Un grupo de estándares jornaleros, en defensa de la ciudad

¿Por qué no dar nombres? Éstos son algunos: Acciona (inmobiliaria), Accor (hoteles), Ahold (distribución), Allianz AG (seguros), AMD (electrónica), Aramark (restaurantes), Arcelor (minas y metales), BASF AG (química), Bayer (química), BBVA (bancos), Bechtel (aguas), Blackwater (violencia), BP (energía), Bridgestone (neumáticos), Carlson (turismo), Carnaval (turismo), Carrefour (distribución), Celesio (salud), Centex Corp. (inmobiliarias), Chevron Texaco (energía), Citigroup Inc. (bancos), Coca Cola (bebidas), Colonial (inmobiliaria), Comcast Corp. (medios de comunicación), Countrywide (inmobiliarias), Daimer (transporte), Danone (aguas –y yogures, claro), Disney (ocio), DSM (publicidad), EADS (European Aeronautic Defence and Space Co), Electrolux (electrodomésticos), Electronic Data System Corp, Exxon Mobil (energía), Ford Motor (transporte), General Motors (transporte), Georgia Pacific (papel y madera), Glencore Int. (minas y metales), Goodyear (neumáticos), Habitat Ferrovial (inmobiliaria), Horne Depot, Distribucion, HSBC (bancos), IBM (servicios informáticos), Ineos (química), ING Group (bancos), Intercontinental Hotels, International Paper Corp., Japan Tobacco, JTB (turismo), KB Home (inmobiliarias), Lennar Corp. (inmobiliarias), Marriott Int. (hoteles), McDonald´s (restaurantes), Merck (farmacéutica), Metrovacesa (inmobiliarias), Michelin (neumáticos), Microsoft (servicios informáticos), Motorola (electrónico), Nestlé (água y alimentación), Northrop Grumman Corp., Novartis (farmacêutica), Omnicom (publicidad), Parquesol (inmobiliarias), Pfizer (farmacéutica), Price Waterhouse Coopers (consultoras), Publicis Groupe (publicidad), Pulte Homes (inmobiliarias), Realia (inmobiliarias), Renault (transporte), Reyal Urbis (inmobiliarias), Roche Holding (farmacéutica), Sacyr Vallehermoso (inmobiliarias), Samsung (electrónica), Santander (bancos), Saur-Bouygues (aguas), Shell (energía), Sodexo (restaurantes), Sony (electrónica), Suez-Lyonnaise des Eaux (aguas), Tesco (distribución), Thomas Cook (turismo), ThyssenKrupp (minas y metales), Time Warner (comunicación), Total (energía), Toyota Motor (transporte), TUI (turismo), United Utilities (aguas), United Health (salud), Viacom (medios de comunicación), Vivendi (medios de comunicación), Volkswagen (transporte), Wal-Mart Stores (distribución). Y muchos otros. Pero veámoslos algo más de cerca. Centrémonos en uno de ellos; en la primera inmobiliaria de España: Metrovacesa.
Desmontando Metrovacesa
Sigamos sin más su página web. Metrovacesa es una de las principales compañías inmobiliarias de Europa y la primera de España –se dice allí-, con un valor de activos próximo a los 11.000 millones de euros. Es un negocio basado, en principio, en la promoción de diversos tipos de edificios. Su “modelo de negocio” está “centrado en la búsqueda de la rentabilidad y la eficiencia para seguir generando el mayor valor añadido”. Rentabilidad, eficiencia, valor añadido: esos son sus objetivos. No hay otros. Rentabilidad, eficiencia, valor añadido. También leemos en esta misma web: “La misión de Metrovacesa es generar valor para los accionistas (…) y fomentar una cultura de respeto por el medioambiente y la integración de los colectivos más desfavorecidos de la sociedad” (cinismo sin fronteras).
