Detalles del post: Experiencias a seguir ante la crisis: políticas de suelo y vivienda en Cisjordania.

05.05.12


Experiencias a seguir ante la crisis: políticas de suelo y vivienda en Cisjordania.
Permalink por Poto @ 18:42:13 en Derechos humanos -> Bitácora: Plaza

Más Producto Interior Bruto.

Nueva urbanización en Cisjordania. Elaboración propia sobre imagen de Google Earth.

Desde 1967 Israel ha establecido unos 150 asentamientos sobre Cisjordania (residenciales y en menor medida otros usos), además de 100 puestos de avanzada "no autorizados". La población de colonos ha alcanzado los 500.000, creciendo durante la última década a una tasa anual del 5’3% (frente al 1’8% de la población total israelí). La demanda no cesa, y los procesos de planificación, gestión, urbanización y construcción de viviendas se solapan del entusiasmo al delirio, exigiendo una y otra vez más suelo a incorporar. La pregunta es ineludible: ¿cómo han conseguido resultados tan prodigiosos? ¿Qué tan sofisticadas como eficaces técnicas se han aplicado en estas espectaculares acciones de desarrollo? Siendo como es nuestro propósito aprender y compartir, vamos a intentar verlo.

[Mas:]

El suelo.

El siglo XIX concretó la mayor parte de las acciones de reforma y modernización del Imperio Otomano. Las más importantes florecieron durante la Tanzimât (1839-1876), de las que hemos destacar el Código Agrario Otomano de 1858.

El Código Agrario Otomano estableció la obligación de registrar públicamente la propiedad de la tierra, librándose el título correspondiente. A partir de ese momento el acto de inscripción prevalecerá sobre toda presunción derivada de la ocupación de hecho (cultivo), si bien se concedía a los agricultores o aparceros la prioridad en el proceso de regularización. La pasividad o inexistencia de labradores (real o arteramente justificada) habilitaba no obstante la inscripción por un tercero. Con ello pretendía el Código, al menos formalmente, incentivar el cultivo de las tierras y evitar la acción de los intermediarios que abusaban de los agricultores imputándoles los impuestos derivados de la posesión del bien o de la cesión de uso. Como era de prever, el Código cedió a todas las perversiones de la convulsa realidad del desmembramiento del Imperio Otomano: los campesinos dependían de la protección de los cabecillas locales, no disponían del conocimiento ni asistencia suficientes para acceder a los procedimientos de obtención de títulos de propiedad, temían que convertirse en propietarios los iba a exponer a mayores cargas por parte del Imperio (impuestos, reclutamiento obligatorio), o que de conseguir superar el calvario administrativo acabaran perdiendo las tierras a causa de eventuales deudas. En definitiva, quien detentaba el poder terminaba registrando las fincas a su nombre, incluso las que desde tiempo inmemorial poseían quienes las habían labrado.

Los británicos, en el Mandato de 1917-1948, aplicaron un nuevo giro al Código: demarcaron jerarquías socio-espaciales según los aprovechamientos y tipo de ocupación del suelo, confiando el control del uso a la Administración, de manera que cualquier acción no autorizada implicaba delito de allanamiento.

Tras la Guerra árabe-israelí de 1948, el gobierno de Israel acometió la constitución de una serie de entidades cuyo fin era el de blindar áreas territoriales en la periferia de su nuevo Estado, considerándolas como soporte potencial de amenaza a su soberanía. Una de estas instituciones, la Administración de Suelo de Israel (Israel Land Administration), no solo cumplía la función de engrosar el patrimonio vinculado a la exigencia estratégica sino también la de concretar las reservas a ocupar por asentamientos civiles, con la intención última de reforzar el control sobre el territorio palestino, absorber la inmigración judía y ordenar una constelación de satélites cuya intensidad en el mapa afirmara la expansión del nuevo Estado. Los procesos de ocupación se dotaban de medidas extraordinarias que permitían, apoyándose en un previo proceso de planificación urbanística, recalificar suelo y constituir derechos que finalmente se registraban. El viejo Código de 1858 adquirió entonces su sabor más sofisticado: la desmaterialización del titular.

