derechos humanos -> Bitácora: Plaza

La ciudad en el contexto de Wilkinson y Pickett

El delta del Orinoco, en imagen procedente de costadevenezuela.org

Como sabemos, una de las principales funciones del urbanismo alude a la igualdad, pues uno de sus objetivos básicos es procurar el equilibrio entre las distintas áreas de la ciudad. De ahí que nos interesen especialmente un par de publicaciones recientes: por un lado, el capítulo de María José Bernuz (“Igualdad –y diferencia-“) en A. García Inda y C. Marcuello, coords., Conceptos para pensar el siglo XXI (Madrid, Catarata, 2008); y por otro el libro de R. Wilkinson y K. Pickett, Desigualdad. Un análisis de la (in)felicidad colectiva (Madrid, Turner, 2009). Veamos las notas que hemos tomado de ambos.

[Mas:]

La teoría

Bernuz nos pone al día sobre la forma en que se sigue pensando en la actualidad este concepto. Comienza recordando que una cosa es decir y otra muy distinta hacer; pues basta ver en nuestras sociedades, que efectivamente declaran, en su mayoría, la igualdad, las “desigualdades socioeconómicas sistemáticas que siguen albergando en sus profundidades”, para recelar de los enunciados puramente retóricos. Hace un repaso de algunos textos sobre el tema (curiosamente no cita a Bobbio). Cita los dos tipos de desigualdad de que hablaba Rousseau, la natural y la moral o política. Recuerda (con insistencia) los significados bien distintos de las palabras desigualdad y diversidad (esta última relacionada con la diferencia y la identidad). Alude a una serie de puntos que Pérez Luño entiende que no son discutidos: la igualdad es compleja, nos coloca ante una pluralidad de entes, personas o situaciones de las que podemos asegurar que son o no iguales entre sí; la igualdad es un concepto relacional; la cuestión de la igualdad sólo se plantea en relación a definir políticas distributivas de varios tipos.

Se pregunta: ¿igualdad entre quiénes y en qué? Y ahí empiezan las complicaciones. Recuerda las diferencias entre la igualdad formal (en la ley y ante la ley: la isonomía; la prohibición antidiscriminatoria; las consecuencias de su definición en el trato a los ciudadanos y a quienes no lo son, etc.) y la igualdad material (y su relación con el estado del bienestar, la “segunda generación de derechos”, etc.). Y de ahí entra a debatir sobre los argumentos y posibilidades de la discriminación positiva (con sus rasgos definitorios: tener en cuenta rasgos tradicionalmente discriminatorios, aplicar a situaciones de especial escasez, considerarlas actuaciones a plazo, etc.). En cualquier caso -dice-, ha de dominar la idea de complementariedad entre la igualdad formal y material. Por supuesto, dedica un apartado a distinguir lo que supone la “igualdad de oportunidades”, o igualdad inicial, y la “igualdad de resultados” o final. Debate endiablado en el que, para que nos hagamos una idea de cómo está el patio, el mismísimo Raúl Castro se ha pronunciado a favor de la igualdad de oportunidades (vivir para ver).

En todo caso la autora, aún desde una perspectiva (creemos) de izquierdas, no las tiene todas consigo y no ve demasiado claro el futuro de la igualdad: “La posibilidad de que la atención a la diferencia acabe en discriminación arbitraria, la experiencia de los abusos frecuentes de las medidas igualadoras, la tensión incomprendida entre la igualdad y la diversidad –entre otras cuestiones- y, sobre todo, la consideración de que la igualdad es sólo un medio para lograr mayor libertad está haciendo que la igualdad aparezca últimamente como un valor algo deslavazado”. Deslavazado: blando, deshilvanado, sin consistencia, disperso. Qué desastre.

