Texto de Rubén Valbuena

El acelerado proceso de crecimiento urbano que constatamos en la región amazónica desde la década de los 70 ha tenido un claro reflejo en el aumento significativo de barrios periféricos en las ciudades medias y grandes, donde se concentra una importante parcela de la población que ha sido expulsada del medio rural. Inmigrantes que llegan de otros estados en busca de ElDorado, o incluso personas oriundas del propio núcleo, que con el tiempo y por diversos factores se han ido alejando del centro o tienen una historia con un complejo itinerario a través de los asentamientos limítrofes.
¿Dónde se enseña la mezcla?
Vamos a repasar, desde una perspectiva urbanística (aunque no sólo) cuál es la situación de los centros escolares en el mundo. Y a concretar después en una gran ciudad, Buenos Aires, para obtener una impresión general del funcionamiento de este tipo de instalaciones en la construcción urbana y el cumplimiento del derecho a la educación.
Notas sobre urbanismo y desarraigo

No hay que ser formalmente un desterrado para experimentar el desarraigo. Basta un urbanismo displicente y dispuesto a transformar en poco tiempo toda la ciudad, a ponerla por completo en obras, a eliminar todo signo activo de las últimas décadas, a limpiarla de esas construcciones y paisajes irrelevantes, quizá sólo viejos y anticuados, pero que forman unidad sentimental con la gente que los vivió hace años. No es difícil ser, decíamos, un completo extraño en la ciudad propia.
Deja que borde tu falda de rosas y nubes y mirlos y caracoles y piña de espliego y peces de plata y mansos leones y pavos reales y lagartijas y saltamontes y granadas abiertas y asnos en celo y uvas y dólares y pulpos y niños y lobas y ristras de corazones

Sigamos a tres amas de casa: María, Mercedes, Pilar. Las dos primeras según lo cuenta Juan José Millás, María y Mercedes: Dos relatos sobre el trabajo y la vida familiar (Madrid, Península, 2005). La última, por conocimiento directo.
Primer párrafo del texto para la Mesa redonda 2.D. Poder y arquitectura. El cambio de época, del próximo Congreso de Arquitectos (Valencia, 1 al 3 de julio de 2009)

Parafraseando a Pedro Casariego (en lo posible y en la distancia):*
Necesitamos arquitectos que sepan
planchar bien a quienes justifican el statu quo,
hacer la cama a los grandes depredadores,
limpiar de coches las calles de la gente,
coser los barrios y los campos que rompió (recientemente) la violencia,
no les importe trabajar los sábados ni sean tampoco muy exigentes con el sueldo.
La ciudad pondrá los vecinos y los paisajes dulces,
y les entregará
.....................despacio
................................su
...................................calor
.........................................de
............................................compañía.
_________
* El poema (precioso) de Pedro Casariego Córdoba titulado “Anuncio por palabras” está publicado en Poemas encadenados (1977-1987), Barcelona, Seix Barral, 2003.
Una pregunta

Henos aquí, en la Malvarrosa. ¿Saben por qué tiene ese nombre? Porque efectivamente, si aciertas con el día y la hora, esos son los colores que te entrega. Malva y rosa. Y sigue siendo tan bonito el cielo, tan largo el horizonte y tan fresca la brisa que no cuesta nada hacer abstracción de todo lo demás. La tierra es habitable por la acción humana, se nos ha dicho una y otra vez. Pero no es verdad. Ella sola se basta sin nosotros. Y en esa certidumbre, ¿qué hacemos enredando?
Que por ahora nos son favorables

