Antes y después de la invención de la calle
Ante la reedición, en 2009, del clásico de Antonio García y Bellido, Urbanística de las grandes ciudades del mundo antiguo (Madrid, CSIC, 3ª ed. en 2009; or. de 1966: qué bonito libro), merece la pena recordar, siguiendo al autor, cómo algunos elementos de la ciudad que nos parecen dados y evidentes no son sino culturales. La vivienda, por supuesto. Pero también el emplazamiento o la calle. O dicho de otra forma: ha habido culturas sin vivienda; ciudades muebles (no inmuebles), y ciudades sin calles.
Cómo unificar la multiplicidad de regulaciones urbanísticas de España por la vía personal

No hace buen efecto. Parece extraño y no resulta muy estético que uno de los responsables del caos sea el llamado a conseguir de nuevo el orden. Llama la atención ver a Luciano Parejo firmando el proyecto de ley de reforma de la legislación urbanística de Valencia. Sorprende que quien redactó la ley valenciana ahora denunciada sea quien se va a encargar también de reconducirla.
36. El lugar

El lugar lo haces tú: lo dijo Goethe. Y contigo el agua, la vegetación, la tierra, el cielo. Y a veces las truchas. Haciéndote compañía y provocando a los músicos y a los poetas. Pero de esos elementos que te acompañan nos interesa especialmente el juego de lo que se mueve siempre y siempre se aleja, frente a lo que está fijo, enraizado y fiel: el río y el árbol. Ahí está, o así lo creemos, la suerte del lugar.
Una excusa que no vale

Constantemente oímos que se cuenta con tanta información que no es posible avanzar. Sólo –nos dicen- procesar tanto dato consume toda nuestra energía. Pero se trata de una mala excusa.
21. La escuela, la biblioteca, el museo

La escuela, que tantas veces ha sido capaz de hacer, ella sola, la ciudad, se despliega en (lentas y breves) aulas y patios: “patios de juegos breves, aulas de lentas horas” (Oswaldo Rossler). Allí bullicio y futuro, esperanza y alegría (al menos así lo vemos los mayores, los niños no tanto).
sobre Valencia

Veamos lo que se considera esencial en tres discursos diferentes sobre un mismo espacio: la ciudad de Valencia. Un texto editado por la Generalitat se titula Guía de regeneración urbana saludable (el autor es Francisco José Rubio, y se editó en 2008, presentado por el Conseller de Infraestructuras y Transporte de la Generalitat, y referido fundamentalmente a la comunidad autónoma de Valencia). Otro, el editado por la Universitat Politènica de València (lleva por título Un futuro para el pasado. Un diagnóstico para la Ciutat Vella de València; el coordinador es Fernando Gaja, y la edición es de 2009). Y el tercer texto es un breve artículo de Gerardo Roger, aparecido en la edición valenciana de El País el 20 de febrero de 2010 y titulado “La nueva reforma urbanística”. Veámosles en conjunto.
Ante las Jornadas de construcción con balas de paja (Valladolid, 12-13 de marzo de 2010)

Se trata de la historia de tres simpáticos cerditos, que eran hermanos y tenían cierta gracia. Walt Disney, con su habitual desparpajo, la explotó comercial e ideológicamente a tope. Pero tanto él como sus antecesores falsearon los datos verdaderos, porque intentaban inculcar en los niños la idea de que hay que trabajar mucho, y tener casas de las que hacen habitualmente los promotores inmobiliarios, para ser gente respetable y estar a salvo de los depredadores (a salvo incluso del lobo: no decimos más). Todos sabemos que las cosas no son así, pero el cuento tuvo cierto éxito. Ha llegado el momento, sin embargo, de contar la verdadera historia de los tres cerditos (extremeños casi con total seguridad, para más señas).
11. Con Borges en el patio

