e4
Teju Cole es un norteamericano que creció en Nigeria, educándose como historiador del arte, fotógrafo y escritor. Es autor de “Ciudad abierta”, donde nos presenta a Julius, joven psiquiatra nigeriano residente en un hospital neoyorquino, que deambula por las calles de Manhattan, sintiéndose en todo momento extraño a su contorno físico y sentimental. Nunca demasiado negro y no lo suficientemente blanco, su mirada se refleja como una ilusión de identidad.
Lo vertical nos sostiene.
El hada de los jueves abre un poema de Roberto Vallarino, como si descansado de su muerte joven quisiera explicarnos el porqué de nuestros ojos de tirabuzón, saliendo de sus Noches desandadas en las que cada día entendía menos la sucia maraña de los actos cotidianos que caen a plomo sobre la conciencia.
Página del "Poema de las cinco estaciones". Esperanza Ortega. Ed. "El Gato Gris".

El gato gris encargó a Enric Miralles una casa para los Cinc esbossos de possibles variacions melangioses de Miquel Marti i Pol. De ahí surgieron las arquitecturas entre cuyos pliegues puede sentirse la voz de Guardiola i Sala poniendo oído a la escritura del poeta.
Versos en listones de encofrar.
En 1987 se fundó PASP (Public Art Saint Paul), entidad sin ánimo de lucro orientada a la defensa y enriquecimiento de las áreas libres de la capital de Minnesota. A tal fin se comprometió a artistas y profesionales para que colaborasen con regularidad en el diseño y gestión de plazas, parques, jardines, redes peatonales, instalaciones efímeras y eventos de cara a la mayor vida y disfrute de estos espacios. Se trataba del reconocimiento y consolidación gradual de un genius loci inmanente en el devenir de la formación, la cultura y, en definitiva, el espíritu cívico (al modo de Claudel, no ser únicamente objeto de conocimiento, sino motivo de co-nacimiento).
Les a bercés.
Viento de otoño. Recogiendo los cirros del equinoccio, el mar se juega del turquesa al gris, y nos dejamos de esperar. Vadeamos lo que nos despide, hay que partir porque los libros se dan la vuelta. El de Kawakami recuerda, en boca del tutor Akira Kitagawa, a Francis Jammes: dice (sabiamente) que se trata de su imagen de hogar. La damos al español a partir del original y de los trabajos de Amy Lowell:
Pléyades

1. El Auto de los Reyes Magos, ciclo medieval del Ordo Stellae: de tantas lenguas todos los enigmas.
2. El Sermón de Navidad de 1622, de Lancelot Andrewes: la presentación de los Magos de Oriente.
3. T. S. Eliot, bautismo en la Iglesia Anglicana en 1927, su derivación hacia la fe, escribe La Travesía de los Magos sobre las primeras cinco líneas del Sermón de Andrewes: el menester de precipitar su poesía en (y a través de) una segunda voz, coral en sí misma, la de los Reyes Magos.
4. Luís Cernuda, exilio. Sigue a Eliot y construye, con grave delicadeza, La adoración de los Magos en cinco partes que se hablan y acompañan, dando de sí la forma de la escena y su pasión: la amargura del creyente desilusionado, afectado por la miseria de los días, consciente ya de la imposibilidad de superar nada en el tiempo.
Eliot terminó: “hubiera preferido otra muerte”. De Cernuda escogemos la tercera parte, pero sabiendo de todas.
René Char al rescate
“¿Es vivir obstinarse en consumar un recuerdo?”: Gracias, René Char, por la pregunta (La palabra en archipiélago, Madrid, Hiperión, 1986). “En nuestros jardines se preparan bosques”: Gracias también por esta afirmación. “No es el estómago quien reclama la sopa caliente; es el corazón”: una advertencia digna de fijar en la memoria.