No se nos oculta que no va a ser fácil. La modificación de algunas pautas en la redacción del planeamiento encontrará resistencias. Y los posibles cambios en algunas leyes urbanísticas también contarán con una oposición importante. Pero para empezar, seguramente no va a ser imprescindible cambiar muchas leyes. Además, su creciente homogeneidad está a nuestro favor. En España contamos con 17 regulaciones diferentes sobre el urbanismo y la ordenación del territorio. Pero todas se parecen muchísimo. Algunos términos varían de unas a otras; y también se diferencian en aspectos menores. Pero el grueso es casi idéntico. Y en el resto del mundo también parece darse la convergencia hacia un único modelo, si bien aún se encuentra en una fase menos avanzada. Pero todo llegará. Algunos hablan de pensamiento único, pero quizá sería más oportuno denominarlo “aburrimiento único”. Un tedio, eso sí, que como hemos dicho nos va a venir bien.
Para aplicar la dieciochena enunciada
La mayoría de las propuestas que se han planteado en esta bitácora se pueden aplicar directamente. Basta con que alguien (con iniciativa) las proponga y otro alguien (con poder) tenga voluntad de hacerlas efectivas. No tendría por qué ser tan difícil. En cualquier caso, y aunque no sean tan determinantes como las anteriores, hay otras dos circunstancias que se nos antojan casi imprescindibles: que las propuestas queden plasmadas en planes o proyectos (o en normas o en lo que sea: en algún documento donde se concreten formalmente las propuestas, donde se muestren elaboradas y acabadas); y que haya también un entorno social que las haga suyas: nada crece en el vacío.

Nos faltan cuatro para completar el conjunto de estándares de ese urbanismo b que queremos proponer: sobre rehabilitación, centros, infraestructuras y urbanización. Vayamos ahora con el último. Y enunciémoslo directamente: se trata de definir lo que podríamos considerar (y denominar, en consecuencia) “ciudad mínima”. Ha habido épocas en que los estudiosos de la arquitectura trataban de establecer la vivienda mínima. Algunos de los socialistas utópicos lo plantearon inicialmente, pero quizá los más conocidos hayan sido los debates de Klein o la Bauhaus sobre los elementos y las características que habría de tener, como mínimo, una vivienda digna de tal nombre. ¿Por qué no lo intentar algo parecido con la ciudad?
¿Grandes multinacionales de la producción o la distribución? No, muchas gracias (o al menos: no muchas, gracias)

Vamos a hablar de las áreas productivas y comerciales, de la industria y el terciario en la ciudad. Del urbanismo del trabajo, últimamente tan olvidado. Debería plantearse la equivalencia urbanística de los distintos espacios de trabajo. Equilibrar el gasto público que se hace en los parques tecnológicos, en los polígonos industriales o en las áreas de formación espontánea del extrarradio de algunas ciudades. No tiene ninguna lógica, desde el punto de vista social, que la ciudad se empeñe en crear un espacio ajardinado y cómodo para los trabajadores de los primeros enclaves, mientras se desatiende y se dejan a su suerte los otros lugares. Pero también se debería plantear la representación urbana de determinados empleos, objetivamente infravalorados, frente a otros que cuentan con una magnífica expresión. Los jueces o los notarios, los arquitectos y los historiadores tienen buenas sedes, edificios colegiales, academias y otra serie de casas representativas. La policía, los cargos públicos, los partidos y los sindicatos, y tantos otros, se manifiestan hacia la ciudad en sus clásicos o modernos edificios institucionales. Y qué decir de los palacios episcopales. En fin, un alto número de empleos tienen una cara urbana, central y noble. Pero ¿dónde se representan los trabajadores del servicio doméstico, por ejemplo? ¿Es esto demagogia? Es posible, pero también cabe la posibilidad de que no lo sea.
Hagamos una ciudad nigeriana

1. Un sentimiento ético
Por de pronto, sin dilación, un sentimiento ético: la tierra es de todos. De los que fueron, de los que estamos y de los que vendrán. ¿Alguien tiene una idea mejor? Es una herencia que nos dejaron, a todos, quienes nos precedieron. La cuestión es cómo organizar las cosas para que ese sentimiento sea real y efectivo. Para que tenga consecuencias prácticas. Y no nos distraigamos: es un mismo impulso el que recorre la ciudad y el campo.
Tras el modelo de seguridad de Gosnells, Perth, Australia

No sólo al corazón del amigo, al mirto y la yerbabuena. También hemos de abrir la muralla al alacrán y al ciempiés. Y al sable del coronel. Sí: también al sable. A todos y a todo, para que corra la libertad. Sabemos de las inseguridades de la ciudad (muchas sólo supuestas, pero con efectos demoledores). Sabemos del miedo atávico al extranjero, al extraño, que complica el diseño urbano. ¿Cómo conseguir, en esas condiciones, un urbanismo abierto?
De nuevo en las playas

