Detalles del post: Parcelas para un globo

05.07.11


Parcelas para un globo
Permalink por Poto @ 22:55:57 en Restos del naufragio -> Bitácora: Náufragos

Trizas.

(Imagen procedente de cabinetmagazine.org)

Quince. Una en Staten Island y las demás en Queens. La más peculiar no está documentada, es decir, que no disponemos de títulos, ni fotos. Pero sabemos dónde se encuentra. Se trata de un triángulo inaccesible, cercado por tres edificios, desde los que no es posible entrar. Puedes identificarlo desde el cielo, volando. La de Maspeth Lawn está en Cáceres, en el Centro Helga de Alvear.

[Mas:]

Todo empezó con los 1970s, cuando Alanna Heiss emprende la iniciativa del Centro de Arte Contemporáneo P.S.1, y busca en Nueva York localizaciones con aptitud para sostener eventos creativos. Se enteró de que el Ayuntamiento subastaba lotes sobrantes de fincas, que por sus condiciones geométricas y nulo interés de los colindantes se quedaban suspendidas sobre el parcelario. Escaras o astillas de territorio, anomalías de replanteo, realineaciones, o servidumbres de servicios.

Alanna llamó a Gordon Matta-Clark, que se mostró encantado de palpar el sueño americano siendo propietario de una constelación de pedacitos de Nueva York al módico precio de $25 a $75 el lote. Por fin podría trazar sobre el terreno un cosmos urbano en el que figurar mitos e ilusiones, tras haber intentado en vano sus unidades residenciales aerostáticas (antes o después debían fondear, y para eso siempre hace falta la tierra que acepte el ancla).

Más aun, cabría sede para construir toda clase de referencias a los flujos de presencia y exilio que gobiernan nuestra relación con el pasado. O reconsiderar suelo y vuelo, espacio y atmósfera. Dijo: “comprarlos representó mi parte en el extraño juego de contornos que heredamos de toda propiedad existente. El sentido de la propiedad es expansivo y su sensación viene determinada por el factor de uso”.

La mayor parte de sus nuevos dominios eran impracticables, al menos en un sentido convencional: solares que no alcanzaban el metro cuadrado de superficie, o cuyas proporciones se distorsionaban hasta el punto de corromper el plano (por ejemplo el lote 116, de 0’30x30 m., estirado a lo largo de un callejón de acceso a unos garajes cuyos usuarios tenían que invadir constantemente la propiedad de Matta-Clark para acceder a sus vehículos).

Durante los años siguientes, Matta-Clark fue recopilando cartografía, títulos, documentación administrativa. Tiró secuencias fotográficas formidables, dio forma a todos los relatos posibles, las fue constituyendo paulatinamente en la sede dispersa de su formulación “anarquitectónica” del espacio urbano. Tal fue el contenido de una caja que llamó “Fake Estates” (bienes impostores, por ejemplo): un trabajo que implicó trastornados equilibrios entre su afecto al urbanismo y el escepticismo en relación con el determinismo de todo oficio de proyección.

No tardaron en llegar los requerimientos de impuestos sobre las recién adquiridas propiedades. Gordon no podía pagarlos, así que confió la caja a un buen amigo (y la facultad de jugar a sentimiento con su contenido) siempre que se hiciera cargo de los impuestos. Éste falleció a finales de 1977, con lo que la caja regresó a Matta-Clark, que muere algunos meses después. De un tránsito al otro quedaron los impuestos sin abonar, y los 15 lotes definitivamente embargados.

La caja, por fortuna, resultó inalienable. Podemos asistir a su radiación, su desconsolada recriminación de sistemas y burocracia, instituciones y derechos cuya existencia se afirma por su constante iteración pero no por su respeto. La denuncia de nuestra sumisión a lo que es esencialmente aburrido. La manifestación de lo que nos cuesta ser terrenales y sobrevivir a semejante anhelo. La necesaria obstinación contra la pertinaz intromisión del capital (y su política) en la cultura.

Inedificables porque no cabemos: no resulta nada que se pueda vender, y no habrá norma que acoja esos lotes, no existen. El detalle, lo pequeño, carece de importancia si no llegamos a ser insignificantes. Si no hay uso podemos llegar a serlo. Entonces la ciudad, agotada, será lo sobrante.

Atracar un globo es vuelo.

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