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05.02.08


La ventana
Permalink por Router @ 12:44:17 en Restos del naufragio -> Bitácora: Náufragos

Texto para incluir en la sección titulada "Exclusión social. Exigencias de integración”

“Escenas de La Habana”. Foto tomada prestada del blog unhomourbanus.net.

Por supuesto, la ventana practicable. Y abierta hacia la calle pública. No esos remedos de ventana impracticables, o que vierten a patio, por grande que sea. Porque nunca equivaldrá un gran patio de acceso restringido a una calle pública, donde cualquiera puede estar. El primero no forma parte de la red de espacios públicos urbanos, y la calle es la ciudad. Y nunca será ventana si no puede obedecer a los deseos cambiantes de apertura o cierre, integración o separación, iluminar u oscurecer, mostrarse o esconderse, interacción social o soledad buscada. ¿Cuál es el significado de la ventana?

[Mas:]

Leamos, para empezar, un breve fragmento de una novela: La frontera, de Pascal Quignard. “Ella estaba en la ventana. Sufría por las heridas de su vientre. Miraba el río Tajo de color plomizo. Hacía calor. En el estuario había reflejos de cobre antiguo, desgastado por el aire y el paso del tiempo. Miraba a los mendigos en los escalones, que mendigaban a Dios con la mirada. Un gentilhombre minúsculo, a lo lejos, sujetaba por las riendas a su caballo. Vio sus calzones azules. De lejos, el hombre se parecía a Grezette. Se preparó”. La ventana, un instrumento para modular la intimidad.

Busquemos una etimología: la de las ventanas con burka, las celosías del convento o del harén. Según Corominas esta palabra tiene el influjo de celare, “ocultar”. Celar, en Juan de Mena, es velar, vigilar, tener celos. El vocablo “celosía” ya aparece en 1526. Se usa para denominar al enrejado de madera que se pone en determinadas ventanas, logias y balcones para que las mujeres que están en el interior puedan ver sin ser vistas. Y se llama así “por la causa que determina su uso” (otra vez Corominas). Nacido de la arquitectura islámica de Egipto (con los mamelucos del siglo XIII), pasó a Al-Andalus, donde evolucionó. Está presente en los palacios, al lado de las puertas secretas de las antecámaras. Con su filtrado, entrega una dulce luminosidad al interior (efectos de claroscuro); y también tamiza el excesivo calor (de hecho, la palabra árabe que designa este elemento deriva de la raíz š.r.b., que significa beber, aludiendo a la costumbre de hacerlo al amparo de su sombra fresca, donde se colocaban cántaros).

El paralelismo con el burka no es anecdótico. Esta prenda se introdujo en Afganistán a principios del siglo XX, durante el mandato del rey Habibulla, quien se lo impuso a las mujeres de su harén, para evitar que su rostro pudiese ser visto por otros hombres. En la década de los 50 su uso se generalizó entre las clases acomodadas, y los talibanes lo hicieron obligatorio en los años 90. Por fresca que sea la luz y la sombra, si no puedes ser visto, si no existe la posibilidad de que te vean, no tienes rostro. Tampoco hay ventana.

Recordemos una película: La ventana indiscreta, de Alfred Hitchcock, 1954. Un fotógrafo profesional, L. B. Jeffries (James Stewart), accidentado y recluido en su apartamento, se entretiene observando (con sus cámaras y teleobjetivos) la vida de sus vecinos del patio de acceso. Participa de la vida exterior, e incluso de los sucesos de la casa de enfrente, que se pueden entrever a través de sus ventanas, no cerradas. Las ventanas, también para que otros puedan entrar en los pliegues de tu vida privada. Todas son indiscretas.

Veamos un cuadro conocido: Muchacha en la ventana, de Salvador Dalí, 1925. Un personaje, la hermana del pintor (Ana María), de espaldas al espectador, mira el mar de Cadaqués. Con la luz en la parte posterior de la muchacha, la composición y el contraste llevan al espectador hacia el paisaje. Atención ahora a esta fotografía de Ferdinando Scianna Sant’Elia (de Magnum Photo): Una finestra popular, que también se abre hacia el Mediterráneo, esta vez en las costas de Sicilia. El paisaje, el afuera, entra en la casa, y la vivienda se vuelca en el paisaje por mediación de la ventana.