El marco legal.

La Ley y su administración se configuran como agentes de la transformación del espacio y sus habitantes, y el espacio modela la ley (regionalización física, segregación humana). La interacción entre ambos aspectos se manifiesta en el orden territorial alterando la constitución y situación del suelo y los habitantes, particularmente el régimen de derechos de estos últimos. La eficacia reside en el desdoblamiento del orden: militar para el proyecto de víctima, civil para los súbditos. La sociedad terminará viendo la desigualdad oficial como un sistema natural de gobierno. Legitimada la ideología, veremos que conforme se procede a la fragmentación del territorio va reduciéndose la incidencia de cargas que dificultan el proceso, al desmembrarse la contigüidad de las porciones que interesa incorporar al proceso.

El modelo territorial.

Distinguimos tres referencias:

- Viral: ocupación mediante una infección de carácter sistémico. Apenas duele o irrita. En el ciclo de replicación se localiza en el territorio huésped interviniendo sus funciones y metabolismo, los que aprovecha para desarrollarse. Desde el exterior todo parece normal hasta que el sistema completo se desintegra y es sustituido.

- Descomposición por entropía (al modo de Prigogine y Stengers): se interviene sobre el sistema dependiente que se constituye con base en la relación entre organismo y medio, suspendiendo el flujo con el entorno. Se induce un estado de entropía alta, dando lugar a la descomposición y en definitiva al caos. Superado el nivel de supervivencia los recursos se consumen cada vez con mayor rapidez hasta que se produce la atomización del territorio, liberando el espacio rural.

- Destruir para crear (por ejemplo, Graham Greene): se vislumbra el territorio tal y como fue concebido su equilibrio. A partir de aquí, identificadas todas las claves que sostienen su coherencia, se aplica la imaginación a destruir metódicamente todas y cada una de ellas para reescribir el momento de la vida original.

La realización del modelo se asegura en 2003, mediante la construcción de un muro de 680 km. que encapsuló las poblaciones palestinas. Más de 500 controles y barreras restringieron la accesibilidad y movilidad de los habitantes aislados, incluyendo actividades cotidianas como llevar los niños al colegio. La red de comunicaciones y servicios quedó bajo uso exclusivo de Israel. La introducción de usos y tipos de edificación propios de tramas gravemente formalizadas catalizaron la exigencia de transformación del soporte y la infraestructura. Con ello los intersticios proyectaron toda tensión posible hacia los núcleos palestinos, a través de la constante planificación y ejecución de nuevas ocupaciones en sus bordes. Se indujo la desconsolidación del sitio existente, no solo a causa de la hipoxia urbana, sino también por la amenaza de eventuales remodelaciones justificadas en atender situaciones de fricción con la flamante periferia (ahora el mapa no es el territorio, sino su negativo). Lograda esta imposibilidad geofísica, la falta de relación espacial matará, sirviendo el exilio. Conforme se verifica el desplazamiento van demoliéndose los antiguos hogares, cuyo lugar será ocupado. En caso de resistencia se consiente el uso de la fuerza.

Erradicados todos los elementos territoriales que amparaban su existencia, su paisaje, las más de 200 islas que siguen selladas se vacían paulatinamente. Voluntariamente, sin que por las autoridades de Israel hayan de asumirse compromisos inconvenientes o responsabilidades políticas. Desde el comienzo de la segunda intifada en 2000, unos 100.000 palestinos han abandonado su territorio. Como se ha dicho, sin sobrecoste ni generación de cargas: un éxito de gestión en todos los sentidos.

Se ha denunciado por la Corte Internacional de Justicia, las Altas Partes Contratantes, y el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que los asentamientos son ilegales al violar el artículo 49 del IV Convenio de Ginebra. Obviamente no conocen cuál es la Ley que viene al caso.

Fin con verso conveniente.

Su esperada ausencia los hace más fértiles.

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