No hay patio sin cielo. De hecho, el patio es el proveedor de un cielo doméstico. De un cielo no sublime, poco celestial quizá, un cielo amable, tranquilo. “Patio, cielo encauzado. El patio es el declive por el cual se derrama el cielo en la casa” (Borges, por supuesto). Por él llega la luz y la lluvia. También el sol y también la noche. La nieve y el rocío. Proveedor de sombra y amortiguador del viento, crea un microclima en el que se atenúan los rigores. Se refresca el calor, se templa el frío. Con un poco de agua alcanza su máximo esplendor.
Una imagen de Soalala, Madagascar

La niña vive en Soalala y va al colegio. Camina descalza sobre la arena, junto a unos cierres de bambú que dejan una sombra ligera y configuran una calle sorprendentemente blanda. Una calle que es un soplo. La explanada que queda delante del colegio, totalmente de arena, no hace sino confirmar ese paisaje urbano casi de playa. Soalala es una ciudad pequeña de agricultores (unos 15.000 habitantes), mas no un aldea. Tiene puerto marítimo, puerto fluvial y aeropuerto. Su forma es llamativa, extraña, redonda, completa. Desde luego, la niña anda segura, sigue un recorrido seguro, eso es evidente. Además, caminar sobre la arena es, al parecer, muy saludable. Y el bambú se propone actualmente en algunas edificaciones como un componente ecológico y sostenible. De manera que esa combinación de bambú y arena que comentamos sólo ha de ofrecer ventajas. O lo que es lo mismo: ahí tenemos un modelo.
Recordando el poder mediático de las sociedades transnacionales, una vez más

La pena está en la gente que han pillado en esta grosera maniobra. Porque no vemos raro que aparezcan Ferran Adriá, Melendi o Trias de Bes, por ejemplo. Pero ¿qué hacen ahí Angels Barceló o Juan José Millás? Probablemente el día de la firma estaban resfriados y les falló el olfato. Pero tuvo que ser una congestión nasal enorme, pues la cosa realmente huele muy mal.
17. La torre

La torre es uno de los símbolos más llamativos e insensatos, pero constantes, de la ciudad. Parece que una suerte de atavismo nos impulsa a levantar torres a la menor ocasión, en cualquier espacio, desde siempre. A someter a la ciudad que queda abajo. Aquí, ya lo hemos dicho, preferimos la tensión extendida del plano horizontal a la gélida jungla de agujas de acero y vidrio, pero no queremos dejar de dar cuenta de cómo el desafío de la torre (“la torre subía enhiesta (...). La torre desafiaba las medidas prudentes”, dijo Cortázar) moviliza también a los poetas.
La vida de Precious Jones, según Shappire

Hasta los 16 años, la vida de Claireece Precious Jones (la tremenda, aunque quizá no tan completamente singular, vida de Precious) se desarrollará en muy pocos espacios de Harlem, el anhelante barrio de Nueva York. Pero a medida que, al aproximarse el nacimiento de su segundo hijo y por un giro afortunado del destino, esta muchacha se abre a la vida, se abre también a la ciudad y amplía el territorio que visita. Se diría que hay una relación directa entre el encogimiento del alma y la contracción del espacio en que se vive. Nos lo relata Sapphire en Push (Barcelona, Anagrama, 1998), la novela en que se basa (con gran fidelidad) la conocida película Precious (Lee Daniels, 2009).
Leyendo un texto de Huysmans sobre el Bièvre

Acaba de aparecer un libro con textos de Joris-Karl Huysmans, traducido por Martínez Sarrión (Aguas grises, Valladolid, Cuatro, 2010). Uno de los capítulos se titula “Paisajes”, y nos ofrece una inquietante manera de ver y sentir la naturaleza, explosiva, romántica, extraordinariamente expresiva, bastante alejada, según creemos, del exquisito pensamiento paisajista actual; pero, quizá por eso mismo, incomparablemente sugerente.
Notas urbanísticas sobre Identidad y violencia