La experiencia

Wilkinson y Pickett, por el contrario, y sin aludir para nada al pensamiento izquierdista, no sólo siguen confiando en la igualdad, sino que la encumbran a categoría fundamental y básica de la organización social. Con ellos estamos. Y como quiera que entienden (con buenos argumentos, con toda la razón) que “los sistemas de relaciones materiales o económicas son en realidad sistemas de relación social”, ese mismo principio de igualdad se ha de situar también como fundamento de la actividad urbanística. Su planteamiento es claro: una vez alcanzado cierto nivel económico, la igualdad es condición necesaria e imprescindible para el bienestar. No ponen en duda el valor del crecimiento económico, pero están convencidos de que en nuestras sociedades hemos agotado los beneficios del crecimiento económico. En los países "en vías de desarrollo" (o sea: países pobres), el desarrollo económico continúa siendo importante para el bienestar de los individuos. Pero seamos conscientes de que, “al igual que sucede con la salud, el grado de felicidad de las personas aumenta en las primeras fases de crecimiento económico y luego se estanca”. El estudio que realizan Wilkinson y Pickett se centra en los países ricos, y se basa en multitud de datos estadísticos comparables. No les preocupa cuál ha de ser la situación de justicia social, sino que se limitan a observar que en las sociedades menos desiguales todos los factores importantes (o al menos la mayoría, no seamos maximalistas) mejoran radicalmente cuando se consigue un importante grado de igualdad entre sus miembros. Igualdad material, de renta. Pues el trabajo se dedica al estudio de las desigualdades de renta. Aunque también sería interesante analizar otros factores, como las desigualdades en el ejercicio del poder, al no contar con datos estadísticos suficientes, los autores no lo abordan. Debido a su formación profesional, los principales argumentos del libro acabam refiriéndose, casi siempre, a la salud.

Advierten sobre la manera radicalmente distinta en que nos afectan las diferencias de renta dentro de nuestras sociedades y las que separan una sociedad rica de otra. “Las personas más ricas tienden, de media, a ser más saludables y más felices que las personas más pobres de esa misma sociedad. Pero si comparamos unos países ricos con otros, el hecho de que los habitantes de una sociedad sean, de media, el doble de ricos que los de otra no supone diferencia alguna en los parámetros de salubridad y felicidad”. La desigualdad se presenta así como un elemento de corrosión social. Pues la desigualdad se mete bajo la piel. “La mejor manera de combatir los perjuicios causados por los altos niveles de desigualdad es reducir la desigualdad. En lugar de diluir los ansiolíticos en agua corriente o aplicar terapias colectivas, la realidad impone una opción más interesante: si reducimos los índices de desigualdad, aumentarán el bienestar y la calidad de vida de todos nosotros”. Se constata que en el último medio siglo ha aumentado drásticamente la ansiedad social. Y ciertamente se observa en nuestras ciudades esta paradoja: En la cima de los logros materiales y tecnológicos, nos devora la ansiedad, la depresión y la vida comunitaria es casi nula. Pero igualmente sabemos que en muchos países la desigualdad también ha aumentado. El sufrimiento mental y la alteración emocional crecen de forma exponencial, mientras que es fácil demostrar que la reducción de la desigualdad puede ser un potente nivelador de nuestro bienestar psicológico.

De ahí que la igualdad se considere un elemento crítico en la organización social. No sólo para la salud; pues la desigualdad tiene otras múltiples consecuencias. En el libro se tratan una serie de aspectos. Por ejemplo, la violencia. Se sabe, desde hace años, que la mala salud y la violencia están más extendidas en las sociedades más desiguales. Algunos autores, como Gillian, llegan al punto de afirmar que no han visto “un solo acto de violencia serio que no se desencadenara por la sensación de haber sido humillado y ultrajado (…), que no representara un intento por recuperar la honra perdida”. Por eso puede decirse que "la desigualdad es violencia estructural". Es obvio que la desigualdad endurece la competencia por el estatus social, o lo que es lo mismo, cuanto mayor es la desigualdad social más importa el estatus. “Los homicidios son más comunes en áreas más desiguales de ciudades que van desde Manhattan a Río de Janeiro, y en los estados norteamericanos y las ciudades canadienses menos igualitarios”. También afecta a la confianza mutua. La calidad de las relaciones sociales se deteriora en las sociedades menos igualitarias. “La desigualdad aumenta la distancia social entre distintos grupos de personas y nos hace menos dispuestos a ver a los demás como `nosotros´ que como `ellos”. Podemos considerar la confianza como un medidor importante de la forma en que una mayor igualdad material puede contribuir a crear una comunidad más cohesionada y colaboradora, en beneficio de todos. Y (un tema más) cuando hablamos de igualdad de oportunidades, estamos hablando de movilidad social. Pues bien: "unas diferencias marcadas de renta `coagulan´ el flujo de la estructura social y reducen la movilidad ascendente. Y cuando se reducen las perspectivas de futuro, la igualdad de oportunidades se convierte en una meta lejana".