Veamos el conjunto de versos de Fernando Valverde que hemos espigado. Están publicados en el último capítulo de su libro Razones para huir de una ciudad con frío (Madrid, Visor, 2004), llamado “Las ciudades”.
La ciudad a través de un poema de Jorge Teiller

Para entender un lugar conviene, además, hacer acopio de fotos sueltas, relatos carnívoros y pegados al suelo, quizá algunos poemas. Veamos uno de estos últimos, referido a una extraña ciudad: "Un día en Madrid", de Jorge Teillier (publicado en la Revista de Occidente nº 292, septiembre de 2005).
Mentiras de Charles Tomlinson en beneficio de la verdad
No hay libro más sugerente y más bonito que el de Charles Tomlinson, La insistencia de las cosas (Madrid, Visor, 1994), sencillamente porque no puede haberlo. Dice el propio autor: “Estos poemas son muy musicales, con gran ritmo interno; poemas, he de añadir, de una música altamente visual: los poemas de un pintor”. Para nosotros, además, han de ser útiles, pues nos ayudan a describir (y descubrir) el entorno, las cosas de la ciudad. Sobre su contenido sigue la fórmula que cree ver en los cuadros de John Constable: “El artista miente en beneficio de la verdad. Creedle”.
Todo está lleno de dioses, y su multiplicidad permite la poesía y aligera la vida

Todo está lleno de dioses. Pocos libros tan interesantes (tan pacificadores, podríamos decir) como el de Giórgos Seféris Todo está lleno de dioses (México, Fondo de Cultura Económica, 1999; la edición griega original es de 1944). La frase del título es de Tales de Mileto, y la cita Aristóteles en De anima. Pero la ha hecho suya Seféris como recién acuñada, y nosotros la recibimos con la misma hospitalidad. “Cuando las `cabañas´ de los inmortales se destruyeron –dice Seféris-, cuando se convirtieron en ruinas, los dioses, privados de techo, volvieron al lugar de donde habían venido: se desparramaron de nuevo por el paisaje”. Y en él están.
Para un paisajista inexperto

Construir el paisaje no es tarea fácil, especialmente si pretendes controlar todo por completo. Quien tiene experiencia ya sabe que es preferible que algunos elementos crezcan solos, por libre. Por ejemplo: las nubes, ni tocarlas. Pero en los comienzos cualquier hueco angustia, y se busca afanosamente tener dominadas todas las piezas. Pues bien, para estos jóvenes principiantes, ahí va un primer catálogo del componente esencial del paisaje (seguramente el más importante): la cubierta, el techo, el celaje que tantas veces "mueve nuestros afanes".
Acero y aluminio, cristales, textiles, plásticos. Sobre todo, hormigón. Y brea, mucha brea en las calles. Las ciudades se endurecen con materiales salvajes, ecológicamente inconvenientes, agresivos y peligrosos como fieras en tantas ocasiones. Y sin embargo, ahí están también los ladrillos, las piedras, las pizarras o las viejas piezas de madera que, conviviendo con nosotros en miles de generaciones, han acabado por amansarse. Es curiosa la vida privada de los materiales. Los más primitivos son hoy los más domésticos; y los nuevos, los que nosotros hemos creado, los más indómitos.
Un paseo con Anna Ajmátova, Olvido García Valdés, Marina Tsvetáieva y Monika Zgustova

Bajo la imagen nevada ( http://wvs.topleftpixel.com/08/02/09/ ) hemos paseado los textos de El canto y la ceniza (Barcelona, debolsillo, 2008) con las cuatro mujeres que lo han entregado: las dos autoras de los poemas que se recogen en esta antología, y las dos traductoras al castellano. ¿Qué paisajes resuenan?
De Konrad Lorenz al Conde de Lampedusa, pasando por Mario Benedetti y Ángel González