Leer a Amartya Sen es oír lo mismo una y otra vez. Repite las cosas a cada momento para asegurarse de que queden claras. Y se agradece. Si se hiciese un ránking de los conceptos que más reitera en su libro sobre Identidad y violencia (Buenos Aires, Katz, 2007) el primer lugar lo ocuparía éste: “La insistencia en una singularidad no elegida de la identidad humana no sólo nos empequeñece a todos, sino que hace que el mundo sea mucho más inflamable. La alternativa al carácter disgregador de una categorización de ese tipo no consiste en afirmar que todos somos iguales. No lo somos. En cambio, la principal esperanza de armonía en nuestro mundo atormentado reside en la pluralidad de nuestras identidades, que se cruzan entre sí”.
37. Las afueras

Leamos, una vez más, a los mismos de siempre. Y pongamos algo de música (también con la gente de siempre). Hablamos hoy de las afueras.
35. El paisaje

Todo lo que nos dice Augustin Berque sobre el sentido del paisaje, en un libro extrañísimo (de esos que hay que leer con una copa cerca) titulado El pensamiento paisajero (Madrid, Biblioteca Nueva, 2009), lo venían diciendo tiempo atrás algunos poetas. Al advertir ahora las correspondencias todos ellos, poetas y geógrafo, se confirman mutuamente. ¿Será suficiente tal acuerdo para desarrollar adecuadamente nuestra ciudad?
Un comentario sobre Imaginar África

Según Ignacio Ramonet “el Sur es, en nuestro sistema comunicacional, un infierno o un paraíso; pero jamás un país normal, un pueblo normal, como cuando por ejemplo nuestro sistema comunicacional habla de nosotros. Cuando la televisión habla de España, habla de huelgas, pero también habla de debates políticos, de resultados económicos, la gente no se mata todos los días forzosamente. Del Sur no se habla nunca en términos neutros u ordinarios, porque el Sur no tiene la capacidad de emitir sobre sí mismo su propio discurso. Hoy día el Sur –en particular, el África negra- ha salido de las preocupaciones del mundo desarrollado. Por eso el Sur, en sí, no tiene importancia. Sólo tiene importancia en la medida en que el Norte esté presente o en que los intereses occidentales estén involucrados”.
Leyendo a Neil Smith

A veces es útil (incluso necesario) leer futurología. En el libro titulado Después del neoliberalismo: ciudades y caos sistémico, coordinado por Neil Smith y editado por el MACBA y la Universitat Autònoma de Barcelona en 2009, se nos dice que “en el contexto actual la perspectiva es que un neoliberalismo atrofiado –muerto pero dominante- amontone caos encima de la crisis”. Hay siete aspectos del capítulo firmado por Smith que conviene señalar.
32. Las vías, la carretera

“Dos novios, embobados, / ella con la cabeza sobre el hombro de él, / escuchan a las sombras hablar en la pantalla: / arranca y vámonos. Qué mierda de país. / Desde hoy en adelante, / sólo será mi hogar la carretera” (Carlos Marzal, en “Olor a miedo”). Y es cierto. La carretera puede ser más hogareña que otras muchas estancias. Así lo piensan muchos, y el rock de carretera lo certifica. Al fin y al cabo apunta directa hacia ese lugar donde queremos ir: “Las carreteras brillando hacia el océano” (Pere Gimferrer).
Un concierto de desconciertos
En su día esta plaza mayor estuvo arbolada. Antes fue mercado y hoy es lugar de fiestas. Su perímetro ha sido compuesto y descompuesto en varias ocasiones, de muchas de las cuales quedan huellas. Es hoy el centro de la ciudad. Pero vayamos a su origen, unos cientos de metros más al norte, y regresemos desde allí andando hasta la plaza. Este paisaje, siempre extraño, ha acabado por hacerse espejo de quien lo mire. Porque no se impone (resulta fácil desentenderse de él), pero puede acompañar (hay muchos signos de amabilidad). De habérselo propuesto, es difícil que hubiese podido alcanzar más cortesía.
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