Sus “áreas de actividad” (también llamadas “líneas de negocio”) son: viviendas, oficinas, aparcamientos, centros comerciales y hoteles. Las viviendas que edifica esta compañía son “de calidad”. Sólo actúa “en las ciudades de mayor demanda”. Actualmente desarrolla promociones en 14 ciudades españolas, aunque también tiene presencia en otras ciudades europeas. Las promociones residenciales integran espacios deportivos (campos de golf, en algunos casos) y de ocio. Respecto a las oficinas, “Metrovacesa cuenta con la segunda mayor cartera de oficinas de Europa”, formada “por inmuebles de calidad, modernos y emblemáticos”. Edificios modernos, de calidad, emblemáticos. Entre sus clientes “destacan empresas como Repsol YPF, Telefónica, Vodafone, Deutsche Bank y BBVA”. Su estilo queda patente en el siguiente párrafo: “Las oficinas y parques empresariales de Metrovacesa apuestan por mantener un equilibrio entre la funcionalidad, la sostenibilidad y la comodidad de espacios integrados en entornos agradables, bien comunicados y dotados de servicios”. Los complejos de oficinas adoptan con frecuencia la denominación de “parques empresariales”. Veamos lo que se dice en la web de uno de ellos (el primero de la lista), el Parque Alvento, en Madrid: “Urbanización cerrada con zonas de descanso, áreas ajardinadas, control centralizado y sistemas de seguridad”.
Seguimos. “La filial de aparcamientos de Metrovacesa, Metropark, es una de las compañías líderes del mercado. El Grupo cuenta con 13 aparcamientos en España, situados en Madrid, Valencia, Soria y Santa Cruz de Tenerife. En total, la Compañía tiene más de 4.000 plazas en gestión y arrendamiento”. Pasemos a los centros comerciales: “Metrovacesa es uno de los grupos líderes del sector de centros comerciales, con una cartera integrada por cinco centros comerciales en explotación y dos en proyecto, con más de 315.000 m2 de superficie bruta alquilable (SBA)”. Estos centros “son un referente en el mercado por el diseño, la funcionalidad, la calidad y la buena gestión de los activos, así como por la presencia de las principales firmas de moda, ocio y restauración en los establecimientos del grupo”. Una guinda: El proyectado Centro Comercial y de Ocio de Reus se dispone en torno a un “edificio singular con clara vocación de sostenibilidad medioambiental”. Clara vocación de sostenibilidad. Los hoteles, por último, son los de la cadena Husa. Y Metrovacesa también es propietaria de suelo, aunque no se aportan datos ni localizaciones en la citada página web.
La historia de Metrovacesa se explica en un vídeo accesible desde la misma web. Allí se dice: “Todo empezó en Madrid”. (Una aportación de este blog a la web de Metrovacesa: se oye decir a la voz endomingada que habla en el vídeo: “el mismo año en que nació Don Tierno Galván”. Pues bien: Tierno Galván no era un señor que se llamase Tierno y apellidase Galván. Se llamaba Enrique y se apellidaba Tierno. Fin de la aportación. De nada). El tono se lo puede suponer el lector. Muy comprometido: “Cuando en España cesa la guerra, Europa coge el relevo”. Y más adelante: “La humanidad se inunda de un sentimiento ecologista”. Así, espontáneamente, llegan las guerras y las ecologías, al igual que se suceden los anticiclones. Metrovacesa es el resultado de la integración, en 1978, de la Compañía Urbanizadora Metropolitana y la Inmobiliaria Vasco Central. Se fusionaron, según el vídeo, “por la necesidad de seguir creciendo”.
Como todas las grandes empresas, Metrovacesa está poseída por la necesidad de seguir creciendo. Y de ahí la necesidad de un ritmo de actuación también en aumento, la búsqueda de las economías de escala, los crecientes tamaños de actuación, la convergencia con otras áreas de actuación y finalmente la visión de la ciudad en su conjunto como negocio.
Proponiendo estándares
La explosión de actividad de las multinacionales y grandes empresas, como Metrovacesa, ha ido pareja a los cambios de estilo en el gobierno de los estados. Sus resultados, a la vista está, han sido arrasadores. Y para evitar que algo parecido vuelva a suceder proponemos la aplicación de algunos estándares. Es la manera más clara y eficaz y, tras su aprobación por los órganos correspondientes, también la más democrática. No hablamos de formar una nueva colección de múltiples indicadores, que prometen a la vez calidad, sostenibilidad, justicia. No. Planteamos unos estándares políticos. De política urbanística, desde luego. Pero dirigidos exclusivamente a extender los derechos. Unos estándares que tienen que ver con la defensa de una regulación objetiva, basada en la norma. Con lo cual nos enfrentamos a la dinámica dominante. Nos ponemos a favor del gobierno, y en contra de la gobernanza.