Estamos ya en el estío, esa quinta estación de que hablaba Cervantes, ese verano decadente. Pero, con todo, oficialmente aún verano: todavía podemos permitirnos jugar con mariposas. Un recuerdo: al redactar el Plan General de Aguilar de Campoo, hace ya algunos años, propusimos que toda la nueva vegetación se eligiese de tal forma que floreciese a la vez, en las mismas semanas, y en azul. Los parques, las calles arboladas, las riberas del Pisuerga y todos los nuevos ornamentos urbanos debían, por unos días, hacer que la ciudad se cubriese con un manto azul. Lo veíamos entonces (ingenuidad) como una gran mariposa de corta vida (una "celeste común" de aquellos prados, por ejemplo), que volaría unas cuantas noches en torno a alguna luz. (Y que cada cual piense en la persona luminosa que prefiera). Otro recuerdo, más cercano: al visitar el ámbito del concurso para la denominada "Ciudad del Medio Ambiente", en Soria, junto al Duero, era tal la “calidad de paraíso” de aquel paraje que al andar, con cada pisada, brotaban cientos de mariposas entre los rastrojos. Cientos. (Naturalmente, no nos presentamos al concurso).
Un viejo texto de Barthes sobre la Torre Eiffel, en el debate en torno a los símbolos urbanos
No hay símbolo urbano como la Torre Eiffel. Es el más claro, el más radiante, el más fantástico. Pero ¿cuál es su mayor valor?, ¿cuál su potencial?, ¿qué nos dice?, ¿qué nos quiere decir? Habrá que reclamar la ayuda de Roland Barthes, con un librito antiguo, su enormemente atractivo ensayo sobre La Torre Eiffel (Barcelona, Paidós, 2001. El texto original del mismo título se publicó en París en 1964). Recordémoslo.
Dos escritores en El País: Fernández Galiano el 5 de agosto y Zizek dos días después

Zizek recuerda los peligros de la poesía y la vinculación de “una (especie de) poesía” en la limpieza étnica de la antigua Yugoslavia, mientras Fernández Galiano minimiza la situación de los derechos humanos en China al aplaudir las nuevas grandes obras de arquitectura de ese país. Es curioso: el último cita a Zizek, en un artículo anterior; pero da la impresión de no haberle entendido.
A propósito de los Papeles pintados de Madera y Noriega
Algunos tenemos el vano propósito de integrar poesía y trabajo. Ya digo: vano (finalmente ambos se pierden en contradicciones insalvables). Otros, aunque arquitectos, son decididamente poetas. Sin mediación (hasta el fondo). Miguel Madera ha publicado recientemente, en esa extrañísima y exquisita editorial llamada El Gato Gris, y acompañado de unos (también refinados) trabajos de José Noriega, un libro con un solo poema: Papeles pintados (cuartos de cielo).
Un poema de Oliverio Girondo

Hace unos días recordábamos al paisajista inglés John Constable, y su aprecio por todo, su contento omnívoro por todo lo que veía. Y nos gustaba. Porque esa aceptación universal de las cosas que están a la mano suele ir pareja, con frecuencia, al desafecto crítico de un orden general tan oculto a la vista como manifiestamente mejorable. Hoy traemos otra versión, esta vez poética, de la misma actitud.
Signos poéticos de la estación, el puerto, el aeropuerto

Es desde la estación o el puerto donde hay que empezar a hablar de la ciudad. Ámbitos de bienvenidas y despedidas que acompañan a unos sentimientos “concentrados por la espera” (Edel Juárez). Espacios de intensidad, donde llegan buques, trenes, aeronaves, pletóricos de pasajeros. John Berger expresó limpiamente lo que allí se da: “un tumulto de adioses” (Páginas de la herida) simultáneos, en lo que constituye alguna forma de adiós colectivo. Aunque ahora con menor intensidad afectiva que antes, al distribuirse en fases (pasaportes, embarques, controles), que lo desnaturalizan. ¿Cabría pensar en otra solución menos ortopédica de llegar o de marcharse? En cualquier caso, son las estaciones y los puertos lugares aún más dolorosos para quien ni siquiera tiene lágrimas que dar o recibir, pañuelos que agitar. Oigamos a Dulce Mª Loynaz cantar al viajero –ella misma- que llega a puerto y nadie le espera: el viajero “que pasa entre abrazos ajenos y sonrisas que no son para él (...) se alza el cuello del abrigo en el gran muelle frío”.
:: + next => >>
otros contenidos de urblog relacionados con urbanismo y derechos humanos, democracia, territorio, paisaje, suburbios, economia urbana
:: + next => >>
_______________________
código original facilitado por
B2/Evolution
|| . . the burgeoning city . . || . .
la ciudad en ciernes . . || . .
la ville en herbe . . ||