En 1842 Matthew Fontaine Maury fue nombrado jefe del Departamento de Mapas de la Marina estadounidense. Con cierta sorpresa descubrió que en su nuevo centro no abundaban los mapas marinos, sino los diarios de viaje. Era necesario mejorar el conocimiento de los océanos, y recurrió a la vieja técnica del filósofo griego Teofrasto. Pidió a cuantos marineros pudo que lanzaran botellas al mar desde múltiples puntos del globo con mensajes dentro. Luego, cuando esas botellas llegaran a la costa, en la nota se pedía a quien las encontrara que escribieran a su departamento, indicando el lugar donde habían aparecido. Y así Maury pudo conocer mejor el comportamiento de los ríos marinos y mejorar las cartas. Sus "Mapas de los Vientos y las Corrientes", y la "Geografía física del mar", el primer manual de la oceanografía moderna, son el resultado de sus esfuerzos sistematizadores.
¿Con quién podemos contar?

Recordemos el título: urbanismo para náufragos. Estamos convencidos de que la práctica urbanística debe modificarse de forma significativa, si se pretende una ciudad más útil para todos, y especialmente para quienes más la necesitan. Con ese objetivo venimos haciendo una serie de propuestas, especialmente algunas que se concretan en un puñado de estándares. Acertados o equivocados, no lo sabemos. Pero desde luego, separados del cauce general de la teoría y la práctica urbanísticas. Y la verdad es que hoy no corren buenos tiempos para la disidencia, por leve que sea. Lo que significa que no nos va a resultar nada fácil encontrar apoyos. Ni siquiera de aquéllos a quienes más podrían beneficiar estas propuestas. ¿Melancolía?
Para recuperar el brillo, el peso, el color original de la ciudad
Digámoslo claro y cuanto antes, para evitar equívocos: estamos hablando ahora de la cultura, el espacio público y la conservación del patrimonio. Asuntos cada día con más peso en el urbanismo, que determinan muchas otras decisiones y que se consideran prioritarios. Poderosos: cuidado con las comisiones de patrimonio. Pero también queridos: mucha gente se reconoce en los edificios y ambientes conservados, los considera como propios. Entonces, ¿cuál es el problema, si es que lo hay?
Y los caminos de Bessón
Las ciudades dedican una superficie inmensa, y creciente, a su red viaria. Pero lo hacen de forma muy poco civilizada. Las declaraciones políticas y los enunciados legales suelen ser impecables, pero la práctica suele ser lamentable. Se habla de dar prioridad a los modos peatonal y ciclista y se insiste una y otra vez en la sostenibilidad, pero las autopistas y los aparcamientos no cesan de crecer a un ritmo desmesurado.
Un grupo de estándares jornaleros, en defensa de la ciudad