Hay una frase que resume con claridad la deriva hacia la gobernanza que parece generalizarse por todas partes (seguimos en este apartado a José Antonio Estévez: “Que no te den gobernanza por democracia”, en Mientras tanto, 108-109). “Solving problems” (“resolviendo problemas”, propio de la gobernanza) vs “claiming rights” (reclamando derechos, relacionado con el gobierno). Como sabemos, hace ya bastantes años que Europa ha apostado por la desregulación y la privatización. Una desregulación que no es tanto falta de regulación como nuevas maneras de regular, con una concepción distinta de la relación entre lo público y lo privado. Se desregula, por ejemplo, dando marcha atrás en algunas regulaciones a las que nos había acostumbrado el Estado en su versión de Estado de bienestar, de un Estado preocupado por los ciudadanos. Y se hace con tanta fuerza que se ha pretendido incluso constitucionalizar ese retroceso, prohibiendo al Estado restablecer aquellas reglas. Buena parte de la normativa comunitaria europea es muy expresiva en este sentido, con algunas perlas como la Directiva Bolkestein, dirigida a impedir la regulación de los servicios, por ejemplo.
Junto a la desregulación, se difunde el mito de la autorregulación. Se defiende que cada subsistema social se regule a sí mismo, sin interferencias del Estado, que se perciben como contraproducentes. La nueva regulación que sustituye a la antigua trae consigo privatizaciones, y una nueva forma de funcionamiento de los entes públicos, que pasan a utilizar métodos de gestión propios de la empresa privada, en perjuicio de las hasta entonces vigentes formas de funcionamiento. Frente a las normas se prefieren otras regulaciones fundadas en objetivos a alcanzar, requisitos de calidad a cumplir, etc. Que no por casualidad controlan las entidades privadas. Unas entidades privadas organizadas con dicho fin, que se pretenden profesionales, “autoridades independientes” (independientes del Estado, y con un alto grado de conocimiento experto: esto es, interesado en el tema). Finalmente, quien acomete esos controles acaban siendo agencias de los propios grupos de interés, de quienes tienen poder sobre los asuntos que se barajan. Es la explosión de las auditorías. De los comités de expertos. Por una suerte de encantamiento, son ahora unas entidades privadas quienes pasan a controlar las actuaciones de las autoridades públicas (ahí está la ISO 9000). Obviamente, es una forma de controlar a los políticos, de evitar que éstos, o la administración, se muestren sensibles a aquellos intereses de la ciudadanía (que vota) que puedan ser contradictorios con los suyos propios.
¿No recordamos los famosos informes de la Comisión Trilateral (como el de 1975 sobre la ingobernabilidad de las democracias) que recomendaban la contención de las reivindicaciones, de evitar una excesiva participación de ciudadanos y los grupos reivindicativos? En los nuevos comités de expertos, la participación civil se trae a colación como asunto de legitimación puramente retórica. Se consulta (sólo eso) a las asociaciones ciudadanas, pero nunca se las deja intervenir en las etapas resolutivas. Lo que se toma o no en consideración de los resultados de esa participación no depende del debate, sino de lo que deciden los expertos. En ese contexto, con los estándares que planteamos ahora se pretende recuperar la normativa. Frente a las valoraciones interesadas de los expertos, flexibles, adaptadas a cada situación, se quieren introducir elementos de racionalidad apoyados en un consenso social real, el propio de las democracias representativas.
Las normas las elabora un parlamento elegido. Y si hay errores, son los parlamentarios quienes se equivocan, y no los expertos. A pesar del riesgo de la rigidez que siempre se ha achacado a los estándares, a todas las normativas, hay que valorar su capacidad para introducir una racionalidad en el proceso basada precisamente en los derechos. Hablamos de derechos frente a intereses. Y las normas, o más concretamente los estándares, permiten incorporar una racionalidad que además ha demostrado ser útil. Pues el estándar ha resultado ser una técnica eficaz en los procesos de decisión propios del urbanismo. Conociéndolos se entiende la importancia de contar con referencias sencillas, más o menos objetivas, que puedan incorporarse a los proyectos. Para desmontar el descabellado poder de las grandes corporaciones, creciente, dañino, peligroso, que deshace la ciudad. Para frenar esa “necesidad de seguir creciendo”, que sólo a ellas interesa, pensamos que pueden ser útiles una serie de estándares bien definidos y bien temperados. Y por eso, parafraseando hoy a Girondo, hemos de decir: Gracias, estándares.

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