Detalles del post: Para llorar.

31.03.14


Para llorar.
Permalink por Poto @ 09:45:04 en Poética -> Bitácora: Plaza

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Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente. Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca. Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia adentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos. (Instrucciones para llorar. Julio Cortázar).

[Mas:]

La compañía de teatro Upright Citizens Brigade Theatre (UCBT) ofrece sesiones de comedia de producción propia siete noches a la semana en Nueva York y Los Ángeles, extendiendo dicha actividad a la formación de nuevos artistas en el ámbito nacional. Kerry O'Brien, una de sus integrantes, mantiene en la plataforma Tumblr la NYC Crying Guide, guía para llorar en Nueva York, en la que distingue y reseña los mejores (o menos adecuados) lugares de la ciudad para llorar, algo no tan obvio si nos tomamos en serio la capacidad de acogida de nuestro entorno para amparar el desconsuelo: la cortesía y el mérito de un lugar donde fluye la aflicción (o la felicidad), por el motivo que sea. Lees las entradas del microblog y se sienten amables. Describen el acto y propósito de una circunstancia urbana como tantas otras, acaso una de las más intensas, a saber:

- Al socaire de una persona repartiendo volantes de publicidad en la acera. No tiene riesgo de interrupción, porque alrededor todo el mundo agacha la cabeza para no recibir el papel. Y por eso no te ven. Al terminar te llevas uno.

- En el Museo del Sexo. No es uno de los mejores sitios, aunque el personal es atento y el contenido más que sugerente, pero en cuanto cruje la primera lágrima se te adhiere el derredor, miradas incluidas. Salvo en la sala de las dominatrices, donde te integras a la perfección.

- Un carro ambulante de empanadillas, en cualquier bordillo de la ciudad (si las ordenanzas así lo consienten). Sublime la sensación del crujir de la masa frita con la corriente del llanto.

- Bajo soportales. Aportan transición: entras intenso, sales fresco.

- Cabinas telefónicas. La gente está equivocada si las da por obsoletas. Deberían dotarlas con toallitas sanitarias, acondicionarlas mejor. Los viandantes lo aprecian, porque les gusta imaginar que lloras al teléfono porque al otro lado de la línea te están rompiendo el corazón. Ofrecen una de las experiencias más gratificantes.

- En la taquilla de una sala de cine alternativo. Lógico: el que pasa da por hecho que tu vida acaba de ser sacudida por el argumento sobrecogedor de una película con mensaje. Disfrutas de un magnífico espacio, y te acabas sumiendo en otra realidad.

- Vestidores de tiendas de ropa. Vas anticipando el llanto en la cola de espera, cultivando intensidad y recompensa. Al acceder te rodean los espejos, multiplicando la experiencia. Luego te llevas una prenda.

- En los espacios de ensayo de tiendas de instrumentos musicales. Dependes de la calidad del intérprete. Si es bueno puedes llegar a sintonizar, logrando el contrapunto perfecto para tus gemidos.

- Una gran cafetería con mucho ambiente. La gente está tan preocupada por saber qué va a elegir, si va a encontrar barra o mesa, el móvil, la compañía o las demoras, que puedes llorar cómodamente ante un café con pastelillos sin que te molesten.

- En el metro. Está lleno. No mira nadie. Sientes la velocidad, las sacudidas. Te acuna la pena.

Será que (Vicente Huidobro en El ciudadano del olvido) la muerte está atornillada a la vida. Los astros se alejan en el infinito y los barcos en el mar. Las voces se alejan en el aire vuelto hacia la nada. Los rostros se alejan entre los pinos de la memoria. Y cuando el vacío está vacío bajo el aspecto irreparable. El viento abre los ojos de los ciegos. Es para llorar para llorar.

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