Estudiemos un texto científico: Ropa, sudor y arquitecturas. En él su autor, Fernando Ramón Moliner, nos recuerda lo que ya deberíamos saber: que el interés de la ventana no se acaba en la posibilidad de ver y ser vistos. La ventana (que comenta con esta imagen) "es el dispositivo multifuncional que nos permite, sin traspasar los límites del cerramiento, aprovecharnos del conjunto de circunstancias, ecotérmicas y otras, relativamente apetecibles que, fuera de él, en un momento dado, se estén dando: dejando pasar, o no, más o menos, el viento y/o el sol, dejando salir el aire al mismo tiempo, por la misma o por otra ventana, pero también, dejando pasar, o no, más o menos, la luz, la visión, el sonido, o incluso, dejando pasar, o no, personas y bienes". Siete funciones (ventilación, soleamiento, aireación, iluminación, visión, sonido y acceso de personas y bienes) con las que se juega en el mismo dispositivo. Un invento de interés ecológico y social insustituible.

Recordemos, por último, una vieja polémica: en torno a la idea de la ventana horizontal (fenêtre-bandeau) de Le Corbusier. Con ocasión del Salón de Otoño de 1923, M. Perret es entrevistado el 16 de diciembre siguiente en Paris Journal: Allí carga contra Le Corbusier: “Su desatención a los principios funcionales es curiosa, pues se jacta precisamente de ser un arquitecto funcional. Una ventana está hecha para iluminar, para dar luz de día a un interior. Esa es su razón de ser, su primera cualidad. También debe servir como ornato de la fachada por sus formas variadas, pero esto es sólo un detalle, y sería absurdo, tomando la parte por el todo, considerar una ventana únicamente como motivo ornamental. Le Corbusier, para conseguir efectos de volumen, reúne sus ventanas en paquetes (...), y los alarga exageradamente, bien en vertical, bien en horizontal”.

La crítica le afecta vivamente a Le Corbusier, que no duda en contestarle en la misma publicación, poco después: "Por fin, hay un último y sangriento reproche de Perret: que mis ventanas no iluminan. Y tengo que saltar, porque la injusticia es demasiado chirriante. Me esfuerzo por crear interiores claros, ese es mi primer objetivo (...), introducir flujos de aire y luz en mis casas (...). Y viene a acusarme de construir cuchitriles malsanos cuando eso es justamente lo que más odio, lo que me esfuerzo en evitar. Toda mi arquitectura depende de las ventanas. Ventanas totalmente adaptadas a las nuevas condiciones del cemento armado y de la metalurgia, pero readaptadas también a las funciones humanas. Las ventanas son mi preocupación capital, la preocupación del técnico y del esteta”. Luz, aire y sol, y la transformación de la vista del horizonte. Una ventana extraña, singular, pero ventana, al fin. Pues los tipos posibles de ventanas vívidas son infinitos.

Un dispositivo imprescindible. Porque se trata de un elemento vital e insustituible de la vivienda. Siempre se manifiesta en ella la tensión entre el adentro y el afuera, la vida privada y la escena pública. Tanto, que es lícito decir que sin ventana no hay vivienda.

Nota sobre fuentes:

La novela de Pascal Quignard, La frontera, está editada en Madrid, Funambulista, 2005 (la cita es de la pág. 102). Se ha consultado el vol. 2 del Diccionario Crítico Etimológico Castellano e Hispánico, de J. Corominas y J. A. Pascual (Madrid, Gredos, 1984). La foto de la celosía de El Cairo procede de wikipedia, de donde también se ha obtenido la información del burka. El cuadro de Dalí se encuentra en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Y la fotografía de Scianna se ha tomado de www.telefonica.net/web2/eoialbacete2.

El estudio de Fernando Ramón, Ropa, sudor y arquitecturas, está publicado en Madrid, Blume, 1980 (la cita es de la pág. 113; la foto está en la pág. 117, y lleva este pie: "Escrito sobre esta misma mesa: `Natacha se ha acercado a la ventana desde fuera y la ha abierto aún más para que el aire entre libremente en mi cuarto. Puedo ver la franja de un verde intenso al pie del muro y el cielo de un azul puro encima de él y la luz por todas partes. La vida es hermosa. Que las generaciones futuras la limpien de toda maldad, opresión y violencia y disfruten de ella plenamente´ (León Trostky, 27-2-1940. Coyoacán)".

Para la historia de la ventana horizontal de Le Corbusier, se ha consultado el texto de Bruno Reichlin, “Pour ou contre la `fenêtre en bande", en www.athenaeum.ch/bande.htm . La imagen corresponde a la «Petite maison» (publicada por el propio Le Corbusier en su Almanach d’architecture moderne, Paris, 1926).

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