¿Por qué no dar nombres? Éstos son algunos: Acciona (inmobiliaria), Accor (hoteles), Ahold (distribución), Allianz AG (seguros), AMD (electrónica), Aramark (restaurantes), Arcelor (minas y metales), BASF AG (química), Bayer (química), BBVA (bancos), Bechtel (aguas), Blackwater (violencia), BP (energía), Bridgestone (neumáticos), Carlson (turismo), Carnaval (turismo), Carrefour (distribución), Celesio (salud), Centex Corp. (inmobiliarias), Chevron Texaco (energía), Citigroup Inc. (bancos), Coca Cola (bebidas), Colonial (inmobiliaria), Comcast Corp. (medios de comunicación), Countrywide (inmobiliarias), Daimer (transporte), Danone (aguas –y yogures, claro), Disney (ocio), DSM (publicidad), EADS (European Aeronautic Defence and Space Co), Electrolux (electrodomésticos), Electronic Data System Corp, Exxon Mobil (energía), Ford Motor (transporte), General Motors (transporte), Georgia Pacific (papel y madera), Glencore Int. (minas y metales), Goodyear (neumáticos), Habitat Ferrovial (inmobiliaria), Horne Depot, Distribucion, HSBC (bancos), IBM (servicios informáticos), Ineos (química), ING Group (bancos), Intercontinental Hotels, International Paper Corp., Japan Tobacco, JTB (turismo), KB Home (inmobiliarias), Lennar Corp. (inmobiliarias), Marriott Int. (hoteles), McDonald´s (restaurantes), Merck (farmacéutica), Metrovacesa (inmobiliarias), Michelin (neumáticos), Microsoft (servicios informáticos), Motorola (electrónico), Nestlé (água y alimentación), Northrop Grumman Corp., Novartis (farmacêutica), Omnicom (publicidad), Parquesol (inmobiliarias), Pfizer (farmacéutica), Price Waterhouse Coopers (consultoras), Publicis Groupe (publicidad), Pulte Homes (inmobiliarias), Realia (inmobiliarias), Renault (transporte), Reyal Urbis (inmobiliarias), Roche Holding (farmacéutica), Sacyr Vallehermoso (inmobiliarias), Samsung (electrónica), Santander (bancos), Saur-Bouygues (aguas), Shell (energía), Sodexo (restaurantes), Sony (electrónica), Suez-Lyonnaise des Eaux (aguas), Tesco (distribución), Thomas Cook (turismo), ThyssenKrupp (minas y metales), Time Warner (comunicación), Total (energía), Toyota Motor (transporte), TUI (turismo), United Utilities (aguas), United Health (salud), Viacom (medios de comunicación), Vivendi (medios de comunicación), Volkswagen (transporte), Wal-Mart Stores (distribución). Y muchos otros. Pero veámoslos algo más de cerca. Centrémonos en uno de ellos; en la primera inmobiliaria de España: Metrovacesa.
Una política activa de vivienda

Buscamos un estándar. Un número, una cifra que ponga en marcha, necesariamente, una política más decente de vivienda. Que impulse una actuación pública que nos permita a todos disponer de un rincón en el mundo. A todos una vivienda. Porque aunque en este trabajo apuntamos especialmente a quienes más necesitan esa intervención, pensamos que sólo planteando un cambio de orientación global podría atenderse a la enorme necesidad de vivienda que existe. Buscamos, pues, un estándar que promueva un enfoque distinto en la política residencial. Una cifra útil, un motor, un elemento multiplicador. Demasiadas pretensiones, desde luego.
Y Wacquant "condenados de la ciudad". El desastre de la participación en urbanismo.

La participación es necesaria, y se viene reclamando en el urbanismo desde que se inventó la disciplina. No conocemos un solo plan o una sola ley en que de una forma u otra no se reclame. Pero lo cierto es que los resultados no pueden ser más parcos. Entre las causas debe incluirse una concepción instrumental de los procesos participativos; por la que sólo se puede participar en lo accesorio, nunca en lo básico. ¿Qué diría la población malgache, si tuviese oportunidad, sobre la venta de medio Madagascar a Corea, que implica la transformación de cultivos y medios de vida?
(Una chuleta en la cajonera)

Intentamos definir una forma de hacer ciudad (o más modestamente, de hacer urbanismo) que tenga sentido. El motivo, el horizonte, ha de ser para nosotros el de los derechos humanos. Sin justificarlo: simplemente lo queremos así. Establecido el objetivo, repasamos entonces, en capítulos anteriores, uno a uno los diez derechos que afectan más directamente al urbanismo. Y no nos fue fácil hacer propuestas encaminadas a que tales derechos se cumplieran, al menos parcialmente (en cierto momento, de determinada manera), para algunos de esos “últimos ciudadanos” que habrán de ser el referente de nuestro urbanismo. No fue fácil, decimos, porque nuestro pensamiento se nutre habitualmente de una información muy dirigida hacia otros objetos, y está demasiado impregnado de una forma de razonar que se resiste a ver la parte menos brillante de la realidad. Mas finalmente formulamos un grupo de propuestas para esa minoría. ¿Minoría? No, no es minoría. Todo lo contrario.
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código original facilitado por
B2/Evolution
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