Los políticos dudan, pero la gente lo intuye y está mucho más predispuesta que ellos al cambio hacia la igualdad. Incluso a promover un cambio de paradigma. Hay numerosas encuestas que hablan en favor de que “se abandone la avaricia y los excesos”, y que enuncian que la mayor parte de la gente desea el cambio. Es cierto que está extendida la creencia de que el principio que gobierna la vida de los seres humanos es el interés propio. Pero, como decíamos, cabe modificar ese planteamiento tan fundamental como indemostrado. También está la amistad, el altruismo y la participación en la vida social, “que contribuyen a mejorar la salud”. Pues el estatus social y la amistad “representan dos formas opuestas de vínculo entre los seres humanos”. (Con frecuencia el libro recuerda al tono, e incluso la expresión, de La ayuda mutua de Kropotkin, sobre todo al hablar del comportamiento animal). No existe una sola vía para alcanzar la igualdad y establecer “estrategias de contradominación”. Hay una serie de ellas, y muchas parecen igualmente válidas. En cualquier caso, hay que hacer frente a las grandes corporaciones. Las grandes empresas y multinacionales se comportan como “el elefante en la cacharrería”. Cuando Thomas Paine -se recuerda en el libro- escribió sobre el sistema capitalista y los derechos, su perspectiva era la de un conjunto de pequeños empresarios, cuya actuación era compatible con la democracia. “Si hubiese previsto que el desarrollo de gigantescas multinacionales sobrepasaría la riqueza y el poder antidemocrático de su tiempo, seguro que habría incluido a éstas entre los enemigos de la igualdad”. Notemos, por último, que (una vez más volvemos a las evidencias estadísticas) el hecho de acortar las diferencias de renta en el seno de los países ricos los hace más receptivos a las necesidades de los países pobres. La igualdad en la ciudad contribuye también a la igualdad en el mundo.

La práctica

Lo cierto es que, por mucho que argumentemos que la igualdad es importante, útil, justa o necesaria, los gobiernos sólo “han emprendido medidas encaminadas a reducir la desigualdad cuando su supervivencia ha dependido de esa cuestión” (los autores citan varios ejemplos muy llamativos). Todos hemos experimentado la vida en igualdad. Aunque por poco tiempo: en los siete primeros segundos de un recién nacido no sabe nada de las desigualdades ni de la violencia que generan. Los autores del libro que comentamos están convencidos de que la historia nos avala: “Si echamos la vista atrás, comprobaremos que en la historia de la humanidad se ha producido una tendencia imparable hacia la igualdad. Fluye como un río de progreso”. Nos recuerdan unos párrafos de la novela de José Mª Arguedas Los ríos profundos, que nos gusta citar: un río que acabaría por "entrar en el mar, acompañado de un gran pueblo de aves que cantarían desde la altura". Pero, por mucho que la corriente sea imparable, que haya una “ciudad en ciernes” que acabará emergiendo, no estaría mal echar una mano a la historia, los ríos y la primavera. O dicho de otra forma: forzar el cambio hacia la igualdad, también desde el urbanismo.

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